A TO­DO «BLACK»

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA -

Son el me­jor ejem­plo de có­mo la co­rrup­ción cam­pa­ba a sus an­chas en al­gu­nas en­ti­da­des fi­nan­cie­ras an­tes —y du­ran­te— de la gran cri­sis. Uno de los ex­ce­sos más bur­dos y cha­ba­ca­nos que se re­cuer­dan de una épo­ca pa­ra el ol­vi­do. La que a pun­to es­tu­vo de dar con los hue­sos de Es­pa­ña en la ban­ca­rro­ta. Son las black de Ca­ja Madrid (y su he­re­de­ra Ban­kia). Las tar­je­tas con las que un pu­ña­do de di­rec­ti­vos y con­se­je­ros sin es­crú­pu­los se die­ron la gran vi­da du­ran­te años a cos­ta de la en­ti­dad a la que, por cier­to, lle­va­ron a la rui­na con una desas­tro­sa ges­tión.

Mi­guel Ble­sa y Ro­dri­go Ra­to son los ros­tros más vi­si­bles de ta­ma­ña des­fa­cha­tez. Pe­ro no lo hi­cie­ron so­los. Hay otra fi­gu­ra, mu­cho me­nos co­no­ci­da pa­ra el gran pú­bli­co, sin cu­yos ma­ne­jos na­da de aque­llo ha­bría si­do po­si­ble. O eso por lo me­nos es lo que apun­tan quie­nes des­ta­pa­ron el es­cán­da­lo des­de las en­tra­ñas de la nue­va Ban­kia ya re­flo­ta­da. Su nom­bre: Il­de­fon­so Sán­chez Bar­coj. Di­cen quie­nes co­no­cen a fon­do lo que du­ran­te años se co­ció a es­con­di­das en Ca­ja Madrid que fue él quien ideó to­do el sis­te­ma de las pre­ben­das. Y bien que lo apro­ve­chó. Tan­to, que fue el que más ex­pri­mió su black: 498.000 eu­ros, de ellos ca­si 225.000 eu­ros en efec­ti­vo, re­ti­ra­do, no de los ca­je­ros, sino de las ven­ta­ni­llas de la en­ti­dad en pa­que­tes de tres­cien­tos, seis­cien­tos y mil eu­ros. No le de­bía lle­gar el suel­do. Los 9,7 mi­llo­nes de eu­ros que co­bró en nó­mi­na so­lo en­tre el 2007 y el 2011 se le que­da­ban cor­tos. Fue uno de los pri­me­ros en de­vol­ver el di­ne­ro, muy a su pe­sar.

Li­cen­cia­do en Eco­nó­mi­cas por la Com­plu­ten­se y con un MBA por la Universidad de Hous­ton, Bar­coj lle­gó a Ca­ja Madrid en 1978, ca­si cuan­do to­da­vía ves­tía pan­ta­lón cor­to. Y cre­ció co­mo la es­pu­ma du­ran­te la pre­si­den­cia de Ble­sa. Fue con él con quien em­pe­zó a ocu­par car­gos de res­pon­sa­bi­li­dad en la ca­ja. Tu­vo en sus ma­nos la di­rec­ción de au­di­to­ría, la de ban­ca co­mer­cial, la de ban­ca pri­va­da y la di­rec­ción ge­ne­ral de Me­dios, a la que su­mó ade­más la di­rec­ción fi­nan­cie­ra an­tes de que lle­ga­ra Ra­to.

Quie­nes tra­ba­ja­ron a sus ór­de­nes no guar­dan un buen re­cuer­do de él. Lo des­cri­ben co­mo to­do un se­ñor dés­po­ta. Y lo era. Mien­tras se fun­día la vi­sa —la usa­ba prác­ti­ca­men­te a dia­rio y ca­si pa­ra to­do— y en­via­ba al chó­fer de su A8 ofi­cial a ha­cer­le los re­ca­dos, ra­ca­nea­ba a los em­plea­dos has­ta el pa­pel. El la­do os­cu­ro. Ese era el so­bre­nom­bre con el que se re­fe­rían a él en los co­rri­llos los tra­ba­ja­do­res de a pie.

Des­pués lle­gó Ra­to. Y Bar­coj se las in­ge­nió pa­ra con­ti­nuar man­dan­do. Y mu­cho. Su lar­ga ca­rre­ra en Ca­ja Madrid —san­gre ver­de les lla­ma­ban a él y a otros his­tó­ri­cos por­que ver­de era el co­lor ins­ti­tu­cio­nal de la en­ti­dad y a ella ha­bían de­di­ca­do ca­si to­da su vi­da— lo ha­bía con­ver­ti­do en guar­dián de mu­chos se­cre­tos y con­ve­nía man­te­ner­le cer­ca. Se que­dó den­tro. Y la ba­ca­nal de las tar­je­tas con­ti­nuó ade­lan­te. Aho­ra con nue­vos ac­to­res, Ra­to, el pri­me­ro. No fue has­ta la lle­ga­da de Goi­ri­gol­za­rri a la pre­si­den­cia cuan­do lo des­pa­cha­ron. Y sin mi­ra­mien­tos. Al día si­guien­te de la to­ma de po­si­ción del ban­co. Con él se iba el úl­ti­mo in­te­gran­te del clan del co­chi­ni­llo. Así es co­mo se co­no­cía en tiem­pos a un pu­ña­do de di­rec­ti­vos por sus es­ca­pa­das de los vier­nes a Se­go­via.

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.