«Pa­ra­de­la es mi re­fu­gio y mi paz»

El fut­bo­lis­ta, de 35 años, apu­ra en su tie­rra las va­ca­cio­nes an­tes de re­gre­sar al Es­pan­yol

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Deportes - PE­DRO BA­RREI­ROS

A Die­go Ló­pez, un chi­co de una al­dea de Lu­go, Pa­ra­de­la, cer­ca de Sa­rria, el fút­bol le cam­bió la vi­da. A los 35 años, es­te guar­da­me­ta, que lle­gó a ser in­ter­na­cio­nal y ju­gó en el Ma­drid (du­ran­te dos eta­pas), el Vi­lla­rreal, el Se­vi­lla y el Mi­lan, aca­ba de am­pliar su con­tra­to con el Es­pan­yol por otras tres tem­po­ra­das. El sá­ba­do es­te apa­sio­na­do del ba­lón y la fa­mi­lia par­ti­ci­pó jun­to a su mu­jer y sus hi­jas en la ci­ta anual de su pe­ña con una en­tra­ña­ble ce­na en la que par­ti­ci­pa­ron to­dos sus pai­sa­nos.

—¿Cuál es el se­cre­to del fút­bol, qué tie­ne pa­ra atra­par a tan­tí­si­mos afi­cio­na­dos?

—Lo im­pre­vi­si­ble que es, lo emo­cio­nan­te que es, la tra­di­ción que tie­ne... to­do eso.

—¿Con cuál se iden­ti­fi­ca más, con el afi­cio­na­do que se pa­sa el par­ti­do co­mien­do pi­pas o mor­dién­do­se las uñas por su equi­po, o con el que gri­ta y no pa­ra de can­tar?

—Yo sí veo al­gún par­ti­do co­mo afi­cio­na­do, pe­ro la ma­yo­ría los veo co­mo un pro­fe­sio­nal, in­ten­to apren­der de­ta­lles de los por­te­ros o de los ju­ga­do­res de cam­po. Lo veo de otra ma­ne­ra, si es­toy vien­do un par­ti­do de otros equi­pos no ten­go la pa­sión por nin­guno y lo ha­go más co­mo pro­fe­sio­nal.

—Tie­ne dos hi­jas, ¿se ima­gi­na un día co­mo pa­dre de fut­bo­lis­ta?

—Pues no lo sé, a ver. Es­tá tan de mo­da y gra­cias a Dios se han equi­pa­ra­do tan­to las co­sas en­tre hom­bres y mu­je­res, y co­mo el fút­bol fe­me­nino es­tá en au­ge, oja­lá al­gu­na mis ni­ñas pue­da ju­gar al fút­bol.

—¿Qué es lo más di­ver­ti­do que le ha pa­sa­do en un cam­po de fút­bol?

—Un día fue di­ver­ti­do pa­ra la gra­da. Yo no ju­ga­ba, en un Vi­lla­rreal-Osa­su­na es­ta­ba ca­len­tan­do a Vie­ra, y en un ba­lón que es­ta­ba en el cen­tro del cam­po, que es­ta­ba gol­pean­do, tro­pe­cé con­tra una va­lla que ha­bía y la gen­te se rio mu­cho de mí y yo me reí tam­bién, cla­ro.

—¿Cuen­ta con al­gu­na otra pa­sión al mar­gen del de­por­te rey?

—Pa­sión nin­gu­na, el fút­bol me ha arras­tra­do siem­pre y aho­ra mis hi­jas y mi fa­mi­lia es lo que más dis­fru­to fue­ra del cam­po.

—¿Ha pen­sa­do en al­gún mo­men­to qué ha­rá cuan­do lo de­je?

—Sien­to que lle­vo el fút­bol muy aden­tro y me veo vin­cu­la­do co­mo en­tre­na­dor de por­te­ros ca­si se­gu­ro y a lo me­jor pro­bar suer­te di­ri­gien­do al­gún equi­po. Me veo en el área téc­ni­ca, por­que me gus­ta mu­cho ana­li­zar y yo creo que pre­pa­rán­do­me, for­mán­do­me bien y vien­do mu­chas co­sas, mu­cho fút­bol y dis­tin­tas cul­tu­ras pue­do ha­cer­lo bien.

—De la mano de su pro­fe­sión ha vi­vi­do y vi­ve en ciu­da­des ma­ra­vi­llo­sas, ¿cuál es la siem­pre re­co­mien­da?

—La ver­dad es que ca­da una en su es­ti­lo. Ma­drid, qui­zá por los años, es la más es­pe­cial, por­que he pa­sa­do mu­cho tiem­po y es una gran ciu­dad, por­que me en­cuen­tro muy a gus­to. Mi­lán tam­bién nos gus­tó mu­cho. Y aho­ra Bar­ce­lo­na el año que lle­va­mos tam­bién lo es­ta­mos pa­san­do muy bien, es una ciu­dad que te ofre­ce mu­chas co­sas y con una ca­li­dad de vi­da muy gran­de.

—Di­cho es­to, de­me una ra­zón pa­ra vol­ver a Pa­ra­de­la.

—A Pa­ra­de­la vuel­vo siem­pre, to­dos los años en Na­vi­da­des y en ve­rano, y es mi re­fu­gio y mi paz. Mis ni­ñas van su­per­en­can­ta­das, es­tán enamo­ra­das. Es­ta­mos muy tran­qui­los, muy a gus­to y va­mos siem­pre.

—An­tes de es­ta ¿cuán­tas en­tre­vis­tas le han he­cho has­ta aho­ra sin ha­blar de Ca­si­llas o de Mou­rin­ho?

—Po­cas, des­pués del Ma­drid, po­cas.

—¿Y le mo­les­ta que le pre­gun­ten?

—Me­nos, aho­ra ya es­tá to­do un po­co ol­vi­da­do, pe­ro siem­pre re­cu­rren a lo mis­mo de siem­pre, pe­ro yo co­mo lo ten­go muy cla­ro no es al­go que me mo­les­te ha­blar de eso. Es un mo­men­to muy im­por­tan­te pa­ra mi ca­rre­ra y es­tá ahí. El fut­bo­lis­ta, que des­pun­tó con el Lu­go en Segunda B, de­fien­de to­do lo ga­lle­go.

—¿Cuál es su co­mi­da pre­fe­ri­da?

—Mu­chas. El ma­ris­co, cuan­do va­mos a Ga­li­cia, me gus­ta mu­cho. El pulpo á fei­ra me en­can­ta. To­do lo ga­lle­go.

—¿Cuál es esa es­pe­cia­li­dad de su ma­dre que siem­pre la pi­de cuan­do lle­ga?

—To­do lo re­la­cio­na­do con la ma­tan­za me en­can­ta, así que lo que pe­di­mos cuan­do va­mos en Na­vi­da­des es un co­ci­do... y cuan­do va­mos en ve­rano si vie­ne un día así me­dio tal, tam­bién (se ríe).

—¿Es «mo­rri­ñen­to», de los de ten­go que ha­blar con Ga­li­cia, o mi­ro el tiem­po que ha­ce allá, o cuan­do pue­do bus­co el res­tau­ran­te ga­lle­go de...?

—Sí me gus­ta y de­fen­der­la cuan­do se me­ten con Ga­li­cia por al­go, por su­pues­to. Co­mo tie­ne que ser.

—¿Có­mo ha­ce pa­ra con­cen­trar­se en los par­ti­dos? ¿Es­cu­cha mú­si­ca? ¿Cuál?

—Es­cu­cho mú­si­ca de ac­tua­li­dad, me gus­ta to­dos los ti­pos. Lo que más po­nen en el ves­tua­rio es ac­tua­li­dad y eso ani­ma. Re­gue­tón, so­bre to­do. Yo pon­go otras co­sas: pop o rock.

—Su mu­jer es muy ac­ti­va en las re­des so­cia­les. ¿Qué opi­na us­ted de las re­des?

—Son muy ne­ce­sa­rias, por­que la so­cie­dad lo ha que­ri­do así. Aho­ra prác­ti­ca­men­te no po­dría­mos ha­blar de na­da sin Twit­ter, Ins­ta­gram o Fa­ce­book. La par­te bue­na es que te ayu­da a es es­tar más cer­ca de la gen­te que te si­gue y lle­gar a to­das las par­tes del mun­do pa­ra que te pue­dan co­no­cer un po­co más. La par­te ma­la es que a ve­ces es di­fí­cil man­te­ner la pri­va­ci­dad.

ABRALDES

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