EL SIN­DI­CA­LIS­TA AC­CI­DEN­TAL

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Unai Sor­do SE­CRE­TA­RIO GE­NE­RAL DE CC.OO. EN EL PAÍS VAS­CO

So­plan ai­res de re­no­va­ción en Co­mi­sio­nes Obre­ras. Ignacio Fer­nán­dez To­xo da un pa­so atrás. Se re­ti­ra. No op­ta­rá a un ter­cer man­da­to —el úl­ti­mo que le per­mi­tían los es­ta­tu­tos— al fren­te del pri­mer sin­di­ca­to del país. De­ja­rá los man­dos a prin­ci­pios de ju­lio, cuan­do cul­mi­ne el XI con­gre­so de la or­ga­ni­za­ción. Y eso que cuen­ta con el res­pal­do ma­yo­ri­ta­rio de sus com­pa­ñe­ros. Pe­ro «la sociedad y la po­lí­ti­ca han cam­bia­do. El sin­di­ca­to tie­ne que ha­cer­lo tam­bién. Y de­be em­pe­zar por el se­cre­ta­rio ge­ne­ral», es­gri­mió cuan­do anun­ció su de­ci­sión ha­ce unos días.

Y aun­que ese mis­mo día el fe­rro­lano sa­có pe­cho y pre­su­mió de «ban­qui­llo», lo cier­to es que el to­da­vía lí­der de CC.OO. no ha que­ri­do ir­se sin de­jar más o me­nos ata­da su su­ce­sión. El ele­gi­do: Unai Sor­do, res­pal­da­do por el con­se­jo con­fe­de­ral.

«Yo no de­jo su­ce­sor ni un del­fín para asu­mir la se­cre­ta­ría ge­ne­ral. Es el can­di­da­to del con­se­jo, no del se­cre­ta­rio ge­ne­ral. Aho­ra tie­ne que ga­nar­se la con­fian­za». Con eso qui­so ata­jar To­xo las crí­ti­cas por lo que al­gu­nos con­si­de­ran un de­da­zo.

Sor­do (Ba­ra­cal­do, 1972) lle­va más de ocho años al fren­te de la or­ga­ni­za­ción en el País Vas­co. Lle­gó a es­to del sin­di­ca­lis­mo «co­mo pa­sa al­gu­nas ve­ces en la vi­da, ca­si por ca­sua­li­dad y con con­jun­ción de as­tros me­dian­te», co­mo él mis­mo con­fie­sa en su blog.

Gra­dua­do so­cial por la Uni­ver­si­dad del País Vas­co, a lo lar­go de es­tos años se ha ga­na­do el res­pe­to de los afi­lia­dos con su ima­gen «de tra­ba­ja­dor de un ba­rrio de Bilbao» que ha vi­vi­do en sus pro­pias car­nes «pe­río­dos de con­tra­tos tem­po­ra­les, for­ma­ción y des­em­pleo». Du­ros fue­ron los años que tra­ba­jó en la ma­de­ra. Y co­mo re­co­lec­tor de fresas en la lo­ca­li­dad va­lli­so­le­ta­na de Cas­tro­nu­ño, el pue­blo de su fa­mi­lia ma­ter­na. Ahí es a don­de se es­ca­pa cuan­do quie­re «des­co­nec­tar». Eso o per­der­se en las vie­jas ciu­da­des de Eu­ro­pa, por las que sien­te pre­di­lec­ción. Tan­ta co­mo por la fo­to­gra­fía.

Pu­so su pri­mer pie en Co­mi­sio­nes en el año 2000. Y el as­cen­so ha si­do ful­gu­ran­te. Ini­ció su an­da­du­ra co­mo res­pon­sa­ble del área de Ju­ven­tud y en el 2004 ya li­de­ra­ba la or­ga­ni­za­ción te­rri­to­rial de Viz­ca­ya. Na­ci­do en el seno de una fa­mi­lia hu­mil­de, ase­gu­ra de­bér­se­lo to­do al sis­te­ma público. «An­te to­do, soy un deu­dor so­cial», ase­gu­ra para re­fe­rir­se a sí mis­mo. Y eso por­que na­ció en un hos­pi­tal público. El mis­mo día (2 de oc­tu­bre), re­cal­ca, que Antonio Ga­la, Gand­hi o Grou­cho Marx. Es­tu­dió en un co­le­gio pu­bli­co, en un ins­ti­tu­to público y en una uni­ver­si­dad pú­bli­ca. «Ya sé que aho­ra se lle­va más des­ta­car lo de ha­ber­se he­cho a uno mis­mo, pe­ro qué le va­mos a ha­cer: en aque­llos tiem­pos de co­de­ras y ro­di­lle­ras re­men­da­das, de jer­seys he­re­da­dos de pri­mos, sin aque­llos in­ci­pien­tes ser­vi­cios pú­bli­cos no da­ba ni hu­bie­ra da­do para más…», re­co­no­ce en su blog.

De por dón­de pue­den ir los ti­ros si fi­nal­men­te se al­za con las rien­das de Co­mi­sio­nes ofre­ce al­gu­na pis­ta su idea del pa­pel que ha de ju­gar un sin­di­ca­to: «Para ser útil de­be ayu­dar a ge­ne­rar de­re­chos».

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

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