Un país con dos eco­no­mías

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - EMPRESAS - Pa­tri­cia Bae­lo

Ya han trans­cu­rri­do ca­si tres dé­ca­das des­de la reuni­fi­ca­ción, y el Es­te con­ti­núa sien­do más po­bre, rural y des­po­bla­do que el Oes­te La ta­sa de des­em­pleo en Ber­lín es del 11 %

El pa­sa­do 3 de oc­tu­bre, los ale­ma­nes ce­le­bra­ron el Día de la Uni­dad, la fies­ta na­cio­nal con la que con­me­mo­ran el mo­men­to en el que en­tró en vi­gor el con­tra­to fir­ma­do por los go­bier­nos de la Re­pú­bli­ca Fe­de­ral y la Re­pú­bli­ca De­mo­crá­ti­ca. Sin em­bar­go, 26 años des­pués de la Reuni­fi­ca­ción y 27 tras la caí­da del Mu­ro de Ber­lín, que ocu­rrió el 9 de no­viem­bre de 1989, el Es­te y el Oes­te de Ale­ma­nia si­guen hoy ca­si tan se­pa­ra­dos co­mo en­ton­ces en mu­chos as­pec­tos.

No son po­cos los mi­tos. Co­mo por ejem­plo que los Os­sis, el nom­bre po­pu­lar que re­ci­ben los ciu­da­da­nos de la par­te orien­tal, via­jan me­nos al ex­tran­je­ro o se acues­tan más tem­prano que sus ve­ci­nos del Oes­te. De los Wes­sis se di­ce que tien­den a ser me­nos ra­cio­na­les y a con­fiar más en la me­di­ci­na al­ter­na­ti­va, las die­tas pa­ra adel­ga­zar y los pro­duc­tos eco­ló­gi­cos. Si bien las di­fe­ren­cias cul­tu­ra­les son di­fí­ci­les de de­mos­trar, la bre­cha en el ám­bi­to eco­nó­mi­co so­cial se re­ve­la in­du­da­ble.

Lo pri­me­ro que lla­ma la aten­ción es que la ta­sa de des­em­pleo es ma­yor en el Es­te, lle­gan­do a al­can­zar en el 2015 el 11,1% en Ber­lín, tal co­mo in­for­mó re­cien­te­men­te la Ofi­ci­na de Es­ta­dís­ti­ca. Mien­tras tan­to, el Es­ta­do fe­de­ra­do con me­nor pa­ro es Ba­vie­ra, que cie­rra la lis­ta con ape­nas un 3,6 %. En lo que res­pec­ta al sa­la­rio me­dio bru­to, el Oes­te tam­bién sa­le ga­nan­do. Así, los 4.027eu­ros men­sua­les de Ham­bur­go se con­vier­ten en 2.789 en Mec­klem­bur­go-An­te­po­me­ra­nia Oc­ci­den­tal.

La ren­ta per cá­pi­ta es un 27,5 % in­fe­rior en los Es­ta­dos fe­de­ra­dos que for­ma­ban par­te de la ex­tin­ta RDA. Se­gún los ex­per­tos, el pro­ble­ma es un desa­rro­llo de­mo­grá­fi­co de­sigual. Y es que en los úl­ti­mos quin­ce años, la po­bla­ción del Es­te ha dis­mi­nui­do en un 9,3 % de­bi­do a la fal­ta de in­fra­es­truc­tu­ras y te­ji­do in­dus­trial, que se con­cen­tra en el su­r­oes­te de Ale­ma­nia. Es más, el éxo­do ma­si­vo que si­guió a la caí­da del Mu­ro ha pro­vo­ca­do que ac­tual­men­te en los cin­co nue­vos Es­ta­dos fe­de­ra­dos, que ocu­pan el 30 % de la su­per­fi­cie del país, ape­nas vi­va el 20 % de la po­bla­ción.

To­do ello afec­ta tan­to al po­der ad­qui­si­ti­vo de los ciu­da­da­nos co­mo a su pro­duc­ti­vi­dad, que se si­túa en torno a los 50 euros por ho­ra en la par­te oc­ci­den­tal, en com­pa­ra­ción con los 35 euros de la orien­tal. Aun­que, so­bre to­do, se de­ja no­tar en el ín­di­ce de sa­tis­fac­ción. Un es­tu­dio ela­bo­ra­do por la OCDE que mi­de va­rios as­pec­tos re­ve­la que, en una es­ca­la del 0 al 10, los ale­ma­nes del Es­te ape­nas sa­can un 5, mien­tras que los del Oes­te os­ci­lan en­tre el 6 y el 7.

En­tre­tan­to, en el plano so­cial los an­ti­guos Es­ta­dos fe­de­ra­dos des­ta­can por ser más con­ser­va­do­res. Por ejem­plo, allí el 72 % de las pa­re­jas con hi­jos es­tán ca­sa­das, fren­te al 54 % de los nue­vos. Asi­mis­mo, el pa­pel de la mu­jer di­fie­re con­si­de­ra­ble­men­te. Has­ta el pun­to de que so­lo una de ca­da ocho ma­dres de ni­ños de en­tre tres y seis años tra­ba­ja a tiem­po com­ple­to en el Oes­te, cuan­do en la mi­tad orien­tal una de ca­da tres se ha re­in­cor­po­ra­do to­tal­men­te.

Eso sí, no to­do po­dían ser di­ver­gen­cias. La ta­sa de na­ta­li­dad, que tras la Reuni­fi­ca­ción ca­yó a un hi­jo por mu­jer en el Es­te, se ha ido equi­pa­ran­do, y a día de hoy se si­túa en torno al 1,5 en am­bos ca­sos. Al­go si­mi­lar ha su­ce­di­do con la es­pe­ran­za de vi­da y la ta­sa de mor­ta­li­dad. «En cues­tio­nes de opi­nión y men­ta­li­dad, la gen­te se ha ido ho­mo­ge­nei­zan­do», ase­gu­ra el psi­có­lo­go Hol­ger Gei­bler. No obs­tan­te, pre­ci­sa­men­te lo que más qui­ta el sue­ño en es­tos mo­men­tos a las au­to­ri­da­des ale­ma­nas es una di­fe­ren­cia de es­te ti­po.

A pe­sar de que, a ex­cep­ción de la cos­mo­po­li­ta Ber­lín, en el Es­te del país el por­cen­ta­je de ex­tran­je­ros no lle­ga ni al 4 %, fren­te al 15 % que pue­de al­can­zar en al­gu­nas re­gio­nes oc­ci­den­ta­les, en los úl­ti­mos años es­ta mi­tad del país ha vis­to un re­pun­te de la vio­len­cia xe­nó­fo­ba sin pre­ce­den­tes. Tan­to es así, que la delegada del Go­bierno pa­ra los nue­vos Es­ta­dos fe­de­ra­dos, Iris Gleic­ke, aler­ta­ba de que in­clu­so «su­po­ne una ame­na­za se­ria pa­ra el desa­rro­llo eco­nó­mi­co».

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