EL «STAND-BY» SE LLE­VA EL 10,7 % DEL COSUMO ANUAL EN UNA CA­SA

El mo­do es­pe­ra de los apa­ra­tos elec­tró­ni­cos su­po­ne un 10,7 % del con­su­mo que rea­li­zan los elec­tro­do­més­ti­cos de ca­sa a lo largo del año Es­te gas­to fan­tas­ma as­cien­de a los 140 eu­ros

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - Sa­ra Ca­bre­ro

El «router», el ví­deo y la im­pre­so­ra son los tres apa­ra­tos que más gas­tan con el pi­lo­to rojo en­cen­di­do

El stand-by, el gas­to fan­tas­ma, el vam­pi­ro de la elec­tri­ci­dad… Re­ci­be un sin­fín de nom­bres, pe­ro to­dos se tra­du­cen en lo mis­mo: pa­gar ca­da mes en la fac­tu­ra un im­por­tan­te di­ne­ro por un con­su­mo de elec­tri­ci­dad al que no le sa­ca­mos ab­so­lu­ta­men­te nin­gún par­ti­do. Se­gún los da­tos de la Agen­cia In­ter­na­cio­nal de la Ener­gía, cer­ca de 14.000 mi­llo­nes de dis­po­si­ti­vos elec­tró­ni­cos —re­par­ti­dos por to­do el mun­do— des­per­di­cia­ron más de 59.000 mi­llo­nes de eu­ros de es­ta for­ma. Una ener­gía com­ple­ta­men­te des­pil­fa­rra­da de la que po­co o nin­gún pro­ve­cho se sa­ca. Y el cul­pa­ble de to­do es­te de­rro­che no es otro que el ma­ni­do bo­tón rojo del stand-by, esa fun­ción que de­ja a los apa­ra­tos de los ho­ga­res en una es­pe­cie de lim­bo en­tre el apa­ga­do y el en­cen­di­do y que, en con­tra de lo que mu­chos pien­san, nos sa­le por un pi­co ca­da mes.

Y ya hay quien ha sa­ca­do la cal­cu­la­do­ra y le ha pues­to ci­fras a es­te mal­gas­te de ener­gía. Man­te­ner la te­le­vi­sión, el or­de­na­dor, el mi­cro­on­das y el des­per­ta­dor en es­ta inú­til fun­ción nos cues­ta unos 140 eu­ros ca­da año.

Los da­tos del Ins­ti­tu­to pa­ra la Di­ver­si­fi­ca­ción y Aho­rro de la Ener­gía (IDAE) tam­po­co de­jan lu­gar pa­ra la du­da so­bre el mal que es­te la­drón de ener­gía pro­vo­ca en nues­tros bol­si­llos. Los ex­per­tos de es­te or­ga­nis­mo cal­cu­lan que el stand-by su­po­ne el 10,7 % del con­su­mo de elec­tro­do­més­ti­cos. Tra­du­ci­do sue­na in­clu­so peor. Y es que de ca­da diez eu­ros que pa­ga­mos en las fac­tu­ras eléc­tri­cas, uno se lo lle­va el gas­to fan­tas­ma. El ins­ti­tu­to va un pa­so más allá. Los da­tos que ma­ne­jan pue­den ayu­dar a con­cien­ciar aún más de la ne­ce­si­dad de re­gu­lar es­ta fun­ción de los apa­ra­tos. Por­que se­gún sus cálcu­los, el mo­do es­pe­ra con­su­me prác­ti­ca­men­te lo mis­mo que una la­va­do­ra en pleno tra­ba­jo (11,8 %) o que la te­le­vi­sión (12,2 %).

LOS MÁS PE­LI­GRO­SOS

El pi­lo­to rojo que inunda los apa­ra­tos elec­tró­ni­cos de to­dos los ho­ga­res in­cre­men­ta la fac­tu­ra. Pe­ro no to­dos ellos lo ha­cen de la mis­ma ma­ne­ra. No es lo mis­mo de­jar en stand-by un te­le­vi­sor que un mi­cro­on­das o una ca­de­na de mú­si­ca. La Or­ga­ni­za­ción de Con­su­mi­do­res y Usua­rios le ha pues­to nú­me­ro a ca­da uno de los ar­te­fac­tos más ha­bi­tua­les en las ca­sas a tra­vés de una he­rra­mien­ta en la que, ade­más, se pue­de sa­ber la can­ti­dad de CO2 que es­ta­mos emi­tien­do por el sim­ple he­cho de de­jar en­cen­di­da una apa­ren­te­men­te inocen­te luz ro­ja.

El router, la im­pre­so­ra y el ví­deo son los tres dis­po­si­ti­vos más ca­ros y pe­li­gro­sos de los ho­ga­res. Con una po­ten­cia en stand-by de 8 va­tios, lo que se tra­du­ce en un con­su­mo anual de 70 ki­lo­va­tios ho­ra, es­tos tres ob­je­tos en mo­do es­pe­ra y sin que les es­te­mos sa­can­do nin­gún pro­ve­cho nos cues­tan al año 11,91 eu­ros ca­da uno. Tam­po­co es dis­cre­to el gas­to fan­tas­ma de un te­le­vi­sor LCD de 37 pul­ga­das, que con el pi­lo­to rojo en­cen­di­do gas­ta 18 ki­lo­va­tios al año y 2,98 eu­ros en la fac­tu­ra.

Los or­de­na­do­res tam­bién me­re­cen una aten­ción más cui­da­da. Uno de me­sa gas­ta una po­ten­cia en stand-by de 5 va­tios, o lo que es lo mis­mo 44 ki­lo­va­tios al año y 7,45 eu­ros que se lle­va la dis­tri­bui­do­ra. Un por­tá­til ma­ne­ja unas ci­fras se­me­jan­tes, 35 ki­lo­va­tios y 5,96 eu­ros anua­les.

Y las ci­fras que sa­len en la cal­cu­la­do­ra tras ana­li­zar los elec­tro­do­més­ti­cos más ha­bi­tua­les tam­bién son­ro­jan a los más aho­rra­do­res. El mi­cro­on­das y la ca­fe­te­ra le pe­gan una cu­rio­sa mor­di­da a los pre­su­pues­tos de la fa­mi­lia. El pri­me­ro su­po­ne un con­su­mo de 35 ki­lo­va­tios y ca­si seis eu­ros al año, mien­tras que la má­qui­na de ca­fé se que­da con 44 ki­lo­va­tios y 7,45 eu­ros.

EN BUS­CA DE LA SO­LU­CIÓN

Es­tos gas­tos son si­gi­lo­sos. No se no­tan. Pe­ro cuan­do se jun­tan to­dos en un pa­pel, dan cuen­ta de su pe­li­gro­si­dad. No so­lo pa­ra el bol­si­llo, sino tam­bién pa­ra el me­dioam­bien­te.

Cons­cien­te de ello, quien ha­ce ya diez años le de­cla­ró la gue­rra a es­te sis­te­ma fue Bru­se­las. La Co­mi­sión Eu­ro­pea in­clu­yó el stand-by en su li­bro rojo. En él ins­ta­ba a con­tro­lar de for­ma es­tric­ta un pro­ble­ma que re­per­cu­te se­ria­men­te en la eco­no­mía y el en­torno. Una dé­ca­da des­pués, to­dos los pro­pó­si­tos son pa­pel mo­ja­do. Sin em­bar­go, los ho­ga­res pue­den ayu­dar a em­pe­zar el cam­bio. Eli­mi­nar es­te preo­cu­pan­te con­su­mo no es tan com­pli­ca­do. La so­lu­ción más sen­ci­lla —y pro­ba­ble­men­te la más en­go­rro­sa— pa­sa por des­en­chu­far to­dos los apa­ra­tos ca­da vez que de­jen de ser uti­li­za­dos.

Pa­ra los más pe­re­zo­sos, exis­ten en el mer­ca­do to­da cla­se de ar­ti­lu­gios des­co­nec­to­res de es­ta fun­ción por un pre­cio al al­can­ce de cual­quie­ra.

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