Fies­ta

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Barbanza-muros-noia - Ma­xi Ola­ria­ga

Días de pól­vo­ra en­cen­di­da con­tra el azul, días de bom­bi­llas de co­lo­res, días de si­re­nas que no anun­cian muer­te sino ca­ba­lli­tos tro­tan­do so­bre un cie­lo in­fan­til y re­don­do al que pronto nu­bla­rán las tor­men­tas fu­tu­ras. An­dan los vi­nos co­mo ríos so­bre el le­cho an­ti­guo de los me­so­nes y los bo­rra­chos fes­te­ja­mos la ven­di­mia ale­gre de las al­mas nue­vas. Bu­lli­cio, gri­te­río y be­sos, to­do se su­bas­ta a la som­bra de las pér­go­las y, tras los mu­ros de los con­ven­tos, los apar­ta­dos del mun­do por la gra­cia de Dios, sien­ten un her­vor en el pu­che­ro de su co­ra­zón cuan­do la ban­da de mú­si­ca pa­sa ba­jo sus re­jas des­gra­nan­do un pa­sa­ca­lles. Fies­ta, fies­ta, fies­ta en los cua­tro pun­tos car­di­na­les. El plo­mo y las som­bras, mien­tras pa­sa el hu­ra­cán, se pa­ra­pe­tan en las tum­bas de los ce­men­te­rios aguar­dan­do el fin de la ale­gría. Los bar­cos lu­cen ban­de­ri­tas de pa­pel y los ma­ri­ne­ros tras­tor­nan a su dio­sa con un bam­bo­leo ma­rean­te so­bre su pea­na aba­rro­ta­da de viu­das y huér­fa­nos. Aú­llan las gai­tas y los atu­ru­xos y lle­ga su be­rro se­co has­ta la ci­ma de la noria des­de la que los ni­ños sa­lu­dan co­mo as­tro­nau­tas a cin­cuen­ta me­tros del sue­lo. El ve­rano mar­ti­llea las sie­nes y el agua de las fuentes se apa­re­ce fan­tas­mal en las sies­tas ahí­tas de ca­llos, em­pa­na­das y chu­rros. El aro­ma acre que as­cien­de a las al­tu­ras des­de las ti­nas en las que se cue­cen los pul­pos, lle­ga a em­pa­par las alas pu­rí­si­mas de los án­ge­les. Los tol­dos, tiz­na­dos y gra­sien­tos, pro­te­gen a la hu­ma­ni­dad de las iras del cie­lo mien­tras los cu­ras cuen­tan bi­lle­tes en las sa­cris­tías mi­ran­do de reojo al san­to que los re­cau­da. Los enamo­ra­dos se aman gra­tis en las pla­yas y en los pi­na­res. Fies­ta pa­ra to­dos.

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