In­cons­cien­cia y cien­cia sa­la­ria­les

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD - Juan Car­los Martínez

En los úl­ti­mos días es­ta­mos apren­dien­do mu­cho en cues­tión de re­tri­bu­cio­nes. Por el jui­cio del ca­so Gür­tel ve­mos có­mo, su­pues­ta­men­te, al­gu­nos des­ta­ca­dos de­fen­so­res del li­bre mer­ca­do no se­rían más, si es cier­to lo que di­ce Fran­cis­co Gue­rra, que pa­nia­gua­dos del po­der que rom­pen con di­ne­ro la com­pe­ten­cia por los con­tra­tos del Es­ta­do. Y, del otro la­do, car­gos pú­bli­cos con bue­nas, o al menos re­gu­la­res re­tri­bu­cio­nes, acep­tan mor­di­das del 3 % (que de­be de ser la ta­sa ofi­cial para es­te trá­fi­co des­de los tiem­pos de Ban­ca Ca­ta­la­na) por­que no les lle­ga o, por­que, co­mo de­cía Que­ve­do, es­tán enamo­ra­dos del me­tal que «Na­ce en las In­dias hon­ra­do, / Don­de el mun­do le acom­pa­ña; / Vie­ne a mo­rir en Es­pa­ña, / Y es en Gé­no­va en­te­rra­do».

Y el jui­cio por las tar­je­tas black trae lec­cio­nes de có­mo per­so­na­jes que han lle­va­do tan­tos años ad­jun­to a su nom­bre el ad­je­ti­vo de res­pon­sa­ble de..., han si­do, pre­sun­ta­men­te, unos com­ple­tos irres­pon­sa­bles en el gas­to y en la ca­pa­ci­dad de juz­gar en qué me­di­da sus es­ti­pen­dios eran pro­por­cio­na­les a sus lo­gros.

De es­tas au­las ex­trae­mos en­se­ñan­zas de lo que no pue­de ser la re­tri­bu­ción de los car­gos po­lí­ti­cos, ni de los miem­bros de con­se­jos de ad­mi­nis­tra­ción, ni de la ad­ju­di­ca­ción de con­tra­tos pú­bli­cos. Tan­ta ex­hi­bi­ción de cien­cia par­da coin­ci­de con el en­cum­bra­mien­to de la otra cien­cia, la em­pí­ri­ca, con la con­ce­sión del Premio No­bel de Eco­no­mía a dos es­tu­dio­sos de la ra­cio­na­li­dad de los con­tra­tos, Oli­ver Hart y Bengt Holms­tröm. De­fien­de el pri­me­ro, in­glés, que a los eje­cu­ti­vos de las gran­des com­pa­ñías se les re­tri­bu­ya con ac­cio­nes, para que en lu­gar de por sus ga­nan­cias se preo­cu­pen por el be­ne­fi­cio de la em­pre­sa (o sea, co­mo en Ban­kia). El se­gun­do, fin­lan­dés, pro­po­ne con­tra­tos de tra­ba­jo que fi­jen in­cen­ti­vos para to­dos los as­pec­tos en los que las ac­cio­nes del em­plea­do pue­dan ser me­di­das, y no so­la­men­te para el desem­pe­ño ge­ne­ral. El aná­li­sis de con­tra­tos, di­je­ron los pre­mia­dos, se es­tá im­po­nien­do en el mun­do. Aquí, si ha lle­ga­do, no lo ve­mos, con tan­ta ma­man­du­rria que lo ta­pa.

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