TO­DAS LAS ES­PE­RAN­ZAS PUES­TAS EN DRAG­HI

EL PRE­SI­DEN­TE DEL BCE SE VERÁ OBLI­GA­DO A ADOP­TAR NUE­VAS ME­DI­DAS CON LAS QUE ATA­JAR LA AME­NA­ZA DE DE­FLA­CIÓN QUE PLA­NEA SO­BRE LOS PRE­CIOS. EN­TRE ELLAS: RE­COR­TAR LOS TI­POS DE IN­TE­RÉS, COM­PRAR MÁS DEU­DA Y AD­QUI­RIR AC­CIO­NES DE EM­PRE­SAS

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Cris­ti­na Porteiro

Ma­rio Drag­hi que­ma sus úl­ti­mos car­tu­chos pa­ra evi­tar la «ja­po­ni­za­ción» de la eu­ro­zo­na Los mer­ca­dos es­pe­ran que el ita­liano anun­cie una nue­va ba­ja­da de los ti­pos de in­te­rés y más com­pras de deu­da En­trar en pre­cios ne­ga­ti­vos pue­de di­fi­cul­tar to­da­vía más la sa­li­da de la cri­sis a los paí­ses más en­deu­da­dos Ale­ma­nia se re­sis­te, como le pi­den, a es­ti­mu­lar la de­man­da a tra­vés de una ma­yor in­ver­sión pú­bli­ca

La eu­ro­zo­na lle­va tres años co­que­tean­do con la de­fla­ción, mo­vién­do­se en te­rreno res­ba­la­di­zo de ba­ja in­fla­ción, cer­ca­na al 0%. Las se­ña­les de aler­ta obli­ga­ron al BCE a to­mar me­di­das en el 2014. Su pre­si­den­te, Ma­rio Drag­hi, se apre­su­ró a ba­jar los ti­pos de in­te­rés y po­ner en mar­cha la ma­qui­na­ria mo­ne­ta­ria pa­ra inun­dar el mer­ca­do de cré­di­to. Ca­si tres años des­pués, la in­cer­ti­dum­bre eco­nó­mi­ca y la enor­me vo­la­ti­ti­li­dad en los mer­ca­dos han con­ver­ti­do en reali­dad la pe­sa­di­lla. El con­jun­to de la zo­na eu­ro ce­rró el mes de fe­bre­ro con una caí­da de los pre­cios del 0,2 %. La de­pre­sión de los pre­cios de la ener­gía y ma­te­rias pri­mas ha si­do el de­to­nan­te, pe­ro los malos sín­to­mas se ex­tien­den tam­bién a los bie­nes in­dus­tria­les y ser­vi­cios. Aunque to­da­vía no se ha cru­za­do el pe­li­gro­so puen­te que lle­va a la de­fla­ción, el eu­ro­sis­te­ma ca­lien­ta mo­to­res pa­ra que el es­tan­ca­mien­to de pre­cios no se pro­lon­gue por más tiem­po. Frank­furt te­me una «ja­po­ni­za­ción» de la economía ba­sa­da en una es­pi­ral de­fla­cio­na­ria. Dé­ca­das de ba­ja o nu­la in­fla­ción, sa­la­rios es­tan­ca­dos y una economía anémi­ca y sin rum­bo fi­jo. En­trar en la sen­da de pre­cios ne­ga­ti­vos pue­de di­fi­cul­tar to­da­vía más la sa­li­da de la cri­sis a los paí­ses más en­deu­da­dos, como Es­pa­ña (100,7 % PIB) o Ita­lia (132,8 % PIB). El ita­liano se que­da sin mu­ni­ción y los or­ga­nis­mos in­ter­na­cio­na­les y ex­per­tos de­man­dan a la zo­na eu­ro una po­lí­ti­ca eco­nó­mi­ca más ex­pan­si­va. Drag­hi no pue­de se­guir re­man­do en so­li­ta­rio.

¿POR QUÉ SE EN­FRÍAN LOS PRE­CIOS?

En pri­mer lu­gar por los ries­gos que ace­chan a la economía glo­bal, es­pe­cial­men­te por el ho­ri­zon­te os­cu­ro que se cier­ne so­bre los paí­ses emer­gen­tes como Bra­sil, que ex­pe­ri­men­ta­rá una con­trac­ción ma­yor de la pre­vis­ta de has­ta el 4 % de PIB. El te­mor a un ate­rri­za­je de emer­gen­cia de la economía Chi­na y el es­tre­pi­to­so des­cen­so del pre­cio de la ener­gía han ti­ra­do pa­ra aba­jo de la in­fla­ción, que en la zo­na eu­ro na­ve­ga­ba en aguas tur­bias. Se­gún las úl­ti­mas es­ta­dís­ti­cas de Eu­ros­tat, la ener­gía en­ca­be­za la caí­da con un 8 %. El mes de enero tam­po­co fue mu­cho me­jor. El re­cor­te de pre­cios fue de un 5,4 %.

Los ali­men­tos, el al­cohol y el tabaco re­gis­tra­ron en fe­bre­ro un al­za del 0,7 % fren­te al 1 % del mes an­te­rior. La in­fla­ción sub­ya­cen­te se en­cuen­tra en mí­ni­mos de ha­ce 10 me­ses. So­lo ha po­di­do des­pun­tar un 0,7 %. Los bie­nes in­dus­tria­les no reac­cio­nan. Se en­cuen­tran va­ra­dos en una in­fla­ción del 0,3 % ( 0.7% en enero). Los ser­vi­cios aguan­tan el ti­po con un al­za del 1 %, por de­ba­jo, no obs­tan­te, del 1,2 % del mes an­te­rior.

Pe­ro no to­das las cau­sas son ex­ter­nas. Las po­lí­ti­cas eco­nó­mi­cas de la zo­na eu­ro, de de­pre­cia­ción de sa­la­rios y ba­ja in­ver­sión han pro­pi­cia­do es­te es­ce­na­rio. Es­pa­ña, por ejem­plo, siem­pre ha si­do un país tra­di­cio­nal­men­te in­fla­cio­na­rio. En los años pre­vios a la cri­sis, el al­za con­ti­nua­da de los sa­la­rios y el al­to pre­cio de la ener­gía, de la que Es­pa­ña siem­pre ha de­pen­di­do, em­pu­ja­ba los pre­cios ha­cia arri­ba, acom­pa­ña­dos por una de­man­da in­ter­na fuer­te. Des­de el 2007 al 2011, la in­fla­ción se si­tuó en el 2,4 %. La cri­sis, el re­cor­te del gas­to pú­bli­co, la ba­ja­da de sa­la­rios, la co­lo­sal ci­fra de des­em­pleo y la co­yun­tu­ra ex­te­rior trun­ca­ron esa ci­fra en el 2013, cuan­do los pre­cios subie­ron un 1,5 % pa­ra caer a te­rreno ne­ga­ti­vo (-0,2 %) en el 2014 y pro­fun­di­zar la caí­da en el 2015 (-0,6 %).

Fin­lan­dia (- 0,2 %) y Po­lo­nia (-0,7 %) tam­bién ce­rra­ron el año pa­sa­do con la in­fla­ción en números ro­jos. Otros se sal­va­ron por los pe­los, pe­ro si­guen en­fan­ga­dos. Ale­ma­nia (0,1 %), Fran­cia (0,1 %), Ita­lia (0,1 %), Ho­lan­da (0,2 %), Di­na­mar­ca (0,2 %), Ir­lan­da (0 %).

¿QUÉ PUE­DE HA­CER DRAG­HI?

«No po­de­mos es­pe­rar confiados que la in­fla­ción al­can­ce los ob­je­ti­vos del BCE sin me­di­das adi­cio­na­les, in­clu­so en un pa­nor­ma ge­ne­ro­so a me­dio pla­zo. Tam­po­co Drag­hi pa­re­ce es­pe­rar que la in­fla­ción al­can­ce el ob­je­ti­vo, por eso in­si­nuó nue­vas me­di­das es­te mes», ex­pli­ca Gun­tram Wolff, del think tank Brue­gel. Los mer­ca­dos dan por des­con­ta­do que el ita­liano se sa­ca­rá otro co­ne­jo de la chis­te­ra, pe­ro es­tá por ver si en es­ta oca­sión se­rá su­fi­cien­te, si ha­brá lle­ga­do a tiem­po pa­ra des­viar el rum­bo de la eu­ro­zo­na y evi­tar que se es­tre­lle con­tra las ro­cas. Se aca­ba­ron los gol­pes de efec­to. Se aca­bó la ma­gia. El BCE no pue­de tras­pa­sar la lí­nea ro­ja de la po­lí­ti­ca mo­ne­ta­ria. Su fun­ción se li­mi­ta a ga­ran­ti­zar la es­ta­bi­li­dad de los pre­cios. Pa­ra ello, la in­fla­ción de­be ron­dar el en­torno del 2 %. Y es­tas son las tres me­di­das que ba­ra­ja Frank­furt.

1 Re­cor­te de los ti­pos de in

te­rés. Drag­hi pue­de vol­ver a pe­na­li­zar a los ban­cos por no mo­ver el di­ne­ro. El cré­di­to no lle­ga a las fa­mi­lias y las em­pre­sas. Se atas­ca en el un pun­to in­ter­me­dio del re­co­rri­do. Pa­ra des­blo­quear el flu­jo, el BCE pue­de vol­ver a re­cor­tar los ti­pos de in­te­rés so­bre los de­pó­si­tos del -0,30 % ac­tual a otro mí­ni­mo his­tó­ri­co del en­torno del -0,40 % o -0,50 %. Los ban­cos cen­tra­les de Ja­pón, Sui­za, Sue­cia y Di­na­mar­ca si­guen la mis­ma di­rec­ción. El cas­ti­go pue­de ser es­ca­lo­na­do, re­cor­tan­do más los ti­pos pa­ra los que man­ten­gan in­mo­vi­li­za­dos gran­des de­pó­si­tos. La me­di­da pre­ten­de im­pul­sar la in­ver­sión, que tra­que­tea por la fal­ta de es­tí­mu­los pú­bli­co y pri­va­dos.

2 Ex­pan­dir com­pra ma­si­va de

deu­da. Drag­hi pue­de im­pri­mir más po­ten­cia al pro­gra­ma de com­pra ma­si­va de bo­nos de los ban­cos cen­tra­les has­ta los 70.000 o 90.000 mi­llo­nes de eu­ros al mes. De es­ta for­ma, las le­tras del te­so­ro se con­ver­ti­rán en un re­duc­to de tran­qui­li­dad me­nos atrac­ti­vo pa­ra los ban­cos por su ba­jo ren­di­mien­to y les pre­sio­na­rá pa­ra que in­yec­ten el di­ne­ro en la economía. Des­de el 2009 el di­ne­ro en cir­cu­la­ción en Es­pa­ña no ha he­cho más que dis­mi­nuir.

Tam­bién pue­de ex­ten­der el ca­len­da­rio del pro­gra­ma más allá de mar­zo del 2017, fe­cha fi­ja­da, en vis­ta de las pers­pec­ti­vas ba­jis­tas pa­ra la in­fla­ción.

3 Com­pra de ac­cio­nes em­pre

sa­ria­les. Una mo­da­li­dad al­ter­na­ti­va a la com­pra ma­si­va de deu­da es la de in­yec­tar el di­ne­ro di­rec­ta­men­te a la economía ad­qui­rien­do ac­cio­nes cor­po­ra­ti­vas. La me­di­da se­ría una ma­nio­bra de­ses­pe­ra­da que no pa­re­ce que Drag­hi es­té dis­pues­to a su­mir, al me­nos por el mo­men­to, has­ta que arre­cie la tor­men­ta. Las vo­ces crí­ti­cas sue­nan con fuer­za, es­pe­cial­men­te las del Bun­des­bank. Su pre­si­den­te, Jens Weid­mann, se opo­ne con fe­ro­ci­dad y po­ne en cues­tión la ex­ten­sión del pro­gra­ma de com­pra de deu­da a pe­sar de re­co­no­cer que la in­fla­ción «su­birá más tar­de de lo pre­vis­to». ¿SON NE­CE­SA­RIAS ME­DI­DAS ADI­CIO­NA­LES? Sí. «La po­lí­ti­ca mo­ne­ta­ria eu­ro­pea al­zan­za­rá pron­to sus lí­mi­tes», ad­ver­tía es­ta semana el ana­lis­ta de mer­ca­dos de JP Mor­gan, Vin­cent Juvyns, en el FT. Drag­hi, el FMI, la OCDE...Todos de­man­dan una ac­tua­ción «ur­gen­te» y «co­lec­ti­va». Se han can­sa­do de aler­tar a los lí­de­res europeos de que la po­lí­ti­ca mo­ne­ta­ria por sí so­la no po­drá co­rre­gir el rum­bo de la eu­ro­zo­na y pi­den a los Go­bier­nos que abra­cen una po­lí­ti­ca eco­nó­mi­ca ba­sa­da en ma­yo­res es­tí­mu­los fis­ca­les y re­for­mas más pro­fun­das del mer­ca­do la­bo­ral y de pro­duc­tos pa­ra evi­tar el es­tan­ca­mien­to tras más de ocho años de au­to­fla­ge­la­ción pre­su­pues­ta­ria. La su­ge­ren­cia sue­na he­ré­ti­ca a oí­dos de los hal­co­nes de la aus­te­ri­dad. Pa­ra paí­ses como Ale­ma­nia —aban­de­ra­da de la con­so­li­da­ción fis­cal—, la in­ver­sión pú­bli­ca ro­za el pe­ca­do. A pe­sar de las lla­ma­das de aten­ción de Bru­se­las pa­ra abrir la mano a la expansión fis­cal, Ber­lín se re­sis­te.

¿Qué pa­sa con Es­pa­ña?, ¿Ita­lia?, ¿Fran­cia? Si a Ale­ma­nia se le exi­ge es­ti­mu­lar la de­man­da a tra­vés de la in­ver­sión pú­bli­ca, a los paí­ses con des­equi­li­brios en sus mer­ca­dos se les exi­ge re­to­mar el rit­mo de las re­for­mas, ol­vi­da­das en los ca­jo­nes de Go­bier­nos en fun­cio­nes, como el es­pa­ñol, o Eje­cu­ti­vos re­bel­des, como el ita­liano.

G N.S. JUA

| KAI PFAFFENBACH

Todos los agen­tes eco­nó­mi­cos es­pe­ran las de­ci­sio­nes que el jue­ves pró­xi­mo adop­te el pre­si­den­te del BCE

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