Cre­ce el em­pleo

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Juan Carlos Mar­tí­nez

Ha­blar de eco­no­mía es su­frir. La noticia eco­nó­mi­ca de la se­ma­na re­cién ter­mi­na­da, sin em­bar­go, es po­si­ti­va, por no de­cir fe­liz, por­que la fe­li­ci­dad es cues­tión in­di­vi­dual y to­da­vía hay in­di­vi­duos —y pro­vin­cias, co­mo Ou­ren­se— a quie­nes la eco­no­mía ha de­ja­do en la cu­ne­ta. La noticia es la que traía la EPA del 2016, se­gún la cual el pa­ro en Es­pa­ña se ha re­du­ci­do en más de me­dio mi­llón de per­so­nas, y en Ga­li­cia, en 18.500. Me­jo­ra la ac­ti­vi­dad no so­lo por las ex­por­ta­cio­nes, sino que tam­bién se reac­ti­va la de­man­da in­ter­na, que es lo que es­pe­ra­ban des­de ha­ce ca­si un de­ce­nio las pe­que­ñas em­pre­sas, que vi­ven del mer­ca­do cer­cano.

Tam­bién hay som­bras. Aun­que ha­ya­mos mar­ca­do es­ta vez ré­cords de em­pleo, lo cier­to es que en el 2015 aún fue­ron más —600.000— los ciudadanos es­pa­ño­les que de­ja­ron el pa­ro.

En Ga­li­cia, co­mo de cos­tum­bre, la co­sa de­pen­de. Hay más em­plea­dos que el año pa­sa­do, pe­ro la po­bla­ción ac­ti­va no de­ja de des­cen­der. Es el efec­to más cla­ra­men­te con­ta­ble de la cri­sis de­mo­grá­fi­ca, por­que los ac­ti­vos, que son los pai­sa­nos y pai­sa­nas en edad de tra­ba­jar, for­man el ejér­ci­to que el mer­ca­do pue­de re­clu­tar si las co­sas mar­chan bien. En el 2016, la po­bla­ción ac­ti­va ga­lle­ga era de 1.253.800 per­so­nas. En el 2010, su­ma­ba 50.000 per­so­nas más. El de­cai­mien­to pa­re­ce im­pa­ra­ble.

En la siem­pre fla­ca lis­ta de las no­ti­cias ale­gres, hay un par de ellas que per­mi­ten la esperanza: la Con­fe­ren­cia de Pre­si­den­tes acuer­da una «es­tra­te­gia na­cio­nal» pa­ra abor­dar la cri­sis de­mo­grá­fi­ca. Con ese nom­bre, que pa­re­ce co­mo pa­ra re­sis­tir el avan­ce de los na­zis ha­cia Gran Bre­ta­ña, ¿se que­da­rá to­do en una co­mi­sión de fun­cio­na­rios? Es­cu­chen las au­to­ri­da­des, co­mo nos re­co­mien­dan los sa­bios, vo­ces di­ver­sas, in­clu­so aque­llas que nun­ca pi­sa­rían una co­mi­sión ofi­cial. La otra noticia ale­gre: el Su­pre­mo y el Cons­ti­tu­cio­nal dan la ra­zón a sen­das mu­je­res cu­yas em­pre­sas las pe­na­li­za­ron por aco­ger­se a ba­jas por em­ba­ra­zos de ries­go, es de­cir, por te­ner hi­jos. Una de ellas era lim­pia­do­ra en un cen­tro de sa­lud; es de­cir, su em­plea­dor úl­ti­mo era el Es­ta­do. ¿Có­mo en­ca­ja­mos es­to en la es­tra­te­gia na­cio­nal?

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