El clon de Se­ve Ba­lles­te­ros

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Deportes - Ál­va­ro Mar­tí­nez-Rum­bo

Di­vi­sar al jo­ven Jon Rahm ju­gar en un cam­po de golf es co­mo re­tro­ce­der cua­tro dé­ca­das, a los co­mien­zos de un pro­di­gio lla­ma­do Se­ve­riano Ba­lles­te­ros. Aun­que los ge­nios son úni­cos, exis­te un enor­me pa­ra­le­lis­mo en­tre los dos ju­ga­do­res. No so­lo en el ori­gen —am­bos, de dos pe­que­ños pue­blos pes­que­ros del mar can­tá­bri­co—, sino en el ta­len­to, tem­pe­ra­men­to y de­ter­mi­na­ción. La pre­co­ci­dad va ad­he­ri­da a las es­tre­llas; Se­ve era el me­jor de Eu­ro­pa y conquistó su pri­mer Open Bri­tá­ni­co con 22 años; y, a esa mis­ma edad, Rahm es ya una re­fe­ren­cia mun­dial y ha ga­na­do tí­tu­los en Es­ta­dos Uni­dos y en Eu­ro­pa. Los ge­nios no tie­nen re­glas y, co­mo de­cía Ben Crens­haw, «Se­ve te­nía una ima­gi­na­ción y pe­ga­ba gol­pes que el res­to ni so­ñá­ba­mos». Jon po­see un po­der de re­cu­pe­ra­ción des­de el raf y de dar­le efec­tos a la bo­la que es­ta­ba en ex­tin­ción en el golf ac­tual. Du­ran­te su re­cien­te vic­to­ria en Ir­lan­da se vio esa gran­de­za de bir­dies y ea­gles con gol­pes ma­gis­tra­les.

Cuan­do Ba­lles­te­ros irrum­pió, el golf Eu­ro­peo era un de­por­te con po­ca au­dien­cia y li­de­ra­do por Bri­tá­ni­cos. Se­ve cam­bió la ma­ne­ra de ju­gar al golf, fue úni­co en con­se­guir bir­dies des­de lu­ga­res in­ve­ro­sí­mi­les y se­du­cir a millones de es­pec­ta­do­res. Aun­que Jon pe­ga al dri­ver más rec­to de lo que lo ha­cía Se­ve, el vas­co si­gue esa es­te­la au­to­di­dac­ta el cual el pú­bli­co ad­mi­ra con bir­dies des­de po­si­cio­nes in­sos­pe­cha­das. La com­bi­na­ción de po­ten­cia e ima­gi­na­ción de am­bos es muy su­pe­rior al res­to y la ma­gia con el jue­go cor­to es su­bli­me.

Lo que me fas­ci­na es la va­len­tía a la ho­ra de desafiar ri­va­les co­mo Se­ve en su día con­tra Tom Wat­son o Jack Nic­klaus y Rahm en la ac­tua­li­dad con­tra el nú­me­ro uno del Mun­do Dus­tin John­son o Rory Mcll­roy.

He te­ni­do la po­si­bi­li­dad de ver com­pe­tir y ha­ber co­no­ci­do per­so­nal­men­te a Se­ve­riano des­de prin­ci­pios de los 90 has­ta su tris­te fa­lle­ci­mien­to. Su ca­ris­ma y arte es irre­pe­ti­ble, ver­le en­tre­nar el bún­ker era co­mo ob­ser­var a Mi­chael Jor­dan vo­lar ha­cia la ca­nas­ta o Ma­ra­do­na dri­blar de­fen­sas con el Ná­po­les. En una de sus épi­cas vic­to­rias en el Mas­ters de Au­gus­ta de 1983 di­jo su ri­val Tom Ki­te: «Se­ve va en un Fe­rra­ri y los de­más va­mos en un Che­vro­let». He co­no­ci­do a Rahm des­de ha­ce más de un lus­tro y su ta­len­to, tem­pe­ra­men­to, de­ter­mi­na­ción y jue­go cor­to me re­cuer­dan al gran ge­nio cán­ta­bro. El fu­tu­ro nos de­pa­ra­rá cuan­tos tor­neos o gran­des ga­na­rá, pe­ro lo que es in­dis­cu­ti­ble es que se­rá uno de los ju­ga­do­res más ex­ci­tan­tes de su ge­ne­ra­ción y se­rá el ri­val más ro­co­so pa­ra los ame­ri­ca­nos en la pró­xi­ma Ry­der Cup. ¿Quién sabe? A lo me­jor nos da una ale­gría es­te do­min­go en el Open Bri­tá­ni­co y se une a su clon co­mo se­gun­do es­pa­ñol en ga­nar la glo­rio­sa ja­rra de cla­re­te. Ál­va­ro Mar­tí­nez-Rum­bo fue cam­peón gallego ab­so­lu­to

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