EL TENDERO DEL MUN­DO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - ACTUALIDAD -

Ate­so­ra la ter­ce­ra for­tu­na más abul­ta­da del pla­ne­ta. Por de­trás de Ga­tes y Or­te­ga. Pe­ro es so­lo cuestión de tiem­po que aca­be sien­do el pri­me­ro. O eso al me­nos es lo que va­ti­ci­nan al­gu­nos ana­lis­tas. Por­que a su ne­go­cio, di­cen, no se le adivina el te­cho. Su par­ti­ci­pa­ción en Ama­zon, el gi­gan­te del co­mer­cio elec­tró­ni­co que alum­bró en 1994 en un ga­ra­je de Seattle —hay que ver cuán­to ta­len­to se amon­to­na­ba en esos años en las co­che­ras—, ha ele­va­do la cuen­ta co­rrien­te de Jeff Be­zos (Al­bu­quer­que, Nue­vo Mé­xi­co, 1964) has­ta los 81.000 mi­llo­nes de dó­la­res, por los 87.400 de Ga­tes y los 82.300 del fun­da­dor de In­di­tex.

Cuan­do Be­zos —ape­lli­do que to­mó del se­gun­do ma­ri­do de su ma­dre (na­ció co­mo Jeffrey Pres­ton Tor­gen­sen)— pu­so a fun­cio­nar aque­lla pe­que­ña li­bre­ría on­li­ne, Ca­da­bra. com —el ger­men de lo que hoy es el gi­gan­te Ama­zon— ya es­ta­ba cur­ti­do en mil ba­ta­llas en el te­rreno laboral. En el fi­nan­cie­ro, pa­ra ser más exac­tos.

Tras es­tu­diar in­ge­nie­ría eléc­tri­ca en la pres­ti­gio­sa Uni­ver­si­dad de Prin­ce­ton, el jo­ven Be­zos ate­rri­zó en Wall Street. Tra­ba­jan­do pa­ra la fir­ma de in­ver­sión D.E. Shaw. Y su as­cen­so fue ful­gu­ran­te. Pe­ro no es Be­zos de los que se apol­tro­nan. El su­yo es más bien un cu­lo in­quie­to. Por eso no le im­por­tó de­jar aquel pues­to tan bien re­mu­ne­ra­do pa­ra em­bar­car­se en la aven­tu­ra que lo ha lle­va­do has­ta don­de es­tá, des­lum­bra­do por un fu­tu­ro que adi­vi­na­ba bri­llan­te: el de las em­pre­sas de In­ter­net. Cuan­do so­lo unos po­cos te­nían cla­ro que aque­llo iba a re­vo­lu­cio­nar el mun­do. Y de qué ma­ne­ra. Se lan­zó a la pis­ci­na de las nue­vas tec­no­lo­gías con un ca­pi­tal de 300.000 dó­la­res. Y pron­to, muy pron­to, la arries­ga­da apues­ta co­men­zó a dar fru­tos. No ha­bían pa­sa­do ni dos me­ses y ya ven­dían 20.000 dó­la­res a la se­ma­na. Con el cre­ci­mien­to, lle­gó la di­ver­si­fi­ca­ción del ne­go­cio. Y, ade­más de li­bros, la em­pre­sa, re­bau­ti­za­da ya co­mo Ama­zon —en ho­nor al río Ama­zo­nas— , em­pe­zó a ven­der de to­do.

En 1997, en pleno apo­geo, lle­gó la sa­li­da a Bol­sa. Esa que tan­tos ré­di­tos le ha pro­por­cio­na­do a su fun­da­dor. Hoy la com­pa­ñía va­le más de 450.000 mi­llo­nes de dó­la­res y el año pa­sa­do ganó ca­si 2.400 mi­llo­nes. Al­go que se­gu­ro que Be­zos no se atre­vió ni si­quie­ra a so­ñar en aque­llos co­mien­zos en el ga­ra­je.

Es­tá cla­ro que su for­ma de ges­tio­nar es to­do un éxi­to. Pe­ro sus ma­ne­ras al man­do, no tan­to. Dis­tan mu­cho de lo agra­da­ble. Tan­to es así que ha­ce al­gu­nos años se ganó el tí­tu­lo de peor je­fe del mun­do. Se lo otor­gó la Con­fe­de­ra­ción In­ter­na­cio­nal de Sin­di­ca­tos. Y Be­zos, se en­co­gió de hom­bros. «Es más fá­cil ser ama­ble que ser in­te­li­gen­te. La in­te­li­gen­cia es un don, la ama­bi­li­dad es una elec­ción», di­jo el em­pre­sa­rio. ¿Eres un va­go, o so­lo un in­com­pe­ten­te? Es una de las frases que sue­le sol­tar­les a sus em­plea­dos. O eso di­ce la le­yen­da. Con to­do, y años des­pués de aque­lla idea de la li­bre­ría on­li­ne, a Be­zos le si­gue atra­yen­do lo nue­vo. De ahí su em­pe­ño por en­viar tu­ris­tas al es­pa­cio. Y lo que pre­ci­sa re­no­va­ción, ¿Por qué si no se ha com­pra­do el Washington Post en ple­na era di­gi­tal?

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

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