EL ÚL­TI­MO CO­MI­SA­RIO BRI­TÁ­NI­CO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Jo­nat­han Hill

«Lle­gué a Bru­se­las ha­bien­do he­cho cam­pa­ña en el pa­sa­do en con­tra de la en­tra­da del Reino Uni­do en el eu­ro y sien­do es­cép­ti­co so­bre Eu­ro­pa. Me voy con la cer­te­za de que la per­te­nen­cia a la UE ha si­do bue­na pa­ra el lu­gar que ocu­pa­mos en el mun­do y pa­ra nues­tra eco­no­mía». Son las pa­la­bras de des­pe­di­da de Lord Jo­nat­han Hill (Lon­dres, 1960), co­mi­sa­rio eu­ro­peo de Ser­vi­cios Fi­nan­cie­ros. El úl­ti­mo co­mi­sa­rio bri­tá­ni­co.

Fue co­no­cer el triun­fo del bre­xit en el re­fe­ren­do y po­ner su di­mi­sión so­bre la me­sa de Junc­ker, quien, muy a su pe­sar —el lu­xem­bur­gués sien­te por él un gran res­pe­to— se la tu­vo que acep­tar. No le que­dó otra. «He in­ten­ta­do con­ven­cer a Jo­nat­han Hill pa­ra que se que­de co­mo co­mi­sa­rio. Lo con­si­de­ro un ver­da­de­ro eu­ro­peo y no so­lo un co­mi­sa­rio bri­tá­ni­co. No obs­tan­te, com­pren­do su de­ci­sión y la res­pe­to», di­jo Junc­ker tras re­ci­bir la car­ta de di­mi­sión.

Hill se con­ver­tía así en la pri­me­ra víc­ti­ma bri­tá­ni­ca, que no la úl­ti­ma, en Bru­se­las. Su re­nun­cia su­po­ne to­do un ma­za­zo pa­ra la City, el dis­tri­to fi­nan­cie­ro de Lon­dres, que te­nía en Hill a su me­jor alia­do. Ami­go per­so­nal de Da­vid Ca­me­ron y to­do un ex­per­to en te­mas fi­nan­cie­ros —tie­ne a sus es­pal­das una ex­ten­sa tra­yec­to­ria co­mo con­sul­tor pri­va­do en la City—, asu­mió las rien­das de la re­cién crea­da car­te­ra de Es­ta­bi­li­dad Fi­nan­cie­ra, Ser­vi­cios Fi­nan­cie­ros y Unión de los Mer­ca­dos de Ca­pi­ta­les en no­viem­bre del 2014. Su nom­bra­mien­to arran­có al­gu­nos aplau­sos. Y tam­bién mu­chas que­jas. Va­rias fue­ron las vo­ces que se al­za­ron en­ton­ces pa­ra pro­cla­mar que el

lobby fi­nan­cie­ro ha­bía con­se­gui­do co­lo­car a su hombre en la me­jor de las po­si­cio­nes. Que los de­re­chos de los con­su­mi­do­res no es­ta­rían a sal­vo en sus ma­nos. Fue­ron esas mis­mas vo­ces las que se en­car­ga­ron de ai­rear que el fla­man­te co­mi­sa­rio era un lo­bis­ta, que la em­pre­sa de con­sul­to­ría —Qui­ller— fun­da­da por el ami­go de Ca­me­ron ha­bía tra­ba­ja­do pa­ra un sin­fín de ban­cos y em­pre­sas de te­le­fo­nía. Y que era de ilu­sos es­pe­rar que aho­ra fue­se a mor­der la mano que le dio de co­mer.

Pe­ro a Hill no le im­por­ta­ron las crí­ti­cas. Las en­ca­jó sin in­mu­tar­se. Sin per­der un ápi­ce de su re­co­no­ci­do en­can­to. Pa­ra fle­ma, la del bri­tá­ni­co. «No ten­go ac­cio­nes ni es­toy en la eje­cu­ti­va de nin­gu­na com­pa­ñía. Es­tán equi­vo­ca­dos quie­nes me re­tra­tan co­mo al­guien que no es­tá preo­cu­pa­do por el con­trol de los ser­vi­cios fi­nan­cie­ros. Los pro­mo­ve­ré, pe­ro pa­ra que ten­gan éxi­to de­ben es­tar bien re­gu­la­dos», di­jo pa­ra de­fen­der­se.

Sus ami­gos y co­le­gas de par­ti­do re­sal­tan de él su ca­rác­ter me­dia­dor y lo de­fi­nen co­mo aquel a quien re­cu­rres cuan­do so­bran los fa­ro­les y fal­ta per­sua­sión.

Más­ter en His­to­ria por el Tri­nity Co­lle­ge de Cam­brid­ge, el ba­rón Hill de Oa­re­ford — su otro tí­tu­lo no­bi­lia­rio— tie­ne tam­bién un pa­sa­do acre­di­ta­do en la Ad­mi­nis­tra­ción bri­tá­ni­ca. Fue ase­sor del Go­bierno de John Ma­jor pa­ra asun­tos eu­ro­peos, al­to car­go en Edu­ca­ción en el Eje­cu­ti­vo de Da­vid Ca­me­ron y je­fe de fi­las de los en la Cá­ma­ra de los Lo­res. A par­tir del 15 de julio, fe­cha en la que de­ja­rá el car­go, ha­brá de es­co­ger otra vez: lo pri­va­do o lo pú­bli­co. En los dos ám­bi­tos se mue­ve co­mo pez en el agua.

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