Pre­cio del pe­tró­leo, una cues­tión de Es­ta­do

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - VENANCIO SAL­CI­NES

To­do si­gue igual. Ara­bia Sau­dí y Ru­sia, los dos prin­ci­pa­les ex­por­ta­do­res del mundo, acor­da­ron ha­ce unos días con­ge­lar su pro­duc­ción a ni­ve­les de enero. Es­ta me­di­da de­be­ría ha­ber pro­du­ci­do un cam­bio de ten­den­cia del pre­cio del ba­rril, y en un pri­mer mo­men­to así fue, los fu­tu­ros del brent se po­si­cio­na­ron en los 34,65 dó­la­res, un 4,96 % más y el pre­cio del pe­tró­leo in­ter­me­dio de Te­xas se in­cre­men­tó en un 6,21 %, al­can­zan­do los 31,48 dó­la­res el ba­rril. Pe­ro es­ta es­ca­la­da de pre­cios ha mos­tra­do la mis­ma so­li­dez que un azu­ca­ri­llo ver­ti­do en una ca­fé. Vea­mos por qué.

En pri­mer lu­gar, Riad y Mos­cú acor­da­ron con­ge­lar su pro­duc­ción, cier­to, pe­ro en su ni­vel más ele­va­do y es­to su­po­ne un exceso de ofer­ta mun­dial de un mi­llón de ba­rri­les. Mu­chos pre­su­mían que es­ta so­bre­pro­duc­ción se­ría com­pen­sa­da por el cie­rre de las plataformas de es­qui­to o, como de­ci­mos en Es­pa­ña, po­zos de

frac­king. Pe­ro si nos ate­ne­mos a los da- tos que pro­por­cio­na la Agen­cia In­ter­na­cio­nal de Ener­gía, a los pre­cios ac­tua­les, Es­ta­dos Uni­dos so­lo re­du­ci­rá su pro­duc­ción, por cie­rre de po­zos, en ocho­cien­tos mil ba­rri­les, de los cua­les seis­cien­tos mil se­rían es­te año y dos­cien­tos mil el que vie­ne. No pa­re­cen mu­chos ¿ ver­dad? Cier­to. Y es que Es­ta­dos Uni­dos lle­va ya más de cin­co tri­mes­tres ce­rran­do plataformas, a razón de cer­ca de trein­ta a la semana. Cuan­do el ba­rril se si­tua­ba por en­ci­ma de los cien dó­la­res, es­ta­ban ope­ra­ti­vas cer­ca de mil qui­nien­tas, hoy po­co más de cua­tro­cien­tas. Es de­cir, los ajus­tes de pro­duc­ción no com­pen­sa­rán el ex­ce­den­te del mi­llón de ba­rri­les dia­rios. Por tan­to, lo úni­co es­pe­ra­ble son au­men­tos en las re­ser­vas na­cio­na­les, y de he­cho, los in­ven­ta­rios es­ta­dou­ni­den­ses ya se han in­cre­men­ta­do en dos mi­llo­nes de ba­rri­les, su­peran­do los 504 mi­llo­nes.

Aho­ra bien, ¿ de­be­mos va­lo­rar es­ta si­tua­ción como es­ta­ble? En ab­so­lu­to. Es cier­to que un pre­cio de trein­ta y cin­co dó­la­res de­ja el mer­ca­do en ma­nos de las gran­des po­ten­cias ex­por­ta­do­ras, pe­ro es igual­men­te cier­to que a nin­gu­na de ellas su si­tua­ción pre­su­pues­ta­ria le per­mi­te vi­vir có­mo­da­men­te. Ni si­quie­ra Ara­bia Sau­dí pue­de per­mi­tír­se­lo. La de­ci­sión de co­lo­car el pre­cio del ba­rril por de­ba­jo de los cua­ren­ta dó­la­res es una me­di­da de ca­rác­ter po­lí­ti­co mi­li­tar y no una de­ci­sión ca­pri­cho­sa. No ol­vi­de­mos que las mo­nar­quías del Gol­fo es­tán for­ta­le­cien­do su alianza mi­li­tar, de ahí que Ara­bia Sau­dí ha­ya en­car­ga­do a Es­pa­ña la cons­truc­ción de cin­co cor­be­tas de úl- ti­ma ge­ne­ra­ción. To­da la es­tra­te­gia mi­li­tar, como es fá­cil de­du­cir, se vuel­ca so­bre el Es­tre­cho de Or­muz, el mis­mo es­tre­cho que era cru­za­do en el pa­sa­do, un día sí y otro tam­bién, por los por­ta­vio­nes de EE. UU.

Estamos, por tan­to, en una si­tua­ción en la que, si desea­mos pre­de­cir el fu­tu­ro de los pre­cios de­be­mos fi­jar­nos más en la me­sa de ne­go­cia­ción de Si­ria que en las va­ria­bles ma­cro­eco­nó­mi­cas. Aunque el ta­ble­ro geo­es­tra­té­gi­co es­tá mos­tran­do una pér­di­da de po­der de Was­hing­ton en fa­vor de Mos­cú, lo que no sa­be­mos es si en el nue­vo es­ce­na­rio Pu­tin desea­rá se­guir ca­mi­nan­do de la mano de los chii­tas ira­níes o ju­ga­rá el pa­pel de ár­bi­tro re­gio­nal. Si eli­ge es­ta úl­ti­ma op­ción se de­be­rían pro­du­cir dos ele­men­tos cla­ve, una tre­gua de­fi­ni­ti­va en Si­ria y la re­ti­ra­da del apo­yo de Tehe­rán a los re­bel­des ye­me­nís. Y de he­cho, es ha­cia la fron­te­ra sur del Gol­fo so­bre don­de de­be­ría­mos mar­car nues­tra mi­ra­da, ya que po­si­ble­men­te sea es­te y no otro, el con­flic­to bé­li­co ca­paz de cam­biar la es­tra­te­gia mi­li­tar sau­dí y por tan­to al­te­rar su po­si­ción en la OPEP.

Al­gu­nos, en Es­pa­ña, pen­sa­rán « ¿ y qué ga­na­mos no­so­tros con un re­torno a ni­ve­les de los cin­cuen­ta dó­la­res? » . La res­pues­ta es muy sen­ci­lla, sua­vi­zar con­si­de­ra­ble­men­te el en­fria­mien­to de la economía mun­dial, ya que sin las eco­no­mías emer­gen­tes, ni Es­pa­ña ni Eu­ro­pa tie­nen fu­tu­ro.

EFE

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