UN MI­NIS­TRO MUY DICHARACHERO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Mercados - - LA SEMANA - Cris­tó­bal Montoro MI­NIS­TRO DE HA­CIEN­DA

Lo de caer­le mal al pró­ji­mo va con el car­go. Aun­que sea es­te un ca­so tru­fa­do tam­bién de mé­ri­tos pro­pios. Sa­li­das de tono y me­te­du­ras de pa­ta se le cuen­tan por de­ce­nas. Y, ade­más, no es él hom­bre que sue­la re­cu­lar. Po­cas son las ve­ces que se apea de sus pa­la­bras. Por no de­cir que nin­gu­na.

Na­da que ver su in­con­ti­nen­cia ver­bal con la fi­lo­so­fía que guía los pa­sos de su je­fe, fer­vien­te aman­te de aque­llo de que el ver­da­de­ro ta­len­to no re­si­de en sa­ber lo que se ha de de­cir, sino en dis­cer­nir lo que se ha de ca­llar. Y no pa­re­ce que a es­tas al­tu­ras (el pró­xi­mo 28 de ju­lio so­pla­rá 67) va­ya su se­ño­ría a cam­biar.

In­clu­so aho­ra, en uno de los mo­men­tos más de­li­ca­dos de su ca­rre­ra, se re­sis­te a ca­llar. Se en­fren­ta Cris­tó­bal Montoro (Jaén, 1950) a una si­tua­ción com­pli­ca­da. De de­bi­li­dad. En ple­na ne­go­cia­ción de los Pre­su­pues­tos Ge­ne­ra­les del 2018 —la ley que ha de dar sos­tén al pro­yec­to po­lí­ti­co de Ma­riano Ra­joy—, re­pro­ba­do por el Con­gre­so, cues­tio­na­do por el PSOE co­mo in­ter­lo­cu­tor y en­vuel­to en la po­lé­mi­ca por va­rias in­for­ma­cio­nes pe­rio­dís­ti­cas.

Pe­ro no es él de los que se do­ble­gan. Doc­tor en Cien­cias Eco­nó­mi­cas y Em­pre­sa­ria­les y ca­te­drá­ti­co de Eco­no­mía Apli­ca­da, se­cre­ta­rio de Es­ta­do de Eco­no­mía —a las ór­de­nes de Ra­to— en el pri­mer Go­bierno de Jo­sé Ma­ría Az­nar; mi­nis­tro de Ha­cien­da, en el se­gun­do, car­go pa­ra el que lo re­cu­pe­ró Ra­joy tras la victoria del 2011, Montoro no se rin­de. Se di­je­ra in­com­bus­ti­ble. Inase­qui­ble al des­alien­to y, so­bre to­do, a las crí­ti­cas. Que le llue­ven. Aho­ra más que nun­ca.

El úl­ti­mo y gran cha­pa­rrón lo ha desata­do el Cons­ti­tu­cio­nal. Des­de allí le han de­ja­do cla­ro al mi­nis­tro que la am­nis­tía fis­cal que apro­bó en el 2012 su­pu­so, en la prác­ti­ca, «la ab­di­ca­ción del Es­ta­do an­te su obli­ga­ción de ha­cer efec­ti­vo el de­ber de to­dos de con­cu­rrir al sos­te­ni­mien­to de los gas­tos pú­bli­cos». Va­mos, que se sal­tó a la to­re­ra eso de que Ha­cien­da so­mos to­dos. Y no so­lo eso. Sino que vino a le­gi­ti­mar «la con­duc­ta de quie­nes, de for­ma in­so­li­da­ria, in­cum­plie­ron su de­ber de tri­bu­tar de acuer­do con su ca­pa­ci­dad eco­nó­mi­ca, co­lo­cán­do­los fi­nal­men­te en una si­tua­ción más fa­vo­ra­ble que la de aque­llos que cum­plie­ron vo­lun­ta­ria­men­te y en pla­zo su obli­ga­ción de con­tri­buir».

La som­bra de aque­lla po­lé­mi­ca am­nis­tía lo ha per­se­gui­do du­ran­te to­dos es­tos años. Más in­clu­so que las im­po­pu­la­res me­di­das que to­mó na­da más ate­rri­zar en el Go­bierno, co­mo una fuer­te subida de im­pues­tos o la su­pre­sión de una pa­ga ex­tra a los fun­cio­na­rios. So­lo hay que echar un vis­ta­zo a los nom­bres de al­gu­nos de los que se be­ne­fi­cia­ron de ella — Luis Bár­ce­nas, Ro­dri­go Ra­to, la fa­mi­lia Pu­jol, Fran­cis­co Gra­na­dos...— pa­ra en­ten­der la in­dig­na­ción ciu­da­da­na.

La sen­ten­cia del Cons­ti­tu­cio­nal le ha va­li­do la re­pro­ba­ción del Con­gre­so. Pe­ro él, co­mo si oyera llover. El «la vi­da si­gue» que pro­nun­ció tras la re­pri­men­da par­la­men­ta­ria de­ja cla­ro lo que le im­por­ta.

No tie­ne el jien­nen­se in­ten­ción al­gu­na de de­jar de ser mi­nis­tro. «Lo que opi­ne uno u otro lo leo, lo res­pe­to y lo va­lo­ro, pe­ro yo ten­go tra­ba­jo», ha zan­ja­do es­tos días, en el ojo del Hu­ra­cán. Da por he­cho que cuenta con el res­pal­do del pre­si­den­te Ra­joy.

ABRALDES | http://abral­de­sar­ts­tu­dios.jim­do.com

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