¿Cuán­do de­bo ce­rrar mi per­fil de Tin­der?

A es­tas al­tu­ras, ya sabemos que Tin­der es la app por ex­ce­len­cia pa­ra li­gar. Pe­ro, a pe­sar de que crea­mos co­no­cer­lo to­do so­bre ella, no hay na­da es­cri­to so­bre cuán­do ce­rrar el chi­rin­gui­to una vez que so­mos co­rres­pon­di­dos. ¿Es me­jor bo­rrar el per­fil, desins

La Voz de Galicia (A Coruña) - Yes - - EN LA RED - TEX­TO: MA­RÍA VIDAL

El de­ba­te es­tá en la ca­lle, pe­ro por si al­guien to­da­vía no se ha en­te­ra­do, Tin­der es la apli­ca­ción que lo es­tá pe­tan­do en el mun­do del li­go­teo. No so­lo ha con­se­gui­do en­gan­char a jo­ven­ci­tos en bus­ca de un li­gue rá­pi­do y fá­cil, sino que ca­da vez son más los na­ci­dos an­tes de los 80 que se aden­tran en es­te mun­do pa­ra bus­car una re­la­ción es­ta­ble. «A par­tir de cier­tas eda­des, de los 30 o 40, cuan­do los círcu­los se re­du­cen o en los que te mue­ves son li­mi­ta­dos, es más com­pli­ca­do en­con­trar a al­guien», ex­pli­ca la psi­có­lo­ga Arán­za­zu Gar­cía. Y es que co­mo muy bien di­ce Na­ya­ra Mal­ne­ro, te­ra­peu­ta se­xual, en una ciu­dad gran­de igual no hay tan­tos pro­ble­mas, pe­ro si es pe­que­ña sí. «Yo co­noz­co a mu­chos hom­bres de cam­po que lo usan pa­ra li­gar», apun­ta.

Es­te chat, que a prio­ri pue­de ser una al­ter­na­ti­va pa­ra aque­llos que me­ti­dos en la trein­te­na van de ca­sa al tra­ba­jo y vi­ce­ver­sa, o cuan­do que­dan con sus ami­gos se ven ro­dea­dos de cria­tu­ras que no les al­can­zan ni las ro­di­llas, le­van­ta mu­chos pre­jui­cios. «A mí me pa­re­ce pa­té­ti­co re­cu­rrir a In­ter­net pa­ra li­gar», de­jó caer ha­ce unos días una jo­ven du­ran­te una char­la en la re­dac­ción. «Es­tar ahí es igual que sa­lir una no­che y de­cir: ‘A ver si hoy pi­llo’, exac­ta­men­te igual. Es una hi­po­cre­sía que lo veas dis­tin­to», le re­pli­ca­ba otra. En me­dio de es­te de­ba­te es­pon­tá­neo, una voz pro­fe­sio­nal po­ne cor­du­ra. «A ver, es exac­ta­men­te igual que co­no­cer a al­guien en un bar o que te lo pre­sen­te un ami­go», ex­pli­ca la se­xó­lo­ga Na­ya­ra Mal­ne­ro. Al­go que Arán­za­zu Gar­cía com­par­te: «No es pre­fe­ri­ble a otras op­cio­nes. Si co­no­ces a al­guien de no­che, te subes en su co­che y allá vas». Aun­que ella es par­ti­da­ria de ac­tuar con sen­sa­tez, y con­tro­lar la in­for­ma­ción que se pro­por­cio­na a la otra per­so­na.

Si es­tás pen­san­do en aden­trar­te en es­te uni­ver­so hay un par de con­cep­tos que de­bes ma­ne­jar, el li­ke y el su­per­li­ke. El pri­mer tér­mino equi­val­dría a echar­le el ojo a al­guien, que di­ría­mos an­tes. De en­tre to­das las ca­ras que te van pa­san­do por la pan­ta­lla, el li­ke es la he­rra­mien­ta que per­mi­te ti­rar el an­zue­lo, y que si el pez pi­ca y res­pon­de con otro li­ke se pro­du­ce la tan an­sia­da coin­ci­den­ciaaaaa, que per­mi­te a am­bos co­ra­zo­nes so­li­ta­rios en­ta­blar una con­ver­sa­ción pri­va­da. Pe­ro si eres muy im­pa­cien­te y no te pue­des es­pe­rar a que gra­cias a tu li­ke, tu ca­ra apa­rez­ca en el mó­vil del in­tere­sa­do, siem­pre pue­des op­tar por el su­per­li­ke, que es co­mo re­cu­rrir a pu­bli­ci­dad (tie­nes uno gra­tui­to al día pe­ro, si quie­res más, hay que pa­gar­los). Si usas es­ta op­ción da­rás el sal­to di­rec­ta­men­te, por lo que tus po­si­bi­li­da­des de que la otra per­so­na te vea y se in­tere­se cre­cen no­ta­ble­men­te. Su­pon­ga­mos que por la vía Ao B pi­llas, ¿de­be­rías ce­rrar se­sión, bo­rrar el per­fil, des­ins­ta­lar la apli­ca­ción? UFF. Aquí hay opi­nio­nes pa­ra to­dos los gus­tos. «Si es­tás ha­blan­do con al­guien pe­ro no es na­da se­rio, no tie­nes que ce­rrar otras puer­tas por­que no sa­bes adón­de te va a lle­var eso», co­men­ta una usua­ria. Pe­ro hay quien pien­sa que si uno ya ha en­con­tra­do lo que bus­ca, es me­jor no se­guir en el es­ca­pa­ra­te. Las ex­per­tas apues­tan por ac­tuar con sen­ti­do co­mún y al igual que ha­ría­mos en una re­la­ción que co­mien­za ca­ra a ca­ra: «Es ne­ce­sa­rio ha­blar­lo. A ve­ces da­mos por he­cho que to­das las re­la­cio­nes son mo­nó­ga­mas y ex­clu­si­vas, y no es así. Mi con­se­jo es que en el mo­men­to que uno de los dos quie­ra una re­la­ción de ex­clu­si­vi­dad hay que po­ner el te­ma en­ci­ma de la me­sa, no dar­lo por sen­ta­do, por­que igual uno lo cie­rra y el otro lo si­gue te­nien­do abier­to, y en­ton­ces tenemos un pro­ble­ma», in­di­ca Na­ya­ra.

Tin­der es una ca­ja de sor­pre­sas, y una de sus úl­ti­mas ac­tua­li­za­cio­nes per­mi­te has­ta sa­lir a li­gar en gru­po. Si es que lo de que sal­gan ma­tri­mo­nios e hi­jos va a ser lo de me­nos.

Es exac­ta­men­te igual que co­no­cer a al­guien en un bar”

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