El ne­go­cio más apa­sio­nan­te del mun­do

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - Ol­ga Suá­rez

NO­VE­DAD

Si es­te li­bro con­si­gue te­ner tan­tos lec­to­res co­mo afi­cio­na­dos si­guen ca­da fin de se­ma­na los par­ti­dos de la li­ga de fút­bol, el éxi­to es­tá ase­gu­ra­do. Pe­ro lo que no es­tá tan cla­ro es que lo que cuen­ta el tex­to de Jo­sé Ma­ría Gay de Lié­ba­na va­ya a gus­tar a la afi­ción del de­por­te rey. Ba­jo la teo­ría de que «el fút­bol es el re­fle­jo de la eco­no­mía de un país» em­pie­za es­te re­la­to que des­gra­na to­do lo que se ocul­ta de­trás del de­por­te más im­por­tan­te del Vie­jo Con­ti­nen­te. Así, ex­pli­ca de for­ma ac­ce­si­ble los fun­da­men­tos de las fi­nan­zas de un ne­go­cio sin fron­te­ras, en el que se mez­clan los in­tere­ses de las te­le­vi­sio­nes y las gran­des in­ver­sio­nes pu­bli­ci­ta­rias con la pa­sión por unos co­lo­res, por unos equi­pos y por on­ce ju­ga­do­res de­trás de un ba­lón.

Gay de Lié­ba­na, eco­no­mis­ta apa­sio­na­do del fút­bol, se­gui­dor del Es­pan­yol, cuen­ta que su li­bro es so­lo una par­te de un am­plio es­tu­dio so­bre la eco­no­mía del fút­bol que lle­va desa­rro­llan­do des­de los años se­ten­ta. De ello tam­bién ha­bla ha­bi­tual­men­te a sus alum­nos, en la Uni­ver­si­dad de Bar­ce­lo­na, «es un te­ma atrac­ti­vo que lla­ma su aten­ción» en las ha­bi­tual­men­te ar­duas lec­cio­nes eco­nó­mi­cas.

Y ex­pli­ca có­mo, a lo largo de los años, y pro­vo­ca­do por la te­le­vi­sión, el fút­bol se ha ido que­dan­do sin ese «ro­man­ti­cis­mo» que le ca­rac­te­ri­zó ha­ce cua­ren­ta años. Y la cau­sa fue el di­ne­ro. Co­mo ejem­plo, las fuen­tes de in­gre­so de los equi­pos: más del 80 % de los in­gre­sos del Ba­rça a fi­na­les de los se­ten­ta ve­nía de la apor­ta­ción de so­cios y la ven­ta de en­tra­das. Hoy en día, es­tas fuen­tes so­lo apor­tan ape­nas el 13 %.

Le lla­ma la aten­ción al au­tor có­mo los afi­cio­na­dos pue­den cam­biar a lo largo de su vi­da de ami­gos, de tra­ba­jo, de pa­re­ja... Pe­ro nun­ca cam­bia­rán de equi­po. Y re­co­no­ce que él mis­mo se trans­for­ma cuan­do si­gue un par­ti­do de su equi­po. Pier­de la rea­li­dad. «Hay que con­ju­gar el co­ra­zón apa­sio­na­do y la men­te fría». Tan­to ellos, co­mo el res­to de la so­cie­dad —aque­llos que lle­gan a abo­rre­cer es­ta fie­bre por el ba­lón—, se han pre­gun­ta­do al­gu­na vez por qué es­te de­por­te y no otro sus­ci­ta tan­to in­te­rés eco­nó­mi­co.

El li­bro se de­tie­ne tam­bién en los otros pro­ta­go­nis­tas de es­ta bur­bu­ja: los pre­si­den­tes de los clu­bes y su pa­pel en el mun­do eco­nó­mi­co del país; có­mo lle­gó un mo­men­to en el que hom­bres de ne­go­cios, es­pe­cial­men­te cons­truc­to­res, en­tra­ron en la di­rec­ción de los equi­pos. «Los afi­cio­na­dos ca­da vez exi­gi­mos más un es­ta­tus más ele­va­do pa­ra quien lle­gue a pre­si­dir el club», re­co­no­ce el me­diá­ti­co Gay de Lié­ba­na.

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