El ví­deo que vie­ron ca­si 16 mi­llo­nes

Los vi­gue­ses Bro­ken Peach arra­san en Fa­ce­book des­pués de que un fan de Tim Bur­ton col­ga­ra la ver­sión que gra­ba­ron en Al­dán de «This Is Ha­llo­ween»

La Voz de Galicia (Barbanza) - - El Tiempo - CAR­MEN GAR­CÍA DE BUR­GOS

La úl­ti­ma vez que mi­ró su ví­deo en Fa­ce­book te­nían más de 15 mi­llo­nes y me­dio de vi­si­tas, pe­ro La­ra Ro­drí­guez ha­bla como si fue­sen un gru­po más que lu­cha por sa­lir ade­lan­te. Bro­ken Peach gra­bó su ver­sión de This Is Ha­llo­ween ha­ce dos años por­que ella se em­pe­ñó. Sus com­pro­mi­sos mu­si­ca­les ape­nas les de­ja­ban tiem­po pa­ra pa­rar­se, pe­ro se «en­ca­pri­chó» y con­ven­ció a Se­la Pe­rei­ra, Mai­ka Pe­rei­ra, Laura Pa­lo­mo, Eri­ka Váz­quez, Éri­ka Le­wis, Isis Cer­van­tes, Ru­bén Do­mín­guez, Ju­lián Ro­drí­guez, Ki­ke Cal­zo­net­ti y Pe­po Gon­zá­lez. Pa­ra ha­cer­lo más di­ver­ti­do se dis­fra­za­ron a lo Pe­sa­di­lla an­tes de Na­vi­dad, pe­lí­cu­la de Tim Bur­ton de la que era ban­da so­no­ra, en el bos­que en­can­ta­do de Al­dán. En cuan­to la cá­ma­ra de­jó de gra­bar em­pe­zó a llo­ver. El 2 de ju­nio una pá­gi­na de Fa­ce­book de­di­ca­da al di­rec­tor de cul­to (Tim Bur­ton Mo­vies) lo col­gó. Ellos no lo sa­bían. Te­nían que to­car en una bo­da ese día y uno de ellos se dio cuen­ta de que es­ta­ban re­ci­bien­do más me gus­tas de lo ha­bi­tual. En­tró en su ca­nal de ví­deos y vio que su­ma­ba ya 100.000 vi­si­tas. Pa­ra el fi­nal del día eran un mi­llón.

Des­de en­ton­ces el fe­nó­meno no ha pa­ra­do. El número de en­tra­das si­gue cre­cien­do ca­da mi­nu­to que pa­sa, es­te mis­mo, pe­ro di­cen que no les da vértigo. Han de­ci­di­do no creér­se­lo. «Que 300.000 per­so­nas se ha­yan pa­ra­do a com­par­tir tu ví­deo me pa­re­ce... ». La­ra re­pi­te, como tu­vo que re­pe­tir en­ton­ces a sus com­pa­ñe­ros pa­ra gra­bar el clip, que tie­nen los pies en la tie­rra. Y da­ría igual que ase­gu­ra­se lo con­tra­rio, por­que sus pa­la­bras re­zu­man pru­den­cia. Con la mis­ma ale­gría que re­co­no­ce el es­ta­lli­do de la bur­bu­ja de Bro­ken Peach arro­ja, sin ser ple­na­men­te cons­cien­te, un ja­rro de sen­sa­tez con­ge­la­da so­bre el mie­do a de­jar de ha­cer pie.

Re­ci­ben ofer­tas de to­das par­tes del mun­do. Cier­to. Tie­nen la agen­da lle­na has­ta el fi­nal del ve­rano. Es ver­dad. Se han he­cho fa­mo­sos sin sa­ber có­mo. Ab­so­lu­ta­men­te. Pe­ro eso es to­do. Ca­mi­nan a ras del sue­lo. «Hay ve­ces que ni si­quie­ra sa­ben que so­mos de Vi­go, así que pre­gun­tan, pa­ra Flo­ri­da, pa­ra Pa­rís, pa­ra Ita­lia. Pe­ro, cla­ro, los cos­tes son al­tí­si­mos si te­ne­mos que ir to­dos des­de aquí. Así que que­dan ahí, na­da se­rio aún. In­clu­so nos lla­ma­ron pa­ra al­gu­na gi­ra por Su­da­mé­ri­ca... bueno, una lo­cu­ra. Por aho­ra se que­da en na­da, en ilu­sión y sue­ños», y vuel­ve a ma­ti­zar, «por aho­ra», a mo­do de ad­ver­ten­cia.

Co­bran­do por ca­da ac­tua­ción (tie­nen, prin­ci­pal­men­te, fies­tas pri­va­das) lo mis­mo que an­tes. Di­cen que no quie­ren su­bir el pre­cio por­que son mu­chos en la ban­da —sie­te: cua­tro chi­cas vo­ca­lis­tas, ba­te­ría, ba­jo y gui­ta­rra/piano— y creen que el ca­ché ac­tual es su­fi­cien­te­men­te ele­va­do pa­ra un par­ti­cu­lar. Así que, a pe­sar de lle­var pin­tu­ras de no vi­vos, el gru­po más en au­ge del sur de la pro­vin­cia de Pon­te­ve­dra si­gue aquí, en­tre no­so­tros.

Si pue­de ser to­can­do con Bon­nie Ty­ler un To­tal Eclip­se of the Heart que erice to­do el ve­llo del cuer­po, o le­van­tan­do a to­do el Au­di­to­rio de Vi­go con su ver­sión de Cold­play, que así sea. Por­que ellos so­lo tie­nen un ob­je­ti­vo, el más no­ble que hay en el mun­do de la mú­si­ca. Y han de­ci­di­do con­quis­tar­lo por el ca­mino lar­go. «Lo que que­re­mos es tra­ba­jar, así que tam­po­co se nos ha subido na­da a la ca­be­za pa­ra de­cir: ‘‘Pues aho­ra que so­mos fa­mo­sos, subimos el ca­ché’’. No, no. Lo que que­re­mos es tra­ba­jar y, nun­ca se sa­be, igual vi­vir de es­to... Al­gu­nos de no­so­tros ya lo ha­ce­mos, pe­ro si pue­de ser du­ran­te más tiem­po, pues mejor», ex­pli­ca, an­tes de ma­ti­zar que la mi­tad de ellos ya lo ha­cen. Ella da cla­ses de ini­cia­ción de piano, can­to, gui­ta­rra, ba­te­ría y di­ri­ge un co­ro. «Sí, ya sa­bes, si te gus­ta es­to... », ríe.

Por­que to­do es­to no les vie­ne de aho­ra. Lle­van ocho años ge­ne­ran­do emo­cio­nes. En su pre­sen­ta­ción no cuen­tan lo de las vi­si­tas a su ví­deo. Sí di­cen que son co­ro, gru­po, show y to­do a la vez. «Crea­mos una nue­va for­ma de fu­sio­nar la mú­si­ca con el es­pec­tácu­lo in­ten­tan­do des­mar­car­nos de las tí­pi­cas ban­das de ver­sio­nes, dán­do­le un to­que per­so­nal a ca­da uno de los te­mas que in­ter­pre­ta­mos». Ya hay más de quin­ce mi­llo­nes de per­so­nas que lo sa­ben. No se lo cuen­te a na­die más pa­ra que no pier­da la ma­gia.

BRO­KEN PEACH

Los in­te­gran­tes del gru­po, con la ca­rac­te­ri­za­ción que lu­cie­ron en el exi­to­so ví­deo.

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