EL MIDAS DE LAS PAN­TA­LLAS

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Ash­ton Kut­cher

Pue­de que Ash­ton Kut­cher (Ce­dar Ra­pids, Io­wa, Es­ta­dos Uni­dos, 1978) no sea uno de esos actores que de­ja al pú­bli­co con la bo­ca abier­ta por su ta­len­to en la pan­ta­lla. Pe­ro sí uno de los me­jor pa­ga­dos de la te­le­vi­sión. Sus pa­pe­les de gua­po al­go so­so le han re­sul­ta­do muy ren­ta­bles. Ca­si tan­to co­mo sus in­ver­sio­nes. Y es que, si al­go pa­re­ce que tie­ne el ex de De­mi Moo­re —apar­te de buen gus­to, que di­rán al­gu­nos— es ol­fa­to para los ne­go­cios. O eso por lo me­nos es lo que can­tan los nú­me­ros.

En el 2010 creó, jun­to a otros dos ami­gos tam­bién fa­mo­sos (el mi­llo­na­rio Ron Bur­kle y Guy Oseary, má­na­ger de Ma­don­na o U2, en­tre otros), un fon­do de in­ver­sión, A-Gra­de, cu­yos re­sul­ta­dos han de­ja­do a mu­cho con los ojos co­mo pla­tos.

Le van a Kut­cher las star­tup. Y tan­to tino de­mues­tra con sus apues­tas, que se ha abo­na­do a los pri­me­ros pues­tos de los rán­kings de ce­le­bri­da­des que in­vier­ten en nue­vas em­pre­sas. Y con mu­cho acier­to, to­do hay que de­cir­lo. Pe­ro es que, ade­más, el de Io­wa no se li­mi­ta a co­lo­car su di­ne­ro en el lu­gar ele­gi­do y es­pe­rar a que lle­guen los ré­di­tos. Des­pués de en­trar en el ca­pi­tal de las em­pre­sas que es­co­ge, uti­li­za su fa­ma y su nom­bre para im­pul­sar esas com­pa­ñías, e in­clu­so par­ti­ci­pa en su ges­tión.

Ai­rbnb y Uber han si­do sus ma­yo­res acier­tos. Pe­ro tam­bién ha pues­to di­ne­ro en Flip­board, Fours­qua­re, Sky­pe o Spo­tify. Tan bue­na mano tie­ne que, en ape­nas sie­te años, ha con­se­gui­do con­ver­tir 30 mi­llo­nes de dó­la­res en 250. No es­tá mal. Su con­se­jo, de lo más sen­ci­llo: «In­vier­te en co­sas que co­no­ces». Y lo ar­gu­men­ta: «Si be­bes cer­ve­za, pro­ba­ble­men­te se­pas cuá­les son las me­jo­res». Pe­ro no to­do han si­do ale­grías. Tam­bién ha su­fri­do el ac­tor al­gún que otro ba­ta­ca­zo. Los más so­na­dos, su en­tra­da en Oo­ma, una web de ser­vi­cio te­le­fó­ni­co de la que lle­gó a ser di­rec­tor crea­ti­vo y cu­ya co­ti­za­ción ca­yó a plo­mo tras pi­sar la bol­sa; y su fra­ca­so en Uber-for-pla­nes, una apli­ca­ción de jets pri­va­dos.

An­tes de con­ver­tir­se en una es­tre­lla de Holly­wood y en un in­ver­sor de éxi­to, el hi­jo de Larry Kut­cher, em­plea­do de Ge­ne­ral Mills, y de Dia­ne Port­wood, tra­ba­ja­do­ra de Proc­ter & Gam­ble, pro­bó suer­te con la In­ge­nie­ría Bio­quí­mi­ca en la Uni­ver­si­dad de Io­wa. Lo de­jó en 1997. Des­pués de pro­cla­mar­se ven­ce­dor del con­cur­so Fresh Fa­ces, el pa­sa­por­te ha­cia su ca­rre­ra de mo­de­lo en Nue­va York. Y de ahí, a la in­ter­pre­ta­ción, su sue­ño. En 1998 lo­gró su pri­mer pa­pel co­mo ac­tor pro­fe­sio­nal. En te­le­vi­sión, el me­dio que más éxi­tos y di­ne­ro le ha pro­por­cio­na­do.

Pe­ro su úl­ti­ma lu­cha na­da tie­ne que ver con las co­ti­za­cio­nes, sino con la ex­plo­ta­ción se­xual in­fan­til, cru­za­da en la que es­tá po­nien­do to­do el em­pe­ño.

En la vi­da, co­mo en la bol­sa, no se le pue­de ne­gar a Kut­cher que sa­be di­ver­si­fi­car.

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

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