Dis­pa­ra­tes de eco­no­mía y com­por­ta­mien­to

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - Luis Ca­sal

NO­VE­DAD

Ste­ven Le­vitt y su to­ca­yo Dub­ner co­men­za­ron la pu­bli­ca­ción de un blog ha­ce una dé­ca­da tras el éxi­to de su po­pu­lar li­bro Frea­ko­no­mics, en el que reunían dis­pa­ra­te tras dis­pa­ra­te su par­ti­cu­lar vi­sión de la eco­no­mía mun­dial y la hu­ma­ni­dad. El si­tio acu­mu­ló más de 8.000 en­tra­das y su­peró los 12 mi­llo­nes de vi­si­tas al año. Pro­duc­to de ese blog na­ció una dé­ca­da más tar­de esta obra, Cuán­do ro­bar un ban­co.

En el li­bro se re­co­pi­lan las me­jo­res en­tra­das de la bi­tá­co­ra, una com­bi­na­ción de des­pro­pó­si­tos y ex­pli­ca­cio­nes so­bre las si­tua­cio­nes más co­mu­nes mez­cla­das con la eco­no­mía, el de­por­te o el com­por­ta­mien­to hu­ma­nos, pe­ro plas­ma­das en pe­que­ñas do­sis (las en­tra­das son cor­tas, de ape­nas unas pá­gi­nas). No es un li­bro para am­pliar el co­no­ci­mien­to, ni tam­po­co para mos­trar con or­gu­llo a las vi­si­tas. Es una obra para leer en mo­men­tos de inac­ti­vi­dad, de asue­to, en los que la con­cien­cia no nos es­té pre­gun­tan­do cons­tan­te­men­te por qué per­de­mos el tiem­po.

Los au­to­res se ha­cen pre­gun­tas co­mu­nes y bus­can con­tes­ta­cio­nes fue­ra de lo co­mún, con un estilo irre­ve­ren­te y en oca­sio­nes ro­cam­bo­les­co. Son cues­tio­nes co­mo ¿por qué no re­ci­ben pro­pi­nas las aza­fa­tas? ¿De­be­rían abo­lir la mo­ne­da en Es­ta­dos Uni­dos? ¿Los go­bier­nos de­be­rían im­po­ner un im­pues­to so­bre el se­xo? o ¿de­be­ría Pep­si pa­gar por ob­te­ner la fór­mu­la se­cre­ta de Co­caCo­la? Las res­pues­tas son igual de dis­pa­ra­ta­das: Pep­si nun­ca de­be­ría pa­gar por la fór­mu­la por­que si la ob­tu­vie­ra ten­drían que pu­bli­car­la, cual­quie­ra po­dría fa­bri­car en­ton­ces la be­bi­da ri­val, la Coca-Co­la se­ría más ba­ra­ta y los clien­tes de Pep­si se cam­bia­rían de mar­ca.

Los au­to­res ha­blan de la eco­no­mía, los pre­cios y los mer­ca­dos, pe­ro los mez­clan con re­co­men­da­cio­nes so­bre po­lí­ti­ca, aun­que sin dar con­se­jos, so­lo una re­co­pi­la­ción de ob­ser­va­cio­nes.

Le­vitt y Dub­ner le de­di­can un lu­gar es­pe­cial a la pre­gun­ta que da tí­tu­lo a es­te en­jam­bre de pen­sa­mien­tos irra­cio­na­les: ¿Cuán­do ro­bar un ban­co? Nu­me­ro­sas con­je­tu­ras sugieren que cual­quier día es bueno para el la­drón. Lo prin­ci­pal es evi­tar ele­gir el mis­mo día que otro la­drón, ya que al fi­nal tendrá que com­par­tir las ga­nan­cias. La bue­na res­pues­ta a la pre­gun­ta se­ría que nun­ca hay que ro­bar un ban­co, pues el re­sul­ta­do com­pa­ra­do con la in­ver­sión es ne­fas­to. «Los la­dro­nes de ban­co es­ta­dou­ni­den­ses ga­nan un pro­me­dio de 4.120 dó­la­res si tie­nen éxi­to [...] pe­ro son de­te­ni­dos el 35 % de las ve­ces. Co­mo ocu­pa­ción ren­ta­ble, el ro­bo de un ban­co de­ja mu­cho que desear».

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