UN BRI­TÁ­NI­CO EN EL CO­RA­ZÓN GER­MANO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - John Crayn

An­dan las co­sas un tan­to re­vuel­tas en los des­pa­chos del Deuts­che Bank. El ma­yor ban­co ale­mán, sím­bo­lo del po­der fi­nan­cie­ro ger­mano, se tam­ba­lea. Lle­va me­ses en la cuer­da flo­ja. No ga­na pa­ra sus­tos. En­vuel­to en ca­si todos los gran­des es­cán­da­los que han sa­cu­di­do la ban­ca du­ran­te los úl­ti­mos tiem­pos (des­de la ma­ni­pu­la­ción de los ti­pos de in­te­rés has­ta la co­mer­cia­li­za­ción de pro­duc­tos opa­cos, pa­san­do por el la­va­do de di­ne­ro) ha te­ni­do que pa­gar mul­tas mil mi­llo­na­rias en el Reino Uni­do y en Es­ta­dos Uni­dos. Esas san­cio­nes, y las que to­da­vía pen­den so­bre la ca­be­za del que en su día fue el rey del sec­tor —la ma­yor en­ti­dad fi­nan­cie­ra del mundo—, le han he­cho un se­ñor ro­to a sus cuen­tas. El gi­gan­te ger­mano ce­rró el 2015 con unas pér­di­das de 6.700 mi­llo­nes de eu­ros, las ma­yo­res de su his­to­ria. Y en los úl­ti­mos cua­tro años se ha de­ja­do en li­ti­gios 12.700 mi­llo­nes. Se di­ce pron­to. No es de ex­tra­ñar que las du­das so­bre su sol­ven­cia ha­yan so­bre­vo­la­do es­tos días las me­sas de ope­ra­cio­nes.

Ni que de­cir tie­ne, pues, que atra­vie­sa una de las fa­ses más com­pli­ca­das de su exis­ten­cia. Y eso es mu­cho de­cir por­que, con 150 años de his­to­ria a sus es­pal­das, ha con­se­gui­do sa­lir vi­vo de la de­rro­ta ger­ma­na en dos gue­rras mun­dia­les y so­bre­vi­vir a es­ta úl­ti­ma e in­ter­mi­na­ble cri­sis sin ayu­das pú­bli­cas. No todos pue­den de­cir lo mis­mo.

Pe­ro pin­tan bas­tos. Por su va­lor en Bol­sa (unos 22.000 mi­llo­nes de eu­ros), es­tá muy le­jos —le­jí­si­mos— de su am­bi­ción de co­lar­se otra vez en la lis­ta de los pri­me­ros ban­cos del mundo. Y en Ale­ma­nia, oh sor­pre­sa, han ele­gi­do a un bri­tá­ni­co pa­ra sa­car a su em­ble­ma del ato­lla­de­ro. Se lla­ma John Crayn (Ha­rro­ga­te, 1960). Se hi­zo con los man­dos del ban­co en ju­lio pa­sa­do, cuan­do los dos con­se­je­ros de­le­ga­dos si­mul­tá­neos que te­nía la en­ti­dad, Jür­gen Fits­chen y Ans­hu Jain tu­vie­ron que aban­do­nar el bar­co por su pé­si­ma ges­tión (Fits­chen se irá de­fi­ni­ti­va­men­te en en ma­yo).

Pue­de que Crayn adi­vi­na­ra las di­fi­cul­ta­des en las que na­ve­ga­ba el ban­co cuan­do co­gió el ti­món. Pe­ro, se­gu­ro que no se ima­gi­na­ba que po­cos me­ses des­pués, ha­ce ape­nas unos días, ten­dría que sa­lir a la pa­les­tra pa­ra ex­pli­car lo que an­tes era ob­vio: que el Deuts­che pue­de pa­gar sus deu­das.

Hom­bre de Cam­brid­ge, Crayn tie­ne una gran ex­pe­rien­cia en el sec­tor fi­nan­cie­ro. Cur­ti­do en mil ba­ta­llas en la City lon­di­nen­se, an­tes de lle­gar al Deuts­che lle­va­ba las rien­das fi­nan­cie­ras del sui­zo UBS. Fal­ta le va a ha­cer to­da esa ex­pe­rien­cia pa­ra de­vol­ver­le el or­gu­llo al hoy tem­blo­ro­so Deuts­che Bank.

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