UN PRÍN­CI­PE HE­RE­DE­RO EN EL BAN­QUI­LLO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Moha­med Bin Sal­man

So­plan vien­tos de cam­bio en los pa­la­cios de Riad. Sobre todo en lo eco­nó­mi­co. Y esos nue­vos ai­res tie­nen nom­bre y ape­lli­do. Los es­tá in­su­flan­do Moha­med bin Sal­man (Ye­da, 1985), mi­nis­tro de De­fen­sa —el más jo­ven del mun­do— y to­do­po­de­ro­so res­pon­sa­ble de la economía del país. Es el hi­jo pre­di­lec­to del rey Sal­man bin Ab­du­la­ziz. Y se­gun­do en la lí­nea de su­ce­sión, por de­trás de su pri­mo, el prín­ci­pe he­re­de­ro, Moha­med bin Na­yef, al que le ha ro­ba­do todo el pro­ta­go­nis­mo. Tan­to es así , que en Arabia Saudí su­su­rran —lo de ha­blar al­to y cla­ro es allí co­sa de va­lien­tes— al­gu­nas vo­ces que pue­de que el mo­nar­ca, ya oc­to­ge­na­rio, aca­be ab­di­can­do en fa­vor de su hi­jo y de­je en la es­ta­ca­da a Bin Na­yef que, todo hay que de­cir­lo, no tie­ne des­cen­den­cia mas­cu­li­na. Ya lo ha he­cho an­tes. El año pa­sa­do des­po­jó a su her­ma­nas­tro del tí­tu­lo de prín­ci­pe he­re­de­ro pa­ra brin­dár­se­lo a Bin Na­yef. Co­sas ve­re­des...

Bin Sal­man, MBS, co­mo se le co­no­ce en círcu­los di­plo­má­ti­cos pa­ra dis­tin­guir­lo en­tre tan­tos nom­bres y tan pa­re­ci­dos, ha lle­va­do la voz can­tan­te en la es­tra­te­gia en torno a Ye­men y en las re­for­mas di­se­ña­das pa­ra re­con­du­cir el gi­gan­tes­co dé­fi­cit pú­bli­co (del 15 % del PIB) aho­ra que las va­cas fla­cas pas­tan a sus an­chas en los cam­pos pe­tro­lí­fe­ros. Y es a él a quien el rey le ha en­car­ga­do la ta­rea de pre­pa­rar al país pa­ra el fin de la era del cru­do por las nu­bes. To­ca re­du­cir la de­pen­den­cia —«adic­ción», la lla­mó es­ta mis­ma se­ma­na el prín­ci­pe he­re­de­ro en el ban­qui­llo— del oro ne­gro y di­ver­si­fi­car la economía.

Pa­ra ello han di­se­ña­do un am­bi­cio­so plan que se apo­ya en dos pi­la­res: in­ver­sión e in­cre­men­to de las ex­por­ta­cio­nes no pe­tro­le­ras de aquí al 2030. Ese pro­yec­to in­clu­ye la ven­ta de has­ta un 5 % del gi­gan­te Aram­co —la ma­yor pro­duc­to­ra de pe­tró­leo, con mu­cho, del mun­do—, va­lo­ra­do en 1,78 bi­llo­nes de eu­ros —tres ve­ces el va­lor de mer­ca­do de Ap­ple— y ele­var el ca­pi­tal del fon­do so­be­rano saudí has­ta los dos bi­llo­nes de dó­la­res (1,78 bi­llo­nes de eu­ros. El ob­je­ti­vo: que los ré­di­tos de las in­ver­sio­nes de ese fon­do sus­ti­tu­yan al pe­tró­leo co­mo fuen­te de in­gre­sos. Tan pron­to co­mo en el 2020. «Lo ne­ce­si­ta­mos [el cru­do], lo ne­ce­si­ta­mos, pe­ro creo que en el 2020 po­dre­mos vi­vir sin él», di­jo el lu­nes Bin Sal­man cuan­do se pre­sen­tó el plan.

Es­tá cla­ro que MBS pisa fuer­te. Tan­to que, des­de la lle­ga­da al trono de su pa­dre, en enero del año pa­sa­do, po­dría de­cir­se que se ha con­ver­ti­do en el hom­bre más fuer­te del reino. Pe­ro, no le fal­tan crí­ti­cos al hi­jo pre­di­lec­to. In­clu­so, y sobre todo, den­tro de la pro­pia fa­mi­lia real, al­gu­nos de cu­yos miem­bros no aca­ban de ver con bue­nos ojos todo el po­der que acu­mu­la el jo­ven. Y a la vis­ta de su ful­gu­ran­te as­cen­so, hay quien ya mur­mu­ra aque­llo de que «más du­ra se­rá la caí­da». Sea co­mo fue­re, lle­va años pre­pa­rán­do­se pa­ra su­bir a lo más al­to. Des­de que se li­cen­ció en De­re­cho por la Uni­ver­si­dad King Saud y, sobre todo, des­de que a fi­na­les del 2009, su pa­dre, en­ton­ces go­ber­na­dor de Riad, lo nom­bra­ra «con­se­je­ro es­pe­cial».

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

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