Con­fu­sión en el cam­pus deportivo

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Al Sol - INÉS REY

No lle­van mis hi­jos ni un mes de va­ca­cio­nes y ya es­toy al bor­de del co­lap­so do­més­ti­co or­ga­ni­zan­do ho­ra­rios y ac­ti­vi­da­des pa­ra en­tre­te­ner­los mien­tras yo tra­ba­jo. Y eso que di­cen los mo­der­nos que los ni­ños se tie­nen que abu­rrir, que eso es muy bueno pa­ra su desa­rro­llo por­que fo­men­ta mu­cho su crea­ti­vi­dad e ima­gi­na­ción. Lo que no nos cuen­tan es que los ni­ños en ve­rano tie­nen el tri­ple de va­ca­cio­nes que sus pa­pás y que la jornada in­ten­si­va es pa­ra al­gu­nos pri­vi­le­gia­dos. Así que al fi­nal so­mos los pro­fe­sio­na­les li­be­ra­les los que desa­rro­lla­mos nues­tra ima­gi­na­ción pa­ra te­ner a los ne­nés en­tre­te­ni­dos y ter­mi­nar con la so­bre­ex­plo­ta­ción in­ver­nal de los abue­los. Al me­nos, en ve­rano.

Aho­ra se han pues­to de mo­da los cam­pus de­por­ti­vos, que tú me­tes al cha­val allí de cua­tro a ocho to­das las tar­des y ter­mi­na el mes de ju­lio con la acre­di­ta­ción pa­ra To­kio 2020. De ca­be­za se han ido allí. Dis­pues­ta a com­pro­bar los pro­gre­sos de­por­ti­vos de mi hi­jo ma­yor, apro­ve­ché mi tar­de libre pa­ra acer­car­me a ver­lo, pe­ro no lo en­con­tré. Ni en la can­cha, ni en la pis­ta, ni en la pis­ci­na. Em­pe­za­ba a an­gus­tiar­me cuan­do de pron­to lo vi. Con el go­rro y las ga­fas de na­ta­ción pues­tos, tra­ta­ba de en­ces­tar un ba­lón de fút­bol con ayu­da de la ra­que­ta de bád­min­ton. ¿Pe­ro tú es­tás ton­to o qué te pa­sa?, le di­je fu­ri­bun­da, que las ma­dres so­mos muy de re­ñir y me­nos­pre­ciar el in­te­lec­to de la pro­le cuan­do ve­mos a los hi­jos a sal­vo. Qui­tán­do­se las ga­fas pa­ra en­fo­car me­jor, me mi­ró re­sig­na­do. «Pues que me he lia­do, ma­má, que me he lia­do». Em­pe­za­mos bien el ve­rano. A ver si al fi­nal van a te­ner ra­zón los hips­ters de la pe­da­go­gía.

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