Los ríos y las per­so­nas

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SE­MA­NA -

Nues­tras vi­das son los ríos que van a dar a la mar, de­cía Jor­ge Manrique, en una me­tá­fo­ra so­bre la con­di­ción pe­re­ce­de­ra de la exis­ten­cia que tam­bién re­la­cio­na dos tér­mi­nos in­se­pa­ra­bles: vi­da y río. Las aguas dul­ces ali­men­tan la bios­fe­ra y son un bien es­ca­so; si el cam­bio cli­má­ti­co si­gue su ca­mino, el re­cur­so hi­dro­ló­gi­co mul­ti­pli­ca­rá su va­lor. Y, en es­te as­pec­to, Ga­li­cia es una po­ten­cia. Por al­go es­ta co­mu­ni­dad ge­ne­ra un 21 % de la pro­duc­ción hi­droe­léc­tri­ca es­pa­ño­la. En sus mi­les de ríos, 150 cen­tra­les ex­traen elec­tri­ci­dad pa­ra con­su­mir y ex­por­tar. Cin­co o seis ma­nan­tia­les en­vían al mer­ca­do al­gu­nas de las aguas de me­sa más apre­cia­das y su ne­go­cio cre­ce sin pa­rar.

Y a pe­sar de vi­vir en un país de ríos, fuen­tes y re­ga­tos pe­que­ños, no nos dis­tin­gui­mos de los de­más en el cui­da­do de las aguas dul­ces. Es­ta mis­ma se­ma­na, la con­se­llei­ra de Me­dio Am­bien­te, Bea­triz Ma­to, anun­ció que des­de el año que vie­ne con­ta­re­mos con un ob­ser­va­to­rio de los ríos pa­ra vi­gi­lar su cui­da­do, en un ac­to en el que tam­bién se com­pro­me­tió a coope­rar con la for­ma­ción de vo­lun­ta­rios pa­ra lim­piar los cur­sos de agua. To­da­vía su­fri­mos con­ta­mi­na­cio­nes y ver­ti­dos que se tra­du­cen en que un 23 % de nues­tros ríos se en­cuen­tran en mal es­ta­do. Las con­ce­sio­nes hi­dro­eléc­tri­cas aún per­mi­ten que el pro­pie­ta­rio de la cen­tral se con­si­de­re due­ño del río, co­mo se ha vis­to en el pe­no­so ca­so del Xa­llas y su cas­ca­da en Éza­ro, que el con­ce­sio­na­rio se­ca­ba o ha­cía co­rrer a con­ve­nien­cia.

En Nue­va Ze­lan­da, don­de tie­nen otra tra­di­ción, aca­ban de de­ci­dir que un río, el Whan­ga­nui, es una per­so­na. Con es­ta fic­ción le­gal, la co­rrien­te de agua dul­ce po­drá de­man­dar —a tra­vés de sus cui­da­do­res, uno del Go­bierno y otro de la co­mu­ni­dad mao­rí por don­de pa­sa— a quien lo da­ñe, y de­fen­der­se me­jor. En Ga­li­cia, en prin­ci­pio, va­mos a con­for­mar­nos con el ob­ser­va­to­rio. Si el río fue­se una per­so­na no sa­be­mos si ten­dría me­jor ga­ran­ti­za­dos sus de­re­chos, a no ser que le en­con­trá­se­mos al­gún pa­ren­tes­co con la ca­sa real o con los due­ños de al­gu­na de las gran­des cons­truc­to­ras.

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