«¡Cla­ro que las ver­be­nas son de pue­blo, y a mu­cha honra!»

Ad­mi­ra a las mu­je­res con fuer­za y ga­rra. Con sus es­ti­lis­mos y co­reo­gra­fías, es pa­ra mu­chos la nue­va di­va de las or­ques­tas

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Al Sol - ALE­JAN­DRO G. CHOUCIÑO, J.B.

In­mer­sa en la nue­va gi­ra de El Com­bo Do­mi­ni­cano, Da­vi­nia se de­fi­ne co­mo una mu­jer tí­mi­da, pe­ro con mu­cho ca­rác­ter. La con­fian­za es fun­da­men­tal en su día a día. Es­ta no­che ac­tua­rá en Gra­ba (Si­lle­da), Pon­te­ve­dra.

—¿Al­gu­na zo­na en la que le gus­te ac­tuar es­pe­cial­men­te?

—No. Es­ta­mos abrien­do más cam­pos por Ou­ren­se y Pon­te­ve­dra. Las fies­tas que se ha­cen ahí son es­pec­ta­cu­la­res. Se­gui­mos en Ga­li­cia pe­ro las fies­tas son di­fe­ren­tes.

— ¿Han cam­bia­do el con­cep­to que te­nía­mos en Ga­li­cia de las ver­be­nas?

—Yo creo que no. Lo úni­co es que no­so­tros ha­ce­mos un es­ti­lo com­ple­ta­men­te di­fe­ren­te. To­do la­tino, con me­ren­gues y cum­bias, y eso aquí na­die lo ha­cía. Aquí ha­cían otro ti­po de música. Pe­ro no­so­tros di­ji­mos: «Va­mos con lo nues­tro».

—¿A quién se que­ría pa­re­cer de pe­que­ña?

—Pa­re­cer­me no sé. Pe­ro a mí siem­pre me ha gus­ta­do mu­cho Mó­ni­ca Na­ran­jo, Pas­to­ra So­ler. Y más tar­de, Be­yon­cé. Me gus­tan las ar­tis­tas que tie­nen mu­cha fuer­za.

—¿Po­dría de­cir que Da­vi­nia Flei­tas es un re­fe­ren­te de la ver­be­na ga­lle­ga?

—¡Qué va! ¡Pa­ra na­da! Sa­bes qué pa­sa, que no­so­tros es­ta­mos de mo­da y a la gen­te les gus­ta­mos mu­cho. Creo que so­mos bas­tan­te cer­ca­nos con el pú­bli­co. Y de re­fe­ren­te na­da, aquí hay gen­te gran­dí­si­ma. Das una pa­ta­da a una pie­dra y te sa­len 50.000 chi­cas que son impresionantes. Yo creo que lo po­qui­to que ha­go en la or­ques­ta lo de­fien­do. Por lo me­nos la gen­te me quie­re y es­tán con­ten­tos, que es con lo que yo me que­do.

—¿Hay al­go de tea­tra­li­za­ción en sus ac­tua­cio­nes?

—Hay gen­te que me pre­gun­ta si he su­fri­do por amor y yo les ten­go que de­cir: «¡No! ¡No he su­fri­do por amor!». Me gus­ta can­tar can­cio­nes con ga­rra, que uno pue­da sa­car un po­co de ca­rác­ter y po­der po­ner­se en el es­ce­na­rio en plan «aquí es­toy yo». La par­te ro­mán­ti­ca la ten­go un po­co es­con­di­da [ri­sas].

—¿Có­mo se sien­te cuan­do es­tá en­ci­ma del es­ce­na­rio?

—Muy bien. A mí me gus­ta mi tra­ba­jo y dis­fru­to con lo que ha­go. Aho­ra, yo me pon­go mu­cho más ner­vio­sa si ten­go que can­tar de­lan­te de una per­so­na so­la que de­lan­te de to­do un cam­po de la fies­ta. No pue­do, me mue­ro de la ver­güen­za. Y des­pués la gen­te no en­tien­de có­mo me subo ahí y can­to. Pe­ro es que es mi te­rreno, es lo que yo sé ha­cer. Pue­de pa­re­cer que no, pe­ro yo soy tí­mi­da.

—¿Dón­de na­ce su pasión por la mo­da?

—Siem­pre me ha gus­ta­do la mo­da. En lo re­fe­ri­do a la or­ques­ta yo me em­pe­cé a en­car­gar del ves­tua­rio de la or­ques­ta por el año 2008. A par­tir de ahí fue po­co a po­co gus­tán­do­me más. Ha­ce sie­te años em­pe­cé a tra­ba­jar con Ro­mán, que es mi mo­dis­to. Y ha­ce dos años se unió Jos­hua, nues­tro di­se­ña­dor. Ellos son los que se en­car­gan del ves­tua­rio y no hay di­ne­ro que pa­gue lo que me ha­cen.

—¿Qué le di­ría a la gen­te que con­si­de­ra las ver­be­nas co­mo una co­sa de pue­blo?

—¡Cla­ro que las ver­be­nas son de pue­blo, y a mu­cha honra! ¿Qué les di­ría? Pues que tie­nen que abrir un po­co más la men­te por­que la gen­te de Ga­li­cia son unos cu­rran­tes, ha­cen unas fies­tas bue­ní­si­mas en sus pue­blos. Se de­jan mu­cho di­ne­ro. Se de­jan la piel y no es fá­cil mo­ver un ca­mión. Es gen­te que de­di­ca su tiem­po a ha­cer dis­fru­tar a los de­más. Hay gus­tos pa­ra to­do, y a quien no le gus­te pues que no va­ya.

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