O Ron­cu­do, una atrac­ción tu­rís­ti­ca

La aper­tu­ra de la zo­na de los me­jo­res per­ce­bes pa­ra la fies­ta del sá­ba­do con­cen­tró a gran can­ti­dad de cu­rio­sos

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Marítima - SHEYLA BER­MÚ­DEZ, X. A.

Son las 12.30. El ca­bo Ron­cu­do es­tá re­ple­to de co­ches. No ha­ce fal­ta fi­jar­se de­ma­sia­do pa­ra ver que las ro­cas es­tán lle­nas de per­ce­bei­ros. Las olas rom­pen con mu­cha fuer­za en las pie­dras. El vi­gi­lan­te, Oren­te, de muy buen hu­mor, con­tro­la la ope­ra­ción. Se en­car­ga de que las 24 o 25 per­so­nas que es­tán ma­ris­can­do en ese mo­men­to no sal­gan con más ki­los de los per­mi­ti­dos. El cu­po es­tá en 6 ki­los. An­dan­do ha­cia las pie­dras, un po­co más cer­ca del mar, hay va­rios gru­pos de per­so­nas. No son ma­ris­ca­do­res ni pe­rio­dis­tas. Es gen­te que vie­ne de otros lu­ga­res de Es­pa­ña de va­ca­cio­nes. Apro­ve­chan pa­ra ver a los pro­fe­sio­na­les sor­tean­do los em­ba­tes del mar. Hay tu­ris­tas de Ma­drid, de San Se­bas­tián, de Pam­plo­na... To­dos ob­ser­van aten­ta­men­te las em­bes­ti­das de las olas. Es­tán ma­ra­vi­lla­dos con­tem­plan­do el es­pec­tácu­lo. Vie­ne una ola: «Co­rre­de!», se es­cu­cha. To­dos los ma­ris­ca­do­res sal­tan de una ro­ca a otra pa­ra que no los co­ja la ga­rra del Atlán­ti­co. Sin em­bar­go, uno de los que es­tán fo­to­gra­fian­do el es­pec­tácu­lo que­da em­pa­pa­do de arri­ba a aba­jo. Una ola más gran­de de lo es­pe­ra­do le pa­sa por en­ci­ma. El pe­lo, el chu­bas­que­ro, la cá­ma­ra, la mo­chi­la... To­da su in­du­men­ta­ria es­tá go­tean­do.

Po­co des­pués, em­pie­zan a sa­lir los ma­ris­ca­do­res pa­ra es­co­ger los per­ce­bes. «Os pe­que­nos apar­tán­se, e os gran­des, pa­ra a sa­ca». Los per­ce­bei­ros se sa­can el bu­zo mien­tras se ríen en­tre ellos. Ha si­do un buen día. Hay tu­ris­tas que se acer­can a ob­ser­var có­mo los se­lec­cio­nan. Otros, bro­mean con que si se los ven­den. Ellos con­ti­núan apar­tan­do los ejemplares más pe­que­ños mien­tras es­pe­ran a que Oren­te les pe­se los sa­cos pa­ra ir­se a co­mer.

«Es­te tra­ba­llo non o que­re nin­guén». De ca­mino al co­che, Ma­ría Lis­ta, per­ce­bei­ra des­de ha­ce vein­te años, ex­pli­ca que la ma­yo­ría de los ma­ris­ca­do­res son gen­te ma­yor. Las mu­je­res de Cor­me han si­do to­da su vi­da per­ce­bei­ras. Ha­ce cien años, los hom­bres no iban a bus­car es­tos crus­tá­ceos. Pes­ca­ban en los bar­cos. Ser per­ce­bei­ra es un tra­ba­jo du­rí­si­mo y bo­ni­to al mis­mo tiem­po. Ayer fae­na­ron des­de las 11.30 pa­ra la Fes­ta do Per­ce­be de es­te sá­ba­do. «Men­tres o poi­da con­tar, non pa­sa na­da», di­ce. Con el mar pi­ca­do y al­gún que otro sus­to, han arries­ga­do sus vi­das una vez más pa­ra co­ger los me­jo­res ejemplares de O Ron­cu­do.

«Es­pe­re­mos que non bai­xen de 60 eu­ros o qui­lo», apun­tan. Son op­ti­mis­tas al re­ma­te de su jor­na­da la­bo­ral. Es­pe­ran que su tra­ba­jo sea bien pa­ga­do, ya que sus vi­das co­rren pe­li­gro en to­do mo­men­to. Pe­se a eso, el mar­tes se ven­die­ron va­rios lo­tes de per­ce­bes a en­tre 35 y 40 eu­ros. Po­co pre­cio pa­ra tan­to es­fuer­zo, con es­pec­tácu­lo in­clui­do. Con­fían en que hoy, en el Mu­ro, los com­pra­do­res sean más ge­ne­ro­sos.

FO­TOS: ANA GAR­CÍA

Más de una vein­te­na de pro­fe­sio­na­les con­si­guie­ron ayer arran­car a un mar em­bra­ve­ci­do el cu­po de per­ce­bes per­mi­ti­do.

Bue­na ca­li­dad. Las pie­zas re­co­gi­das eran de buen ta­ma­ño. Hoy se subas­ta­rán las cap­tu­ras en la lon­ja del Mu­ro.

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