Bo­das, di­vor­cios y vi­vien­das

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA -

El cuen­to más edi­fi­can­te (en to­dos los sen­ti­dos) de la tra­di­ción es­pa­ño­la es el de los tres cer­di­tos, que has­ta que cons­tru­yen una ca­sa de la­dri­llos no que­dan a sal­vo del lo­bo. Im­bui­dos qui­zá de es­ta en­se­ñan­za en lo más pro­fun­do de nues­tro sub­cons­cien­te, los lla­ma­mien­tos a la crea­ción de un nue­vo sis­te­ma pro­duc­ti­vo, al au­men­to de la pro­duc­ción de al­to va­lor aña­di­do, a la in­ver­sión en in­ves­ti­ga­ción y desa­rro­llo, nos sue­nan a ejer­ci­cios aca­dé­mi­cos, a sue­ños de in­te­lec­tua­les, a za­pa­te­ra­das. Aquí es­ta­mos, aga­za­pa­dos, es­pe­ran­do, co­mo la ga­ta lo­ca, a que vuel­va el la­dri­llo.

Los da­tos de fi­na­les del año pa­sa­do dan unas cier­tas es­pe­ran­zas. Los vi­sa­dos de obra de vi­vien­da nue­va suben por se­gun­do año con­se­cu­ti­vo, has­ta los 49.700, des­pués del mí­ni­mo his­tó­ri­co del 2013, que fue de 34.300. No es mu­cho si se com­pa­ran con los 866.500 del 2006, ré­cord pre­vio a la caí­da en el abis­mo del año si­guien­te, el de la cri­sis ya desata­da y aún no re­co­no­ci­da. Pe­ro al­go es al­go.

De­cía el re­frán que «el ca­sa­do, ca­sa quie­re». Qui­zá en la rui­na de la in­dus­tria in­mo­bi­lia­ria ten­ga al­go que ver la cri­sis que su­fre tam­bién la ins­ti­tu­ción del ma­tri­mo­nio. En el año 2007 hu­bo en Es­pa­ña 201.600 ma­tri­mo­nios, una ci­fra pa­re­ci­da a la de los años an­te­rio­res de la dé­ca­da. En el 2008 ba­jó a 194.00, y en el 2013 la mar­cha nup­cial so­nó so­la­men­te 153.000 ve­ces. Si no hay ca­sa­dos, ¿quién quie­re ca­sa?

Pues los di­vor­cia­dos. Las rup­tu­ras matrimoniales tam­bién ge­ne­ran de­man­da de vi­vien­da (y per­do­nen la frial­dad, pe­ro es­ta­mos a economía y no a ha­cer amis­ta­des), por­que uno se que­da y el otro se va. Pe­ro la cri­sis pa­re­ce que nos apla­na y que tam­bién re­du­ce los di­vor­cios. En el 2007 hu­bo 125.800 rup­tu­ras matrimoniales; en el 2013 ha­bían ba­ja­do a 95.400.

Los em­pre­sa­rios de la cons­truc­ción es­tán que tri­nan. Ha­gan al­go, que­ri­dos com­pa­trio­tas: cá­sen­se, di­vór­cien­se, vuel­van a ca­sar­se. Ani­men us­te­des el co­ta­rro del em­pa­re­ja­mien­to re­si­den­cial, por­que con unas mí­se­ras 50.000 vi­vien­das nue­vas al año es­ta Es­pa­ña ya no la re­co­no­ce ni su ma­dre.

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