«Mu­chos creen que yo les in­du­je, pe­ro lo hi­cie­ron con to­tal li­ber­tad»

JU­LIO Y VIC­TO­RIA PICATOSTE MAGISTRADO, ABO­GA­DA Y AM­BOS PRO­FE­SO­RES UNI­VER­SI­TA­RIOS

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - EN PORTADA -

Dos de dos. Es el pleno en De­re­cho de la fa­mi­lia Picatoste. Los dos hi­jos de Ju­lio, magistrado de la Au­dien­cia Pro­vin­cial de Pon­te­ve­dra y pro­fe­sor en la Uni­ver­si­da­de de Vi­go, op­ta­ron por es­tu­diar es­ta ca­rre­ra. «Mu­chos creen que yo les in­du­je, pe­ro lo hi­cie­ron con to­tal li­ber­tad», ase­gu­ra el juez.

A es­te pa­dre no le ha­cía es­pe­cial ilu­sión tras­pa­sar el le­ga­do fa­mi­liar y has­ta le pa­re­cía «abu­rri­do». «Siem­pre de­cía que hu­bie­ra pre­fe­ri­do más va­rie­dad en ca­sa, para ha­blar de Me­di­ci­na o Be­llas Ar­tes, por ejem­plo», re­cuer­da Vic­to­ria, su hi­ja, hoy abo­ga­da y tam­bién pro­fe­so­ra uni­ver­si­ta­ria. Su her­mano, tras ter­mi­nar la ca­rre­ra, pre­fi­rió de­di­car­se al Pe­rio­dis­mo. De­re­cho le pa­re­cía «un ro­llo». Pe­ro ella se enamo­ró de una elec­ción que lle­gó de for­ma sua­ve, na­tu­ral.

FA­MI­LIA­RI­DAD

En­tre Fi­lo­so­fía y Le­tras se de­can­tó por De­re­cho por­que «te­nía más sa­li­das». Y por su­pues­to, un com­po­nen­te de fa­mi­lia­ri­dad. «De pe­que­ña acom­pa­ña­ba a mi pa­dre a los juz­ga­dos y ju­ga­ba a los jue­ces en la sa­la de vis­tas», re­cuer­da. De su pa­dre apren­dió que el tra­ba­jo era al­go im­por­tan­te y va­lio­so. «Tra­ba­ja­ba mu­cho, en ca­sa, tam­bién los fi­nes de se­ma­na, pe­ro siem­pre que yo lo ne­ce­si­ta­ba de­ja­ba los pa­pe­les a un la­do y me aten­día». Son mu­chas y nu­me­ro­sas las sagas fa­mi­lia­res de ju­ris­tas, aun­que me­nos ha­bi­tual su ca­so, sin he­re­dar un des­pa­cho, em­pe­zan­do des­de ce­ro. Y aún así, han te­ni­do que es­cu­char la can­ti­ne­la de «es la hi­ja de...». Para Ju­lio, «son co­men­ta­rios inevi­ta­bles, pe­ro no cier­tos. Nun­ca ha te­ni­do in­fluen­cia que fue­se mi hi­ja. Ni du­ran­te la ca­rre­ra ni des­pués. En el des­pa­cho en el que es­tá aho­ra en­tró por un com­pa­ñe­ro de ca­rre­ra, no por mí. Ade­más, ella es mu­cho me­jor que yo, mu­cho más lis­ta que yo». De su ma­dre, maes­tra, Vic­to­ria tam­bién ha he­re­da­do una par­te, su vo­ca­ción aca­dé­mi­ca y do­cen­te. Aquí tam­bién hay pleno.

| M. MORALEJO

Vic­to­ria y Ju­lio, en su ca­sa de Vi­go, don­de po­seen una cu­rio­sa biblioteca es­pe­cia­li­za­da en te­mas ju­rí­di­cos.

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