LA EVO­LU­CIÓN DE LA IN­FLA­CIÓN MAR­CA­RÁ EL DE­VE­NIR DEL 2017

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - PORTADA - XO­SÉ CAR­LOS ARIAS

El ca­te­drá­ti­co de Eco­no­mía Xo­sé Car­los Arias es­pe­ra que el te­mor de los go­ber­nan­tes a la subida de los pre­cios no vuel­va a pre­ci­pi­tar la co­mi­sión de los mis­mos erro­res del pa­sa­do.

Tras va­rios años de de­cre­ci­mien­to, el IPC ha re­gre­sa­do a ta­sas po­si­ti­vas, con un au­men­to de en torno al 1, 5 %. Es­te da­to es­tá le­van­tan­do vo­ces de alar­ma so­bre la po­si­bi­li­dad de que es­te­mos vol­vien­do a un es­ce­na­rio de in­fla­ción di­fí­cil de do­mar. Pe­ro, ¿ver­da­de­ra­men­te hay pa­ra tan­to? ¿El au­men­to de los pre­cios en esas pro­por­cio­nes cons­ti­tu­ye un pro­ble­ma real pa­ra la eco­no­mía? Y más im­por­tan­te aún, ¿es­ta­mos an­te un cam­bio de ten­den­cia, que se man­ten­drá en el tiem­po? Pa­ra res­pon­der con al­gu­na pre­ci­sión a es­tos in­te­rro­gan­tes con­vie­ne in­tro­du­cir un par de con­si­de­ra­cio­nes so­bre la na­tu­ra­le­za de la in­fla­ción co­mo pro­ble­ma eco­nó­mi­co.

La pri­me­ra es que fre­cuen­te­men­te eti­que­ta­mos co­mo in­fla­ción a lo que no lo es: pa­ra que po­da­mos de­no­mi­nar­lo así con ri­gor es ne­ce­sa­rio que se tra­te de un fe­nó­meno sos­te­ni­do, acu­mu­la­ti­vo, y no de un sim­ple y ais­la­do mo­vi­mien­to al al­za de los pre­cios. Quie­re de­cir­se que el au­men­to de un in­di­ca­dor co­mo el IPC no pa­sa de ser el ele­men­to vi­si­ble de un asun­to que, si se tra­ta de una ge­nui­na di­ná­mi­ca in­fla­cio­nis­ta, pue­de ser cier­ta­men­te com­ple­jo. Y en esa com­ple­ji­dad con fre­cuen­cia con­vi­ven pro­ble­mas de di­fe­ren­te ca­rác­ter. En ese sen­ti­do, hay que dis­tin­guir en­tre dos ti­pos de in­fla­ción: la que se ori­gi­na en torno a la pre­sión del consumo o la in­ver­sión, y la que tie­ne su ori­gen en el au­men­to de los cos­tes, ya sean los de las ma­te­rias pri­mas o los sa­la­rios.

Si bien esta úl­ti­ma —que fue tan im­por­tan­te en la cri­sis de la dé­ca­da de 1970— cons­ti­tu­ye siem­pre una ré­mo­ra pa­ra las eco­no­mías que la su­fren, la in­fla­ción de de­man­da exi­ge una mi­ra­da di­fe­ren­te, pues un au­men­to mo­de­ra­do de los pre­cios pue­de ser, sen­ci­lla­men­te, una se­ñal de di­na­mis­mo del sis­te­ma de in­ter­cam­bios (y al con­tra­rio, su no cre­ci­mien­to un signo de ato­nía). Los dos fe­nó­me­nos a ve­ces se dan si­mul­tá­nea­men­te (o in­clu­so se re­tro­ali­men­tan), pe­ro pue­de ocu­rrir tam­bién que va­yan en di­rec­ción opues­ta. Es de­cir, que con­vi­van pre­sio­nes in­fla­cio­nis­tas por el la­do de los cos­tes con otras de signo de­fla­cio­nis­ta en lo que se re­fie­re al em­pu­je de la de­man­da. Esta pre­ci­sión es im­por­tan­te, por­que es exac­ta­men­te lo que aho­ra ocu­rre: la subida del pre­cio del ba­rril de pe­tró­leo en ca­si un 50 % en el úl­ti­mo año (des­de los 40 dó­la­res a un en­torno de 60) es lo que es­tá de­trás de las subidas re­cien­tes del IPC en to­do el mun­do desa­rro­lla­do, y to­do su­gie­re que esa lí­nea se man­ten­drá a lo lar­go del 2017.

Ta­les pre­dic­cio­nes, sin em­bar­go, apun­tan a una evo­lu­ción muy mo­de­ra­da: en el ca­so de Es­pa­ña, el ín­di­ce de­bie­ra su­bir en torno a un 1,7-1,8 %, al­go li­ge­ra­men­te su­pe­rior al con­jun­to de la UEM (1,5 %) y en torno a la me­dia de los paí­ses desa­rro­lla­dos (1,9 %). Si re­cor­da­mos que el ob­je­ti­vo de ca­si todos los ban­cos cen­tra­les en esta ma­te­ria es el 2 %, po­dre­mos cons­ta­tar que el te­mor a un re­torno de la in­fla­ción es, al me­nos de mo­men­to, bas­tan­te exa­ge­ra­do. Y aquí pro­ce­de in­tro­du­cir la se­gun­da re­fle­xión: la in­fla­ción pue­de ser un pro­ble­ma en­de­mo­nia­do y de con­se­cuen­cias la­ce­ran­tes si se pro­du­ce en al­tas do­sis, tal co­mo ocu­rrió en to­do el mun­do en el úl­ti­mo ter­cio del si­glo XX. Pe­ro un en­torno así, de­ci­di­da­men­te in­fla­cio­na­rio, ya que­da le­jos en la reali­dad eco­nó­mi­ca de los paí­ses desa­rro­lla­dos, aun­que al­gu­nos go­ber­nan­tes si­gan ob­se­sio­na­dos por su es­pec­tro (lo que en los úl­ti­mos años pro­du­jo al­gu­nos im­por­tan­tes erro­res en la di­rec­ción de la po­lí­ti­ca eco­nó­mi­ca). Ese es uno de los gran­des pe­li­gros del 2017: que el mie­do a una ame­na­za de in­fla­ción (aso­cia­da al cos­te de la ener­gía) cons­ti­tu­ya un nue­vo obs­tácu­lo pa­ra la reac­ti­va­ción, y en úl­ti­mo tér­mino ali­men­te las fuer­zas de­fla­cio­nis­tas que per­vi­ven en torno a la de­man­da.

| BILAL QABALAN / AFP

La in­fla­ción de­be­ría man­te­ner­se al al­za en el 2017 al ca­lor de la subida del pe­tró­leo.

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