BIEN­VE­NI­DO MÍS­TER LI

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Li Jin­yuan PRE­SI­DEN­TE DEL GRU­PO TIENS

El año pa­sa­do se gas­tó ca­si 33 mi­llo­nes de eu­ros pa­ra que la mi­tad de sus em­plea­dos (6.500) se pa­sea­ran por los Cam­pos Elí­seos; y es­te año ha in­ver­ti­do unos 20 en que ha­gan lo pro­pio por la Cas­te­lla­na.

Vie­ne de un país en el que las em­pre­sas no se pro­di­gan en el mi­mo al tra­ba­ja­dor. Pe­ro él es de los que pien­sa que un em­plea­do fe­liz es mu­cho más pro­duc­ti­vo. No es otro que Li Jin­yuan (Cangz­hou, Chi­na, 1958), el hom­bre que ha traí­do a Es­pa­ña a esos 2.500 chi­nos que es­tos días han co­pa­do tiem­po y es­pa­cio en los me­dios de co­mu­ni­ca­ción pa­trios. Son sus me­jo­res ven­de­do­res. Tra­ba­jan en el Gru­po Tiens, la em­pre­sa es­pe­cia­li­za­da en tra­ta­mien­tos pa­ra la sa­lud crea­da por Li en 1995 y con la que ha con­se­gui­do ama­sar una for­tu­na. Tan­to que su nom­bre fi­gu­ra en la lis­ta de los 30 más ri­cos de Chi­na. Que es mu­cha Chi­na. La lis­ta Hu­run, co­pia chi­na de la de For­bes, cal­cu­la que tie­ne más de 5.000 mi­llo­nes de eu­ros.

Vein­te años des­pués de echar a an­dar, Tiens es hoy un au­tén­ti­co con­glo­me­ra­do em­pre­sa­rial con in­tere­ses en sec­to­res tan va­rio­pin­tos co­mo las fi­nan­zas, el tu­ris­mo, la bio­tec­no­lo­gía o la dis­tri­bu­ción. Pre­sen­te en unos 190 paí­ses y con más de 8.000 em­plea­dos, in­te­gra­dos en su ma­yo­ría en una com­pli­ca­da red de ven­tas. De es­ti­lo pi­ra­midal.

Aho­ra Li be­be las mie­les del triun­fo. Y no es la pri­me­ra vez que dis­fru­ta del éxi­to. Pe­ro, en­tre una y otra, pa­só por el in­fierno. Cuen­tan las cró­ni­cas que a pun­to es­tu­vo de qui­tar­se la vi­da. Fue en 1994, en el la­go Swan, en la ciu­dad de Tian­jin. Te­nía 36 años y ni un so­lo yuan en el ban­co. Na­da que­da­ba de la for­tu­na que ha­bía lo­gra­do acu­mu­lar en los ochen­ta ven­dien­do pro­duc­tos por to­do el país. Apro­ve­chan­do las di­fe­ren­cias de pre­cios en­tre el nor­te y el sur. La per­dió en su afán por ha­cer­la más gran­de, in­vir­tién­do­la en un pro­yec­to pa­ra pro­du­cir cal­cio. Pe­ro, se lo pen­só me­jor. Sa­lió del agua y de­ci­dió pro­bar suer­te una vez más. Acu­dió a uno de los nu­tri­cio­nis­tas más fa­mo­sos de Chi­na en bus­ca de ayu­da. Con­si­guió que le pres­ta­ran los yua­nes ne­ce­sa­rios y le dio for­ma a otra de sus ideas: fa­bri­car su­ple­men­tos nu­tri­ti­vos en pol­vo a par­tir del cal­cio. Le fue bien. A la vis­ta es­tá.

Esos al­ti­ba­jos em­pre­sa­ria­les son la ba­se del mu­seo que el mul­ti­mi­llo­na­rio, to­do un ejem­plo del hom­bre he­cho a sí mis­mo, se ha cons­trui­do en la se­de de su em­po­rio em­pre­sa­rial en Tian­jin. Su re­si­den­cia par­ti­cu­lar, edi­fi­ca­da den­tro del mis­mo com­ple­jo, es una ré­pli­ca de la Ciu­dad Prohi­bi­da de Pe­kín. O por lo me­nos lo pre­ten­de. Pe­ro, an­tes de to­do eso, co­no­ció la ver­da­de­ra po­bre­za. Du­ran­te su in­fan­cia y los pri­me­ros años de su ado­les­cen­cia en una hu­mil­de al­dea de la pro­vin­cia de He­bei. Tan­to que de­jó la es­cue­la sien­do ape­nas un ado­les­cen­te. Y a los 16 ya es­ta­ba arri­man­do el hom­bro con los gas­tos de la fa­mi­lia. «En esos años se pa­sa­ba ham­bre. En mi al­dea no ha­bía agua po­ta­ble, ni ca­rre­te­ras...», re­cuer­da. Qui­zá por eso, por­que sa­be lo que es pa­sar­las ca­nu­tas, es uno de los po­cos fi­lán­tro­pos con los que cuen­ta chi­na. «He te­ni­do la suer­te de crear y po­seer una gran for­tu­na. Pe­ro ya no me per­te­ne­ce, por­que vie­ne de la so­cie­dad y a ella de­be vol­ver», sue­le de­cir cuan­do le pre­gun­tan por sus do­na­cio­nes. Has­ta ha cons­ti­tui­do una fun­da­ción pa­ra ca­na­li­zar las ayu­das. Tam­po­co es­ca­ti­ma en pro­mo­cio­nar sus ges­tos de ca­ri­dad. To­do hay que de­cir­lo.

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

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