«Las em­pre­sas aquí son más rí­gi­das»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - EMPRESAS - Vic­to­ria To­ro

Mar­cos Roel na­ció en Nue­va York ha­ce 37 años, pe­ro di­ce que es ga­lle­go. «Soy las dos co­sas, ame­ri­cano y ga­lle­go». Es­te hi­jo de emi­gra­dos, de Cam­bre y de Pon­te­ve­dra, tie­ne una pro­fun­da re­la­ción con su tie­rra de ori­gen: «Des­de siem­pre he vuel­to du­ran­te los ve­ra­nos y una bue­na par­te de mi vi­da es­tá li­ga­da a la Ca­sa Ga­li­cia de Nue­va York».

Tan li­ga­da es­tá su vi­da al cen­tro ga­lle­go de la ciu­dad de los ras­ca­cie­los que ha­ce tres años, Mar­cos Roel se con­vir­tió en el pre­si­den­te más jo­ven, y el pri­me­ro na­ci­do fue­ra de Ga­li­cia, de la aso­cia­ción. Pe­ro ade­más de la re­la­ción per­so­nal con su tie­rra, Mar­cos Roel tam­bién man­tie­ne una re­la­ción pro­fe­sio­nal con Ga­li­cia a tra­vés de su em­pre­sa. Sus dos mun­dos es­tán per­fec­ta­men­te en­tre­la­za­dos.

—¿Có­mo en­tra us­ted en la em­pre­sa Petrabax?

—Sí, se lla­ma Petrabax. Es un tou­ro­pe­ra­dor que se fun­dó en los años se­ten­ta. La se­de es­ta­ba en Ma­drid; em­pe­za­ron a abrir fran­qui­cias por to­da Su­da­mé­ri­ca y en 1984 lo hi­cie­ron en Es­ta­dos Uni­dos, con­cre­ta­men­te en Nue­va York, des­pués Los An­ge­les y lue­go Mia­mi. Pe­ro a prin­ci­pios del si­glo, la em­pre­sa de­jo de exis­tir en Es­pa­ña. Mi tío se hi­zo con la ofi­ci­na de Los An­ge­les y des­pués yo con la de Nue­va York.

—¿Su fa­mi­lia se de­di­ca­ba ya al ne­go­cio del tu­ris­mo?

—Yo, no. Yo es­tu­dié Fi­nan­zas en la Uni­ver­si­dad de Nue­va York y cuan­do aca­bé la ca­rre­ra em­pe­cé a tra­ba­jar en el ban­co de in­ver­sio­nes Mor­gan Stan­ley. Es­tu­ve allí tres años, pe­ro des­pués me to­mé uno sa­bá­ti­co. Me fui a Los An­ge­les a apren­der el ne­go­cio con mi tío, es­tu­ve on­ce me­ses, re­gre­sé y abrí la ofi­ci­na de Nue­va York. Mi tío sí, él em­pe­zó a tra­ba­jar en Via­jes Mar­sans en Nue­va York con 17 años. Co­men­zó re­par­tien­do el co­rreo, pe­ro con 22 le man­da­ron a Los An­ge­les pa­ra ha­cer­se car­go de la ofi­ci­na de Mar­sans allí.

—Di­ce que a los 26 años se to­mó uno sa­bá­ti­co…

—A mi­tad del se­gun­do año en Mor­gan Stan­ley ya sa­bía que aun­que siem­pre me ha­bía atrai­do el mun­do de las fi­nan­zas, no era pa­ra mí y lo de­jé en ju­lio del 2003. Me fui a Ga­li­cia dos me­ses. Re­gre­sé y em­pe­cé a via­jar. Pe­ro en­ton­ces me lla­mó mi tío, me di­jo, «mi­ra yo quie­ro que mi em­pre­sa crez­ca, quie­ro abrir una ofi­ci­na en Nue­va York y podemos ha­cer al­go jun­tos».

—Cuan­do di­ce que se hi­zo car­go de la em­pre­sa en Nue­va York, ¿la com­pró?

—Lo que ha­bía ocu­rri­do es que la ofi­ci­na ha­bía te­ni­do otro due­ño que la ce­rró. Yo creé una em­pre­sa con ese mis­mo nom­bre y abrí de nue­vo la de­le­ga­ción de Petrabax en Nue­va York. Aho­ra te­ne­mos dos ofi­ci­nas, Petrabax East (es­te) y West (oes­te) mi tío lle­va el West en Los An­ge­les y yo el East en Nue­va York.

—¿Cuán­to di­ne­ro in­vir­tió?

—No mu­cho. So­lo te­nía que com­prar mue­bles pa­ra la ofi­ci­na y or­de­na­do­res. Usé mi pro­pio di­ne­ro y pe­dí un prés­ta­mo pe­que­ño.

—¿Con cuán­tos em­plea­dos em­pe­zó?

—Éra­mos dos, una em­plea­da que ya ha­bía tra­ba­ja­do un par de años en la an­ti­gua ofi­ci­na de Petrabax y yo. Aho­ra so­mos cua­tro en la ofi­ci­na, más otros dos que vi­si­tan agencias de via­jes, son co­mer­cia­les. Es de­cir, seis.

—¿Y a qué se de­di­ca su em­pre­sa?

—Pa­ra el mer­ca­do ame­ri­cano de ha­bla in­gle­sa nos de­di­ca­mos a Es­pa­ña, Por­tu­gal y Ma­rrue­cos. So­mos el re­pre­sen­tan­te ofi­cial de los Pa­ra­do­res de Es­pa­ña, de Ren­fe y de Po­sa­das de Por­tu­gal. Ven­de­mos el Ca­mino de San­tia­go y via­jes en tre­nes de lu­jo. Ha­ce­mos cir­cui­tos por los tres paí­ses o por uno de ellos pa­ra gru­pos y tam­bién re­ser­vas in­di­vi­dua­les: via­jes, ho­te­les, al­qui­ler de co­ches, vi­si­tas a las ciu­da­des. Tam­bién ha­ce­mos gru­pos es­pe­cia­les, co­mo gru­pos de igle­sia, de vino .... Y des­pués, pa­ra el mer­ca­do ame­ri­cano de ha­bla his­pa­na te­ne­mos tours por to­da Eu­ro­pa, el nor­te de Áfri­ca y el me­dio y le­jano Orien­te, todo en es­pa­ñol. Por ejem­plo, pa­ra unos se­ño­res que son do­mi­ni­ca­nos, que vi­ven en New Jer­sey y que quie­ren via­jar a Ja­pón, te­ne­mos cir­cui­tos por Ja­pón en es­pa­ñol.

—¿Tie­nen más clien­tes de es­pa­ñol o de in­glés?

—Mi­tad y mi­tad. Por eso ca­da per­so­na en mi ofi­ci­na tie­ne que ser bi­lin­güe.

—¿Quié­nes son sus clien­tes?

—Ven­de­mos pa­ra las agencias de via­jes. En un 80 % nues­tros clien­tes son agen­tes de via­jes y el 20 % res­tan­tes son par­ti­cu­la­res, gen­te que, por ejem­plo, ha­ce re­ser­vas a tra­vés de nues­tra pá­gi­na web.

—¿Có­mo han si­do es­tos diez años al fren­te del ne­go­cio, con la cri­sis?

—Has­ta el 2007, muy bue­nos, te­nía mu­cho vo­lu­men. La economía es­ta­ba bien, el cam­bio de dó­lar a eu­ro tam­bién, co­mo a 1,20 o 1,25. Des­pués lle­gó la cri­sis y ba­ja­ron mu­cho las ven­tas por­que lo pri­me­ro que ha­ce la gen­te cuan­do quie­re aho­rrar es de­jar de via­jar. Y des­de el 2008 al 2010 el cam­bio de dó­lar al eu­ro no ayu­dó, por­que el eu­ro es­ta­ba muy fuer­te, lle­gó a 1,59. Ha­bía gen­te que sí te­nía di­ne­ro, pe­ro no que­ría de­di­car tan­to so­lo pa­ra via­jar a Eu­ro­pa y bus­ca­ban va­ca­cio­nes en paí­ses en los que po­dían pa­gar en dó­la­res, por ejem­plo el Ca­ri­be o Su­da­mé­ri­ca. Pe­ro los úl­ti­mos tres años sí he­mos no­ta­do que el vo­lu­men ha cre­ci­do y lo que nos ayu­dó el año pa­sa­do y es­te es el cam­bio, hoy, un eu­ro va­le 1,14, dó­la­res y eso es bueno.

—¿Cuán­to es­tá fac­tu­ran­do su em­pre­sa en es­te mo­men­to?

—En­tre las dos ofi­ci­nas, la de Los An­ge­les y la de Nue­va York, por en­ci­ma de los diez mi­llo­nes de dó­la­res al año.

—Us­ted man­tie­ne una fuer­te re­la­ción per­so­nal con Ga­li­cia a pe­sar de ha­ber na­ci­do en Es­ta­dos Uni­dos y tam­bién man­tie­ne una es­tre­cha re­la­ción pro­fe­sio­nal…

—Sí. En el oto­ño del 2014 lle­ga­mos a un acuer­do con Tur­ga­li­cia pa­ra ha­cer al­gu­nas pro­mo­cio­nes de nues­tros pro­duc­tos en Ga­li­cia que son vi­si­tas pri­va­das por la co­mu­ni­dad, el Ca­mino de San­tia­go y los Pa­ra­do­res en Ga­li­cia. La pro­mo­ción era bas­tan­te sim­ple. Es­tu­vi­mos ha­cién­do­la du­ran­te todo el 2015 y nos han subido bas­tan­te las ven­tas de via­jes pa­ra Ga­li­cia, no so­lo el Ca­mino de San­tia­go. Y jus­to es­ta ma­ña­na es­ta­ba ha­blan­do con la ofi­ci­na de tu­ris­mo por­que to­dos los años or­ga­ni­za­mos un via­je de pro­mo­ción pa­ra agen­tes de via­jes. Lle­va­mos cin­co o seis días a un gru­po pe­que­ño de agen­tes es­ta­dou­ni­den­ses y les en­se­ña­mos par­tes de Es­pa­ña que qui­zá no co­no­cen pa­ra que pue­dan ven­der esos lu­ga­res a sus clien­tes ame­ri­ca­nos. Ca­da año ele­gi­mos una zo­na di­fe­ren­te y es­te año han ele­gi­do o Ga­li­cia so­la o Ga­li­cia co­mo par­te de Es­pa­ña ver­de.

—Tra­ba­ja a la vez con com­pa­ñías es­ta­dou­ni­den­ses y es­pa­ño­las, ¿es di­fe­ren­te la for­ma de tra­ba­jar aquí y allí?

—To­das las em­pre­sas con las que tra­ba­ja­mos en Eu­ro­pa son es­pa­ño­las y sí hay una gran di­fe­ren­cia en­tre las com­pa­ñías es­pa­ño­las y las ame­ri­ca­nas. Es­tas son más es­tric­tas, más du­ras, no son fle­xi­bles. Es un po­co difícil ne­go­ciar con ellas. Las fir­mas es­pa­ño­les son más tran­qui­las, más re­la­ja­das, te ayu­dan un po­co más, son más per­so­na­les y siem­pre es­tán dis­pues­tos a ha­cer lo que sea pa­ra que sal­ga lo que es­tás in­ten­tan­do re­sol­ver. En Es­ta­dos Uni­dos son más rí­gi­das, más frías, más de «es­tas son las nor­mas y no podemos va­riar». Con los es­pa­ño­les, por lo me­nos, pue­des tra­tar de «ha­ber si me pue­des ayu­dar», ne­go­ciar y ha­blar con ellos.

—¿Con cuá­les pre­fie­re tra­tar?

—(Ri­sas…) En ca­da país, con las em­pre­sas de ahí. Por ejem­plo, aquí tú ha­ces tus reunio­nes en las ofi­ci­nas, te sien­tas, ne­go­cias y fir­mas un con­tra­to. En Es­pa­ña qui­zá ha­ces to­dos tus ne­go­cios du­ran­te una co­mi­da o una ce­na. Es un po­co más tran­qui­lo, más per­so­nal, más so­cial.

Mar­cos Roel es­tá muy im­pli­ca­do con la ac­ti­vi­dad de la Ca­sa de Ga­li­cia

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