DE AZO­TE DE MA­RIANO RUBIO A REI­NA MA­DRE

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Juan Pe­dro Hernández Mol­to EX­PRE­SI­DEN­TE DE CA­JA CAS­TI­LLA-LA MAN­CHA (CCM)

Juan Pe­dro Hernández Mol­tó (Ali­can­te 1952), ex­pre­si­den­te de Ca­ja Cas­ti­lla- La Man­cha, es de esas per­so­nas lla­ma­das a des­ta­car. Pa­ra bien o pa­ra mal. De los que apun­tan le­jos des­de bien chi­qui­tos.

Eco­no­mis­ta y pro­fe­sor de Es­truc­tu­ra Eco­nó­mi­ca, fue uno de los prin­ci­pa­les ar­tí­fi­ces de la au­to­no­mía de Cas­ti­lla-La Man­cha. Ocu­pó la se­cre­ta­ría ge­ne­ral del PSOE en la re­gión du­ran­te ca­si diez años. Y tar­dó bien po­co en dar el sal­to a la po­lí­ti­ca na­cio­nal. Fue diputado en el Con­gre­so por To­le­do du­ran­te diez años. Una fra­se lo cu­brió de fa­ma. Su «Mí­re­me a la ca­ra», di­ri­gi­do a Ma­riano Rubio — por aquel en­ton­ces (abril de 1994), ya ex­go­ber­na­dor del Ban­co de Es­pa­ña—, atra­pa­do en las fau­ces del es­cán­da­lo de Iber­corp, pa­sa­rá a la his­to­ria de aque­llos con­vul­sos años en los que los ca­sos de corrupción co­pa­ban por­ta­das y po­bla­ban los te­le­dia­rios, aco­rra­lan­do a los so­cia­lis­tas.

En aque­lla oca­sión, Hernández Mol­tó, por­ta­voz del PSOE en la Co­mi­sión de Economía, apa­re­ció an­te los ojos de los es­pa­ño­les como el po­lí­ti­co ho­nes­to que se en­fren­ta al trai­dor pa­ra des­en­mas­ca­rar­lo, mos­tran­do al mundo la in­fa­mia de la que, por su­pues­to, na­da sa­bían en el Go­bierno. Aque­lla ac­tua­ción fue su me­jor tram­po­lín.

Y eso que por el ca­mino hu­bo al­gún que otro tro­pie­zo, como la pér­di­da de la elec­cio­nes a la al­cal­día de su ama- do To­le­do a ma­nos de los po­pu­la­res.

Cin­co años más tar­de de su ca­ra a ca­ra con Rubio, y po­cos días des­pués del fa­lle­ci­mien­to del ex­go­ber­na­dor, Hernández Mol­tó se ha­cía con la pre­si­den­cia del Ca­ja Cas­ti­lla-La Man­cha (CCM). Co­rría el 23 de oc­tu­bre de 1999. Como otros mu­chos, an­tes y des­pués que él, de­jó la po­lí­ti­ca por el es­tre­lla­to fi­nan­cie­ro.

Con él al fren­te, la en­ti­dad se en­tre­gó, como ca­si to­das las ca­jas, al de­sen­freno in­mo­bi­lia­rio. Una or­gía que aca­bó como el ro­sa­rio de la au­ro­ra. Y el 29 de mar­zo del 2009, CCM se con­ver­tía en la pri­me­ra en­ti­dad fi­nan­cie­ra in­ter­ve­ni­da por el Ban­co de Es­pa­ña des­de la caí­da de Ba­nes­to, en di­ciem­bre de 1993. Su res­ca­te le cos­tó a los es­pa­ño­les la frio­le­ra de 9.000 mi­llo­nes.

Es­ta semana, aquel po­lí­ti­co que blan­día su ho­nes­ti­dad an­te un des­en­ca­ja­do Ma­riano Rubio, ha si­do con­de­na­do a dos años de cár­cel. Y eso que, se­gún di­jo en el jui­cio, su pa­pel en la en­ti­dad era el de una es­pe­cie de «ani­ma­dor so­cio­cul­tu­ral de la ca­ja» con fun­cio­nes si­mi­la­res a las de una «rei­na ma­dre». La Au­dien­cia Na­cio­nal con­si­de­ra pro­ba­do que Hernández Mol­tó y el ex­di­rec­tor ge­ne­ral de la en­ti­dad Il­de­fon­so Or­te­ga co­me­tie­ron un de­li­to so­cie­ta­rio de fal­se­dad con­ta­ble. Es­to es, que en­ga­ña­ron a sa­bien­das a todos con las cuen­tas de CCM. Anun­cia­ban be­ne­fi­cios cuan­do en reali­dad lo que es­con­dían los ba­lan­ces eran unas «per­di­das ga­lo­pan­tes». Se li­bran, eso sí, de la acu­sa­ción de lle­var­la a la quie­bra. Y no pi­sa­rán la pri­sión.

Quién le iba a de­cir a Hernández Mol­tó que al­gún día el des­en­mas­ca­ra­do se­ría él. Y a ma­nos de un su­ce­sor de Rubio, el ya tam­bién ex­go­ber­na­dor Miguel Ángel Fer­nán­dez Or­dó­ñez.

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