Es­to no es Vue­ling

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Juan Car­los Vi­lo­ria

Si ha­ce me­ses us­ted hu­bie­ra ras­trea­do en In­ter­net las ae­ro­lí­neas low cost bus­can­do vue­los ba­ra­tos, pre­pa­ran­do sus via­jes con an­ti­ci­pa­ción co­mo exi­gen los cá­no­nes de la nue­va eco­no­mía, ha­bría com­pro­ba­do que Vue­ling era la que ofre­cía los pre­cios más eco­nó­mi­cos. Pe­ro a la ho­ra de la ver­dad, si us­ted ha si­do uno de los dam­ni­fi­ca­dos por el caos que de­jó ti­ra­dos a mi­les de sus clien­tes por las sa­las de es­pe­ra, con­su­mien­do bo­ca­di­llos de plás­ti­co, dor­mi­tan­do su irri­ta­ción pa­ra no col­gar­se de la lám­pa­ra de la ter­mi­nal, el bi­lle­te le ha­brá sa­li­do a un pre­cio exor­bi­tan­te. Lo ba­ra­to es ca­ro, de­cían nues­tros ma­yo­res. Y ra­zón no les fal­ta­ba.

Es­tá acre­di­ta­do que los por­ta­vo­ces de las lí­neas aé­reas, en ge­ne­ral, no le di­cen la ver­dad ni al mé­di­co y es inú­til es­pe­rar una ex­pli­ca­ción cier­ta de las ra­zo­nes de un re­tra­so. Aho­ra nos ven­drán en­tre­te­nien­do con his­to­rias de pi­lo­tos de ba­ja, con­tro­la­do­res en huel­ga, slots va­rios y atas­cos en otras pis­tas. La reali­dad pu­ra du­ra es que ex­pri­men los gas­tos pa­ra com­pe­tir a la ba­ja en pre­cios y jue­gan con nues­tros via­jes a ca­ra o cruz. Y ha­blan­do de cruz. Tam­bién es un re­cur­so muy uti­li­za­do echar la cul­pa a la he­ren­cia re­ci­bi­da del eje­cu­ti­vo que ya no es­tá en la com­pa­ñía, co­mo Álex Cruz, as­cen­di­do a pre­si­den­te de Bri­tish Air­ways.

En esas lar­gas es­pe­ras, uno pue­de año­rar los tiem­pos de la Bu­run­de­sa, la Es­te­lle­sa, la Con­ti­nen­tal, Alsa y otras que ci­men­ta­ron el trans­por­te na­cio­nal. Con sus es­ta­cio­nes atu­fan­do a tu­bo de es­ca­pe, el chó­fer fu­man­do un Farias, sin ai­re acon­di­cio­na­do y sin cin­tu­ro­nes. Sí, ha­cien­do me­dia do­ce­na de pa­ra­das an­tes de lle­gar a des­tino con el es­tó­ma­go re­vuel­to por las sus­pen­sio­nes y los ba­ches. Sí, con aro­ma a tor­ti­lla y fi­le­tes em­pa­na­dos. Sí. ¿Y qué? Uno lle­ga­ba a su des­tino, a su ho­ra y le es­ta­ba es­pe­ran­do la fa­mi­lia con la se­gu­ri­dad de qu,e mi­nu­to arri­ba, mi­nu­to aba­jo, los bo­ci­na­zos anun­cia­rían la arri­ba­da al des­tino. No es­toy en con­tra de la po­pu­la­ri­za­ción del trans­por­te aéreo, vál­ga­me dios. Ni con­tra lle­gar a las seis de la ma­ña­na al ae­ro­puer­to, sin ma­le­ta por no fac­tu­rar; ni con­tra el tra­to co­mo ga­na­do y los asien­tos de tor­tu­ra. Que cons­te que no es­toy en con­tra, pe­ro tam­po­co a fa­vor.

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