Zion Har­vey, el pri­mer ni­ño que su­pera con éxi­to un do­ble tras­plan­te de ma­nos

Es la pri­me­ra ci­ru­gía de es­te ti­po en la que no hay pa­ren­tes­co en­tre do­nan­te y re­cep­tor

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Sociedad - R. ROMAR

Zion Har­vey aga­rra con fir­me­za el ba­te de béis­bol, uno de sus de­por­tes pre­fe­ri­dos. Lo ha­ce en un mo­vi­mien­to coor­di­na­do, co­mo ca­si cual­quier otro ni­ño de 10 años. So­lo que su ca­so es ex­cep­cio­nal. A los dos años fue so­me­ti­do a la ampu­tación de ma­nos y pies tras su­frir una sep­ti­ce­mia, una in­fec­ción ge­ne­ra­li­za­da por la pre­sen­cia en la san­gre de mi­cro­or­ga­nis­mos pa­tó­ge­nos o de sus to­xi­nas. Pe­ro el cha­val no se vino aba­jo. Man­tu­vo un op­ti­mis­mo que, a jui­cio de los mé­di­cos que lle­va­ron el ca­so, fue cla­ve pa­ra con­ver­tir­lo en el can­di­da­to idó­neo a una ope­ra­ción que nun­ca se ha­bía he­cho en me­no­res de tan cor­ta edad. Fue el pri­mer ni­ño del mun­do en re­ci­bir un do­ble tras­plan­te de ma­nos. La ope­ra­ción se prac­ti­có ha­ce ca­si dos años, pe­ro fue aho­ra, des­pués de una evo­lu­ción más que po­si­ti­va, cuan­do los es­pe­cia­lis­tas die­ron a co­no­cer su ca­so en la re­vis­ta cien­tí­fi­ca Lan­cet. Es, tam­bién, la pri­me­ra ci­ru­gía de es­te ti­po en la que no exis­te una re­la­ción de pa­ren­tes­co en­tre el do­nan­te y el re­cep­tor.

Es un ca­so úni­co. El ni­ño ha­ce ya unos años que cuen­ta con unas pró­te­sis que le per­mi­ten ca­mi­nar, co­rrer y sal­tar sin pro­ble­ma al­guno. Y tam­bién se las ha­bían pues­to en las ma­nos. Pe­ro no se ha­bía acos­tum­bra­do a ellas. Ape­nas le ofre­cían mo­vi­li­dad. Fue en­ton­ces cuan­do los mé­di­cos, de­bi­do a su en­tu­sias­mo y ga­nas de su­pera­ción, vie­ron en él a un buen can­di­da­to pa­ra un do­ble tras­plan­te, una com­ple­ja ope­ra­ción que se hi­zo por pri­me­ra vez en adul­tos en 1988, aun­que los pa­cien­tes tie­nen que es­tar per­ma­nen­te me­di­ca­dos pa­ra que su cuer­po acep­te el in­jer­to. Al­gu­nos nun­ca se acos­tum­bra­ron a su nue­va ex­tre­mi­dad. Su cuer­po la re­cha­za­ba. Pe­ro no es el ca­so de Har­vey que, en un asom­bro­so pro­ce­so de in­te­gra­ción, su ce­re­bro se ha co­nec­ta­do con sus ma­nos. In­clu­so es ca­paz de aca­ri­ciar la me­ji­lla de su ma­dre y sen­tir­la. «Nun­ca he vis­to a Zion llo­rar. Nun­ca lo he vis­to no que­rer ha­cer sus te­ra­pias. Es un ser hu­mano ex­tra­or­di­na­rio. Ha si­do muy va­lien­te y de­ter­mi­na­do, una ins­pi­ra­ción pa­ra to­dos», lle­gó a de­cir Scott Le­vin, di­rec­tor del pro­gra­ma de tras­plan­te de ma­nos del Hos­pi­tal In­fan­til de Fi­la­del­fia, don­de se reali­zó la in­ter­ven­ción. El ni­ño es ca­paz de co­mer, es­cri­bir y ves­tir­se so­lo dos años des­pués de la in­ter­ven­ción, lo que su­po­ne un au­tén­ti­co «éxi­to», se­gún ex­pli­ca­ron ayer sus mé­di­cos. La ci­ru­gía, de on­ce ho­ras, fue rea­li­za­da en Es­ta­dos Uni­dos en ju­lio del 2015 y ne­ce­si­tó la asis­ten­cia de cua­ren­ta es­pe­cia­lis­tas.

«Es ca­da vez más in­de­pen­dien­te y ca­paz de ha­cer ac­ti­vi­da­des co­ti­dia­nas», ex­pli­có la doc­to­ra Sandra Ama­ral, del Hos­pi­tal de Ni­ños de Fi­la­del­fia don­de Har­vey si­gue re­ci­bien­do el tra­ta­mien­to. «Si­gue me­jo­ran­do con te­ra­pia dia­ria pa­ra au­men­tar el fun­cio­na­mien­to de las ma­nos y con apo­yo psi­co­ló­gi­co», ex­pli­có. «Aun­que el re­sul­ta­do fue po­si­ti­vo, la ope­ra­ción —ad­mi­tió— fue muy exi­gen­te pa­ra el ni­ño y la fa­mi­lia». Tie­ne que me­di­car­se per­ma­nen­te­men­te, pe­ro Zion es fe­liz cuan­do aga­rra con fuer­za su ba­te de béis­bol. O atra­pa una pe­lo­ta con sus ma­nos.

Una evo­lu­ción es­pec­ta­cu­lar.

HOS­PI­TAL IN­FAN­TIL DE FI­LA­DEL­FIA

Zion Har­vei fue ope­ra­do ha­ce dos años, co­mo se mues­tra en la foto in­fe­rior. Des­de en­ton­ces ha te­ni­do una evo­lu­ción es­pec­ta­cu­lar que le per­mi­te ju­gar al béis­bol y otras ac­ti­vi­da­des.

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