LA ALE­GRE HE­RE­DE­RA DEL CLAN DIS­CRE­TO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Ba­bet­te Al­brecht Em­pre­sa­ria del Gru­po Al­di

Ba­bet­te bai­la bien. Pi­lo­ta co­ches his­tó­ri­cos en ra­lis y es la pri­me­ra en lle­gar al «front row» de los des­fi­les de moda más cool de Ale­ma­nia. Ba­bet­te Al­brecht es pa­ra los ger­ma­nos el ros­tro de los su­per­mer­ca­dos de ba­jo cos­te Al­di, una de las gran­des mar­cas del país, que, pa­ra­dó­ji­ca­men­te, siem­pre se ha­bía ca­rac­te­ri­za­do por la dis­cre­ción de sus pro­pie­ta­rios. Sus fun­da­do­res, Karl y Theo Al­brecht, crea­ron la com­pa­ñía tras la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial e hi­cie­ron del per­fil ba­jo y la es­ca­sa no­to­rie­dad una for­ma de vi­vir. Ba­bet­te, la viu­da de Bert­hold, el hi­jo de uno de los fun­da­do­res, ha di­na­mi­ta­do es­ta fi­lo­so­fía, desatan­do una tor­men­ta en­tre el res­to de he­re­de­ros de la em­pre­sa, re­ce­lo­sos de sus for­mas y su os­ten­to­so ni­vel de vi­da.

En reali­dad, la ale­gre y vi­tal em­pre­sa­ria, de 56 años, nun­ca fue de­ma­sia­do bien vis­ta por el po­de­ro­so clan, uno de los más ri­cos de Ale­ma­nia. A sus sue­gros no les gus­tó ex­ce­si­va­men­te que su hi­jo se ca­sa­se en 1985 con una jo­ven de ori­gen hu­mil­de y per­so­na­li­dad des­bor­dan­te. En su bo­da en el pa­la­cio de Hu­gen­poet no hu­bo ni dis­cur­sos ni bai­le, se­ñal inequí­vo­ca de que aque­llo no iba de­ma­sia­do bien. La ten­sión ape­nas se apla­có cuan­do na­cie­ron sus cua­tri­lli­zos (tres chi­cas y un chi­co que tie­nen aho­ra 26 años). La pa­re­ja fue du­ran­te años una ha­bi­tual de los ta­bloi­des ger­ma­nos, es­pe­cial­men­te por el gus­to de ella por los fo­cos, aun­que su no­to­rie­dad se ha vis­to no­ta­ble­men­te am­pli­fi­ca­da en los úl­ti­mos años.

El fa­lle­ci­mien­to de su ma­ri­do en el 2012 de­jó al des­cu­bier­to la des­bor­dan­te per­so­na­li­dad de la mu­jer. Aman­te de la al­fom­bra ro­ja y del gla­mour, tras la muer­te de Bert­hold em­pe­zó a dis­fru­tar de su no­ta­ble for­tu­na. Se en­ro­ló in­clu­so co­mo con­cur­san­te en el pro­gra­ma de te­le­vi­sión A bai­lar, la ver­sión teu­to­na del Mi­ra quién bai­la his­pano.

Por el ca­mino pa­só a he­re­dar una ju­go­sa par­te de Al­di Nor­te, la di­vi­sión de la ca­de­na que in­clu­ye los ac­ti­vos en el Nor­te del país y ocho paí­ses eu­ro­peos. Y es­ta­lló la gue­rra. La vi­da pú­bli­ca de la po­de­ro­sa mu­jer y su fir­me con­vic­ción de par­ti­ci­par en la ges­tión de la com­pa­ñía la han en­fren­ta­do a su cu­ña­do, Theo jú­nior, la otra ca­ra del clan Al­brecht, una suer­te de guar­dián de las esen­cias de la fa­mi­lia que quie­re mar­gi­nar­la del con­trol del im­pe­rio. Los ar­gu­men­tos de es­te pa­ra de­jar­la fue­ra de jue­go es que no tie­ne ni idea del ne­go­cio y que su ob­je­ti­vo es des­pil­fa­rrar la for­tu­na fa­mi­liar.

El ca­so es que por el mo­men­to Ba­bet­te se lle­va la mano. Ha­ce so­lo unos me­ses, un tri­bu­nal ale­mán le dio la ra­zón a ella y des­te­rró las in­ten­cio­nes de Theo Jr pa­ra ex­pul­sar­la del consejo de ad­mi­nis­tra­ción de la em­pre­sa a cam­bio de una ju­go­sa con­tra­pres­ta­ción anual. La gue­rra no ha he­cho más que em­pe­zar pe­ro la son­rien­te Ba­bet­te ya ha en­se­ña­do los dien­tes.

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

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