Se­xua­li­dad sin ta­búes

N. BROCHMANN/ E. STOKKEN DAHL Es­pe­cia­lis­tas en sa­lud se­xual

La Voz de Galicia (A Coruña) - Salud - - Portada - TEX­TO: ELE­NA MÉN­DEZ

Dos au­to­ras no­rue­gas arra­san con un li­bro que des­mon­ta los mi­tos so­bre el or­gas­mo y la va­gi­na

HA­BLE­MOS DE SE­XO. Destruyen mi­tos y di­fun­den co­no­ci­mien­tos so­bre la vul­va, la vir­gi­ni­dad, el pe­ne, la an­ti­con­cep­ción o las en­fer­me­da­des de trans­mi­sión se­xual. Y to­do lo ha­cen con un len­gua­je cla­ro y di­rec­to en el que tam­bién hay es­pa­cio pa­ra el hu­mor. Ni­na y Ellen po­nen su cien­cia al ser­vi­cio de la mu­jer.

To­do em­pe­zó con un blog. Ni­na Brochmann y Ellen Stokken Dahl, dos es­tu­dian­tes de me­di­ci­na de la Uni­ver­si­dad de Oslo, ini­cia­ban en el año 2015 el blog Un­der­li­vet, que en es­pa­ñol se­ría al­go así co­mo Los ba­jos. Un blog que ini­cia­ron pen­san­do en los más jó­ve­nes, pe­ro al que en­se­gui­da se su­ma­ron hom­bres y mu­je­res de to­das las eda­des pa­ra com­par­tir sus du­das, te­mo­res y erro­res. Hoy, tres años des­pués y ya a pun­to de ter­mi­nar sus es­tu­dios, Ni­na y Ellen vuel­can su sa­bi­du­ría en El li­bro de la va­gi­na: to­do lo que de­bes sa­ber y nun­ca te has atre­vi­do a pre­gun­tar... No­so­tros nos atre­ve­mos.

—¿Qué le in­tere­sa sa­ber a la gen­te so­bre «los ba­jos»?

—Las mu­je­res de en­tre 16 y 30 años es­tán in­tere­sa­das en la an­ti­con­cep­ción y en la mens­trua­ción. Mu­chas creen que la an­ti­con­cep­ción hor­mo­nal es per­ju­di­cial, y te­men las con­se­cuen­cias de per­der su pe­río­do de­bi­do a la an­ti­con­cep­ción. En reali­dad, la ma­yo­ría de las mu­je­res pue­den usar la an­ti­con­cep­ción hor­mo­nal con se­gu­ri­dad y sin ex­pe­ri­men­tar efec­tos se­cun­da­rios da­ñi­nos. De­jar de te­ner el pe­río­do es com­ple­ta­men­te se­gu­ro. Tam­bién manifiestan mu­cha inseguridad cuan­do se tra­ta de hablar de se­xo y nor­ma­li­dad. A la gen­te le preo­cu­pa no dar la ta­lla. Tie­nen es­tán­da­res muy al­tos y po­co rea­lis­tas en cuan­to a qué ti­po de se­xo de­ben prac­ti­car y con qué fre­cuen­cia. No­sos­tras tra­ta­mos de ofre­cer la in­for­ma­ción que ne­ce­si­tan pa­ra sen­tir­se re­la­ja­dos. Uti­li­za­mos da­tos mé­di­cos pa­ra de­mos­trar­les que tal y co­mo son, ya son lo bas­tan­te bue­nos.

—¿Hay hom­bres en­tre sus se­gui­do­res?

—Sí, te­nía­mos lec­to­res va­ro­nes en nues­tro blog, y sa­be­mos que nues­tro li­bro cuen­ta con un pú­bli­co mas­cu­lino. Mu­chos hom­bres leen el li­bro pa­ra en­ten­der a las mu­je­res de sus vi­das. Un lec­tor nos di­jo que que­ría apren­der so­bre su hi­ja. Otros lo le­ye­ron pa­ra en­ten­der a sus no­vias. Ade­más, la po­si­ción CAT (una po­si­ción se­xual que au­men­ta la po­si­bi­li­dad de que una mu­jer ob­ten­ga el or­gas­mo du­ran­te el se­xo va­gi­nal) tam­bién es muy po­pu­lar en­tre los hom­bres.

—Ha­ce al­gu­nos años las mu­je­res no se atre­vían a mi­rar sus vul­vas, aho­ra van al ci­ru­jano pa­ra «me­jo­rar­las» .

—No sé si las mu­je­res aho­ra mi­ran más o me­nos sus vul­vas, pe­ro el mi­to so­bre có­mo de­ber ser la vul­va ideal es­tá más ex­ten­di­do. La gen­te pa­re­ce creer que una vul­va debe pa­re­cer lim­pia y or­de­na­da, co­mo la de una ni­ña. Sin pe­lo, y con la­bios in­ter­nos más cor­tos. Las mu­je­res que no en­ca­jan con es­ta des­crip­ción (po­cas lo ha­cen) pue­den sen­tir­se in­se­gu­ras, y ele­gir la ci­ru­gía. La vul­va adul­ta pue­de pa­re­cer muy des­or­de­na­da, con plie­gues y bor­des irre­gu­la­res. Eso es nor­mal y ¡muy bueno! Nues­tras vul­vas son di­ver­sas, y eso es na­tu­ral.

—¿La vir­gi­ni­dad si­gue sien­do hoy en día un ta­bú?

—De­pen­de del am­bien­te en el que crez­cas. Pa­ra al­gu­nos ado­les­cen­tes es ta­bú no te­ner re­la­cio­nes se­xua­les. Pa­ra otros, es al re­vés. Hay una di­fe­ren­cia en­tre los se­xos: mien­tras los ni­ños ga­nan en es­ta­tus con la ex­pe­rien­cia se­xual, to­da­vía se es­pe­ra que las mu­je­res per­ma­nez­can pu­ras. Los in­sul­tos más co­mu­nes con­tra las mu­je­res jó­ve­nes son pu­ta y tér­mi­nos si­mi­la­res. Así que, se re­cri­mi­na a las mu­je­res por te­ner re­la­cio­nes se­xua­les y al mis­mo tiem­po, se las cri­ti­ca por ser abu­rri­das y pru­den­tes. Es im­po­si­ble triun­far fren­te a unas ex­pec­ta­ti­vas tan con­tra­dic­to­rias. No pue­des ser am­bas co­sas a la vez, y ade­más sal­drás per­dien­do de cual­quier ma­ne­ra.

Mi­tos y le­yen­das —¿To­da­vía ig­no­ra­mos mu­chas co­sas so­bre el or­gas­mo fe­me­nino?

—Sí, cree­mos en vie­jos mi­tos y cons­tan­te­men­te crea­mos otros nue­vos. Un vie­jo mi­to es la idea de Freud de que los or­gas­mos va­gi­na­les son me­jo­res que los or­gas­mos del clí­to­ris, y que una mu­jer adul­ta debe con­se­guir or­gas­mos con el se­xo va­gi­nal. En reali­dad, no hay di­fe­ren­cias fi­sio­ló­gi­cas en­tre los dis­tin­tos or­gas­mos y la ma­yo­ría de las mu­je­res ne­ce­si­tan la es­ti­mu­la­ción di­rec­ta del clí­to­ris. Hoy se ha­bla mu­cho de otros ti­pos de or­gas­mos, co­mo el co­re­gasm, que se lo­gra mien­tras se ha­ce ejer­ci­cio. Es una nue­va mo­da, pe­ro ¿por qué di­fe­ren­ciar y uti­li­zar to­das es­tas eti­que­tas? Un or­gas­mo es un or­gas­mo de cual­quier ma­ne­ra. Te­me­mos que unas ex­pec­ta­ti­vas tan al­tas pue­dan ha­cer que el se­xo sea más di­fí­cil de dis­fru­tar y su­pon- ga de­ma­sia­da pre­sión. La ma­yo­ría de las mu­je­res no tie­nen or­gas­mos prac­ti­can­do se­xo va­gi­nal, así que no de­ben es­pe­rar­los. No hay necesidad de te­ner or­gas­mos va­gi­na­les ni co­re­gas­mos pa­ra te­ner una gran vi­da se­xual.

—¿Qué pa­pel ejer­ce el ci­ne «porno» en las re­la­cio­nes de los jó­ve­nes?

—Es di­fí­cil hablar del porno en ge­ne­ral. No de­be­mos cri­ti­car a los hom­bres y a las mu­je­res que dis­fru­tan del porno, pe­ro de­ben acla­rar­se los mi­tos so­bre el se­xo y las for­mas cor­po­ra­les que es­te ti­po de ci­ne nos mues­tra en la pan­ta­lla. El ci­ne porno, al igual que otras pe­lí­cu­las, es una fic­ción. Si na­die te di­ce que es di­fí­cil pa­ra las mu­je­res te­ner un or­gas­mo con el se­xo va­gi­nal, y tu úni­ca fuen­te de in­for­ma­ción so­bre el se­xo es el porno, en­ton­ces em­pe­za­rás a creer en un mi­to po­ten­cial­men­te da­ñino. Mu­chos jó­ve­nes tie­nen su pri­mer con­tac­to con el se­xo a tra­vés del porno, y eso es un problema. Los ado­les­cen­tes no son crí­ti­cos con las fuen­tes, y pue­den creer lo que ven y pen­sar que el se­xo nor­mal debe re­crear un es­ce­na­rio porno.

—¿Qué pa­sa con el pe­ne? ¿Los hom­bres no tie­nen pre­gun­tas?

—Los hom­bres tie­nen tam­bién mu­chas pre­gun­tas, pe­ro siem­pre se ha ha­bla­do más so­bre el pe­ne y se apren­de más so­bre él en las cla­ses de edu­ca­ción se­xual, por lo que de­be­ría ha­ber me­nos pre­gun­tas so­bre las cues­tio­nes anató­mi­cas. Pe­ro los pro­ble­mas se­xua­les mas­cu­li­nos co­mu­nes de­ben ser sa­ca­dos a la luz y de­ba­ti­dos más. Los hom­bres de­fi­ni­ti­va­men­te tam­bién ne­ce­si­tan me­jo­res fuen­tes.

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