Un se­gui­dor de par­ti­dos de ul­tra­de­re­cha que com­par­tía sus ví­deos en las re­des so­cia­les

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Galicia - M. C.

En la biografía de Iván P. P. fi­gu­ra que es lu­cen­se por­que na­ció en la ciu­dad de las mu­ra­llas, pe­ro en reali­dad es so­lo hi­jo de lu­cen­ses que emi­gra­ron al po­co de su na­ci­mien­to. Sus pa­dres son ori­gi­na­rios de una al­dea de la mon­ta­ña lu­cen­se en­tre A Fon­sa­gra­da y Na­via de Suar­na, que se mu­da­ron a la ca­pi­tal en ple­na ju­ven­tud.

Vi­vie­ron en dos ba­rrios del Nor­te de la ciu­dad, As Gán­da­ras y A Cam­pi­ña, en don­de to­da­vía les que­dan al­gu­nos fa­mi­lia­res. En­ton­ces, el pa­dre de Iván apro­bó las opo­si­cio­nes pa­ra la Guar­dia Ci­vil. Su pri­mer des­tino fue la lo­ca­li­dad de Sa­bi­ñá­ni­go, adon­de se lle­vó a su mu­jer y a los tres hi­jos. La fa­mi­lia se asen­tó en la lo­ca­li­dad os­cen­se y allí si­guen vi­vien­do des­de ha­ce unos 30 años. Tras fa­lle­cer el pa­dre, ha­ce ca­si un lus­tro de un in­far­to, cuan­do to­da­vía era guar­dia ci­vil, lo tra­je­ron a en­te­rrar a la pa­rro­quia lu­cen­se de Mu­xa, en la zo­na don­de si­gue te­nien­do al­gu­nos fa­mi­lia­res. Pe­ro tan­to la mu­jer co­mo los hi­jos si­guen vi­vien­do en Sa­bi­ñá­ni­go. Iván, de 30 años, acu­sa­do del cri­men, es el me­nor de los tres y vi­vía en la ca­sa de su ma­dre.

Has­ta ha­ce apro­xi­ma­da­men­te 20 años la fa­mi­lia del guar­dia ci­vil so­lía vi­si­tar Lu­go y a una par­te de la fa­mi­lia que le que­da­ba, pe­ro des­de ha­ce dos dé­ca­das prác­ti­ca­men­te ya ha­bían des­apa­re­ci­do las vi­si­tas y el úl­ti­mo con­tac­to fue el en­tie­rro del pa­dre. Iván P. P. es­tu­dió en Sa­bi­ñá­ni­go y en un ins­ti­tu­to de Ja­ca y co­men­zó a tra­ba­jar a principios del 2009 en una em­pre­sa de se­gu­ri­dad. Pa­só por cin­co con­tra­tos di­fe­ren­tes en em­pre­sas de ese mis­mo ra­mo de la zo­na de Huesca; al igual que su her­mano y pa­dras­tro de la ni­ña fa­lle­ci­da, que tam­bién tra­ba­ja en el mun­do de la se­gu­ri­dad.

En los per­fi­les de las re­des so­cia­les se pue­de ver que Iván P. P. es un se­gui­dor de al­gu­nos par­ti­dos de ul­tra­de­re­cha y com­par­tía ví­deos de esa ten­den­cia en los que se pro­po­ne por ejem­plo que los pre­sos de las cár­ce­les ten­gan que tra­ba­jar pa­ra su ma­nu­ten­ción. Va­rios se­gui­do­res su­yos lo tra­ta­ban ayer di­rec­ta­men­te de ase­sino en las re­des y le desea­ban to­da suer­te de pe­nu­rias en la cár­cel. A pri­me­ras ho­ras de la no­che se­guía de­cla­ran­do en el juz­ga­do de ins­truc­ción de Ja­ca.

En Lu­go, de los pa­rien­tes que le que­dan a es­ta fa­mi­lia, el más cer­cano es una abue­la del de­te­ni­do. To­dos pre­fi­rie­ron que no se los mez­cla­se ni ci­ta­se, da­do que es una fa­mi­lia que no vi­ve ni fre­cuen­ta Lu­go des­de ha­ce dé­ca­das y con la que no man­tie­nen re­la­ción cer­ca­na.

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