Miramar Cru­ce­ros, la tra­ve­sía exi­to­sa de dos ami­gos ín­ti­mos

Hu­go Igle­sias y Die­go Lei­ra Pan han le­van­ta­do una em­pre­sa de re­fe­ren­cia que no pa­ra de acu­mu­lar pre­mios En el 2013, con so­lo un año de vi­da, fac­tu­ra­ron 800.000 eu­ros; es­te año lo ce­rra­rán con unos cin­co mi­llo­nes

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - EMPRESAS - Ma­nuel Blan­co

Hu­go y Die­go son uña y car­ne des­de que ape­nas le­van­ta­ban un pal­mo del sue­lo. Se cria­ron jun­tos en Olei­ros y allí for­ja­ron una de esas amis­ta­des in­que­bran­ta­bles. Tan fuer­te era ese víncu­lo que cuan­do a Hu­go lo asal­tó su ¡Eu­re­ka!, des­col­gó el te­lé­fono y lla­mó a su co­le­ga del al­ma: «Ten­go una idea, un pro­yec­to. Y sé que pue­de fun­cio­nar». Die­go se pre­sen­tó en Mó­na­co, el lu­gar de tra­ba­jo de su so­cio, y en po­co me­nos de dos me­ses es­ta­ban crean­do Miramar Cru­ce­ros, la agen­cia ga­lle­ga que arra­sa en el mer­ca­do de los cru­ce­ros y que no ha he­cho otra co­sa que aca­pa­rar pre­mios en sus po­co más de cua­tro años de vi­da.

To­do arran­có en ju­lio del 2011. Hu­go Igle­sias Do­cam­po, de 36 años y for­ma­do en la Es­cue­la Uni­ver­si­ta­rio de Tu­ris­mo de A Co­ru­ña, tra­ba­ja­ba en­ton­ces en Mó­na­co co­mo res­pon­sa­ble pa­ra el mer­ca­do es­pa­ñol y la­ti­noa­me­ri­cano de una de las gran­des agen­cias de cru­ce­ros a ni­vel eu­ro­peo. Hu­go era cons­cien­te de que allí ha­bi­ta­ba un ju­go­so ni­cho de mer­ca­do y que­ría vo­lar por su cuen­ta. Ha­bía apren­di­do mu­cho. Pe­ro no que­ría ha­cer­lo so­lo.

Arran­ca­ría su aven­tu­ra con su ami­go ín­ti­mo: Die­go Lei­ra Pan, tam­bién de 36 años, que ha­bía cur­sa­do Ad­mi­nis­tra­ción y Di­rec­ción de Em­pre­sas en A Co­ru­ña. «Am­bos lo vi­mos muy cla­ro cuan­do nos reuni­mos en Mó­na­co», re­la­ta Hu­go. Ape­nas dos me­ses des­pués es­ta­ban en Áms­ter­dam con uno de los gu­rús tec­no­ló­gi­cos del sec­tor pre­pa­ran­do la web con la que em­pe­za­rían a ven­der cru­ce­ros en Es­pa­ña, Fran­cia, La­ti­noa­mé­ri­ca...

Pa­ra la cau­sa re­clu­ta­ron tam­bién a una pa­re­ja con la que Hu­go tra­ba­ja­ba en la agen­cia ga­la. Un ca­ta­lán y una an­da­lu­za que, sin du­dar­lo, se alis­ta­ron en Miramar Cru­ce­ros. Co­mo je­fe de ven­tas él y co­mo res­pon­sa­ble del mer­ca­do sud­ame­ri­cano ella. De Bar­ce­lo­na y Jaén a Mó­na­co pri­me­ro, pa­ra aca­bar en Lu­go dan­do for­ma a un pro­yec­to que des­bor­da­ba ilu­sión.

¿Y por qué en Lu­go? Por­que se ins­ta­la­ron en el vi­ve­ro de em­pre­sas de la CEL. «La ayu­da que nos die­ron allí fue cla­ve pa­ra sa­lir ade­lan­te —ex­pli­can al uní­sono los dos so­cios—; es­ta­mos muy agra­de­ci­dos». En aque­llas de­pen­den­cias fue­ron con­so­li­dan­do su ac­ti­vi­dad, cen­tra­da en los mer­ca­dos de ha­bla his­pa­na y fran­có­fo­na. En el 2012, con so­lo unos me­ses de ac­ti­vi­dad, fac­tu­ra­ron 800.000 eu­ros e ini­cia­ron una sen­da im­pa­ra­ble, du­pli­can­do ca­si sus ven­tas de un año a otro: dos mi­llo­nes en el 2014, 3,6 en el 2015 y una pre­vi­sión pa­ra el 2016 de cin­co mi­llo­nes.

Ha­ce un mes, de­ja­ron Lu­go y ce­rra­ron la ofi­ci­na de Bar­ce­lo­na pa­ra cen­tra­li­zar el pro­yec­to en sus co­que­tas ins­ta­la­cio­nes de A Co­ru­ña, su lu­gar na­tu­ral de aco­gi­da ha­bi­da cuen­ta de que am­bos son na­tu­ra­les de la zo­na. Allí tra­ba­jan a sus ór­de­nes un equi­po de quin­ce per­so­nas, la ma­yo­ría uni­ver­si­ta­rios sa­li­dos de la Es­cue­la de Tu­ris­mo de A Co­ru­ña.

¿El se­cre­to del éxi­to? La es­pe­cia­li­za­ción con la que tra­ba­ja to­do su per­so­nal. «En una agen­cia nor­mal di­fí­cil­men­te te van a ven­der un cru­ce­ro co­mo lo ha­ce­mos no­so­tros, to­tal­men­te ajus­ta­do a las ne­ce­si­da­des del clien­te: gus­tos, idio­ma, per­so­na­li­za­ción...», ar­gu­men­ta Die­go. De he­cho, en la web de la em­pre­sa (www.mi­ra­mar­cru­ce­ros.com) no se pue­den com­prar pa­sa­jes, sino que se ex­pre­san de­seos y un ope­ra­dor de la em­pre­sa ga­lle­ga se po­ne en con­tac­to con el clien­te pa­ra ce­rrar la ope­ra­ción. El ob­je­ti­vo no es lo­grar una ven­ta, sino la sa­tis­fac­ción to­tal. La fi­de­li­za­ción má­xi­ma.

| MAR­COS MÍGUEZ

Hu­go (izq.) y Die­go estrenaron ha­ce un mes sus ins­ta­la­cio­nes en A Co­ru­ña tras años en el vi­ve­ro de Lu­go.

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