EL GES­TOR ME­JOR PA­GA­DO DEL MUN­DO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Kenneth Grif­fin FUN­DA­DOR Y PRE­SI­DEN­TE DEL «HEDGE FUND» CITADEL

Pa­ra el co­mún de los mor­ta­les, el fun­cio­na­mien­to de un hedge fund es to­do un mis­te­rio. La ma­yo­ría de la gen­te, eso sí, ha oí­do ha­blar de ellos. Y eso, por­que fue­ron unos de los gran­des pro­ta­go­nis­tas de la cri­sis fi­nan­cie­ra del 2008. La que to­do lo arra­só. Y de otras an­tes que esa. Al­gu­nos aca­ba­ron en­gu­lli­dos por el hu­ra­cán que ellos mis­mos desata­ron. Otros, sin em­bar­go, so­bre­vi­vie­ron al desas­tre. Y ahí si­guen.

Pue­de que los ciu­da­da­nos de a pie no se­pan có­mo se con­si­gue, pe­ro sí que en ese ne­go­cio se pue­de ha­cer mu­cho di­ne­ro. To­ne­la­das. Tan­to co­mo ga­nar 171.000 eu­ros a la ho­ra. Se di­ce pron­to. Es lo que se em­bol­só el año pa­sa­do Kenneth Grif­fin, el pre­si­den­te de Citadel, uno de los fon­dos de al­to ries­go —o fon­dos de co­ber­tu­ra, que es la tra­duc­ción li­te­ral de la ex­pre­sión inglesa— más gran­des del mun­do. Su re­mu­ne­ra­ción fue la más al­ta del sec­tor.

Na­ci­do en Day­to­na Beach, Flo­ri­da, ha­ce 47 años, Grif­fin lle­va en es­to más de la mi­tad de su vi­da. No ha­bía aca­ba­do aún sus es­tu­dios en Har­vard cuan­do, con tan so­lo 22 años, de­ci­dió crear dos fon­dos. Los ges­tio­na­ba des­de su ha­bi­ta­ción. No sin an­tes ha­ber­se he­cho ins­ta­lar en el dor­mi­to­rio to­do lo ne­ce­sa­rio pa­ra ac­ce­der a los da­tos del mer­ca­do en tiem­po real. El di­ne­ro pa­ra echar a an­dar se lo pres­tó su abue­la.

La cri­sis bur­sá­til de 1987 le lle­nó los bol­si­llos. Tres años des­pués de aque­llo, creó Citadel. Su nom­bre (tra­du­ci­do, ciu­da­de­la) pre­ten­de ser un gui­ño a la for­ta­le­za y re­sis­ten­cia del fon­do fren­te a los vai­ve­nes del mer­ca­do. Na­ció con 4,2 mi­llo­nes de dó­la­res. Hoy ges­tio­na más de 25.000. Y en­tre sus más de 1.400 em­plea­dos, so­me­ti­dos a du­ros pro­ce­sos de se­lec­ción —a Grif­fin le gus­ta jac­tar­se de que es más fá­cil en­trar en Har­vard que en su em­pre­sa— cuen­ta con Ben Ber­nan­ke, ex­pre­si­den­te de la Re­ser­va Fe­de­ral.

Su pri­mer gran pe­lo­ta­zo lo cer­ti­fi­có a fi­na­les de los no­ven­ta. En otra cri­sis, la que desató la quie­bra del tris­te­men­te fa­mo­so Long Term Ca­pi­tal Ma­na­ge­ment, el por aquel en­ton­ces hedge fund más po­de­ro­so del mun­do. Citadel fue uno de los gran­des ga­na­do­res del te­rre­mo­to que su caí­da pro­vo­có en los mer­ca­dos. Fue­ron mu­chos los que se fue­ron a pi­que. Y el fon­do de Grif­fin se que­dó con al­gu­nos de aque­llos des­po­jos a pre­cio de gan­ga. Hoy el ges­tor me­jor pa­ga­do del mun­do acu­mu­la una for­tu­na de 7.500 mi­llo­nes de dó­la­res, se­gún los nú­me­ros de For­bes. Más que su­fi­cien­tes pa­ra apa­dri­nar —y fi­nan­ciar, cla­ro— va­rios pro­yec­tos edu­ca­ti­vos y de sa­ni­dad en Es­ta­dos Uni­dos. O pa­ra pro­ta­go­ni­zar la com­pra de ar­te más ca­ra de la his­to­ria. Pa­gó 500 mi­llo­nes de dó­la­res por dos cua­dros: Num­ber 17, de Po­llock, e In­ter­chan­ge, de De Koo­ning.

Pe­ro a Grif­fin no siem­pre le han ido tan bien las co­sas. Co­mo a otros mu­chos —a ca­si to­dos— la caí­da del ban­co de in­ver­sión Leh­man Brot­her’s le pa­só una one­ro­sa fac­tu­ra. So­lo una ci­fra: el pa­tri­mo­nio de su prin­ci­pal fon­do lle­gó a per­der la mi­tad de su va­lor. Cua­tro años le cos­tó al de Flo­ri­da sa­lir del po­zo y vol­ver al te­rreno que pi­sa­ba an­tes de la cri­sis.

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

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