«Aho­ra amo la hier­ba»

Ha pasado de pen­sar que nun­ca ju­ga­ría bien en cés­ped a par­ti­ci­par en dos finales

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Deportes - IG­NA­CIO ENCABO

Gar­bi­ñe Mu­gu­ru­za siem­pre cre­yó que su tenis la lle­va­ría le­jos, pe­ro ja­más se ima­gi­nó que al­gún día iba a triun­far so­bre el cés­ped del All En­gland Club. «Pa­sé de pen­sar que nun­ca iba a ju­gar bien en hier­ba a es­tar en dos finales de Wim­ble­don», se­ña­la Mu­gu­ru­za al día si­guien­te de ins­cri­bir su nom­bre en la his­to­ria del torneo más pres­ti­gio­so del mun­do. Na­ci­da en Ca­ra­cas el 8 de oc­tu­bre de 1993, hi­ja de un vas­co y una ve­ne­zo­la­na, Mu­gu­ru­za pi­só por primera vez una can­cha de cés­ped con 18 años. Ha­ce dos años lle­gó a la fi­nal de Wim­ble­don y aho­ra es cam­peo­na, un título que su­ma al Ro­land Ga­rros que ga­nó en el 2016.

—¿De dón­de sa­le ese gen com­pe­ti­ti­vo?

—Des­de pe­que­ña era un dia­blo, yo con mis her­ma­nos no po­día ju­gar ni a las ca­ni­cas. Des­de los tres años ya es­ta­ba ju­gan­do al tenis con ellos y eso se­gu­ro que ha te­ni­do in­fluen­cia en la ra­bia que ten­go en la com­pe­ti­ción.

—¿Cuándo fue la úl­ti­ma vez que sin­tió mie­do?

—¿Mie­do? Qui­zás un po­co en Pa­rís. Ahí sen­tí mie­do a la ho­ra de afron­tar un grand slam por primera vez de­fen­dien­do título. Ade­más, era un si­tio que pa­ra mí siem­pre se­rá es­pe­cial.

—¿Lle­gó a abo­rre­cer el éxi­to de cier­ta ma­ne­ra por la pre­sión?

—Mie­do a ga­nar nun­ca. Pe­ro yo me de­cía: ¿es­toy obli­ga­da a ga­nar? ¿Ten­go que de­fen­der es­to? ¿Es­toy obli­ga­da a de­fen­der el título? Era una si­tua­ción en la que yo sen­tía que que­ría vol­ver a ha­cer­lo, pe­ro a la vez de al­gún mo­do era co­mo un fra­ca­so, si no lo con­se­guía. Tu­ve que apren­der de eso.

—Ayer co­men­ta­ba que es­to no le va a cam­biar la vida, pe­ro Con­chi­ta Mar­tí­nez, su en­tre­na­do­ra estas úl­ti­mas dos se­ma­nas, di­ce que sí cam­bia. Y ella sabe de lo que ha­bla por­que ga­nó aquí en 1994. ¿Es cons­cien­te de lo que ha con­se­gui­do?

—Creo que sí soy cons­cien­te. Tam­bién me di­je­ron en Ro­land Ga­rros que me iba a cam­biar la vida y es cier­to que cam­bia, pe­ro no creo que me ha­ya cam­bia­do tan­to. Me si­go sin­tien­do igual, ha­go lo mis­mo. Soy más ale­gre, qui­zás, más con­ten­ta. Soy la mis­ma chi­ca y no quie­ro cam­biar na­da. Me gusta mi for­ma de ser. Y pa­ra qué voy a cam­biar, si eso no va ayu­dar.

—Di­ce que si­gue sien­do la mis­ma, pe­ro ha­ce unos años de­cían «Gar­bín» o «Gar­bi­ne» cuan­do pro­nun­cia­ban su nom­bre. Su fir­ma de­por­ti­va in­clu­so no te­nía una ñ pa­ra sus ca­mi­se­tas. ¿Que­dan muy le­jos esos tiem­pos?

—Qué va, si eso fue ha­ce na­da. Y si­guen sin po­ner la ñ, eso no va a cam­biar. Pe­ro sí que es cier­to que en los úl­ti­mos años he da­do fuerte, he da­do una lla­ma­da de aten­ción al res­to. Tres años se­gui­dos ha­cien­do una fi­nal de Grand Slam. Creo ha ha­bi­do ahí un bum.

—«Si no me vie­se en­tre las diez me­jo­res del mun­do, apa­ga y vá­mo­nos». Esa fra­se la di­jo ha­ce cua­tro años. ¿Có­mo de im­por­tan­te fue vi­sua­li­zar­se ahí arri­ba des­de tan jo­ven?

—Siem­pre he te­ni­do que creer en mí. Siem­pre he es­ta­do con­ven­ci­da de que al me­nos te­nía el ni­vel o el po­ten­cial pa­ra con­se­guir­lo y eso ha he­cho que no me rin­die­se, aun­que a ve­ces hu­bo mo­men­tos ma­los y di­fí­ci­les. Pe­ro siem­pre he creí­do en mí.

—El ca­pi­tán de la Copa Da­vis de Ve­ne­zue­la, Yohnny Ro­me­ro, que tam­bién di­ri­gió ha­ce un tiem­po al con­jun­to de la Copa Fe­de­ra­ción, di­jo que den­tro de us­ted hay «un pe­da­ci­to vi­no­tin­to». ¿Sien­te que su triun­fo en Wim­ble­don es par­te tam­bién de la his­to­ria del tenis ve­ne­zo­lano?

—Sí, cla­ro que sí, nun­ca pue­do ne­gar eso. Yo he na­ci­do allí y he po­di­do ju­gar al tenis gra­cias a Ve­ne­zue­la tam­bién. Ten­go una can­ti­dad de hin­chas allí que me que­do alu­ci­na­da. Es in­creí­ble có­mo vi­ven ellos des­de allí mis éxi­tos, y con lo po­co que voy. Es ge­nial.

—Aho­ra la exi­gen­cia pa­ra Gar­bi­ñe Mu­gu­ru­za de par­te de los me­dios y los afi­cio­na­dos se­rá ma­yor. ¿Se va a exi­gir más us­ted a sí mis­ma?

—No, no quie­ro exi­gir­me más por­que en­ton­ces es cuan­do vie­ne la de­cep­ción. No pue­des exi­gir­te la ex­ce­len­cia siem­pre. Creo que es nor­mal que la gen­te ten­ga ex­pec­ta­ti­vas, es­toy acos­tum­bra­da y ya es­toy vien­do la que se me vie­ne aho­ra. Pe­ro no quie­ro vol­ver­me lo­ca con eso.

—En el 2013 ga­nó su pri­mer par­ti­do en Wim­ble­don y fue en la pis­ta cen­tral. Cua­tro años des­pués sa­lió de ese es­ce­na­rio con el título en la mano. ¿Qué ha pasado en es­te tiem­po?

—No ha pasado tan­to tiem­po, pe­ro a mí me pa­re­ce una vida. Es muy fuerte que el pri­mer par­ti­do que ju­ga­se en Wim­ble­don fue­se en la cen­tral y ga­nar. Ha si­do un pro­ce­so ra­ro: pa­sé de pen­sar que nun­ca iba a ju­gar bien en hier­ba a es­tar en dos finales. Aho­ra amo la hier­ba.

GLYN KIRK AFP

Mu­gu­ru­za ase­gu­ra que el éxi­to no la va a cam­biar: «Me gusta mi for­ma de ser».

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