«Quie­ro ju­gar... aquí»

Aun­que le ha­la­ga el in­te­rés del Le­van­te, sien­te la con­fian­za del De­por­ti­vo y de Mel y as­pi­ra a se­guir

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Deportes - XURXO FER­NÁN­DEZ

«No, en mi ca­be­za no en­tra­ba es­to ha­ce un año». Cuan­do se fue al Le­van­te, Róber (Olei­ros, 1995) al­ber­ga­ba du­das. In­clu­so, acer­ca de su en­ca­je en el fút­bol pro­fe­sio­nal. Las sa­có ju­ga­das en un año de mi­li y ha re­tor­na­do am­bi­cio­so. Se sa­be co­di­cia­do fue­ra, pe­ro con­fía en ha­ber­se pu­li­do lo su­fi­cien­te pa­ra triun­far aquí.

—Se fue sin ex­pe­rien­cia ni si­tio en el Dé­por. ¿En qué sien­te el cam­bio a su re­gre­so?

—Me sien­to uno más. Pa­ra com­pe­tir el pues­to, pa­ra tra­ba­jar por eso por­que to­dos que­re­mos ju­gar. Ni me sien­to par­te del ban­qui­llo ni par­te del on­ce, em­pie­zo co­mo el res­to de com­pa­ñe­ros.

—Pe­ro ya so­lo su pe­so en la ca­se­ta no tie­ne na­da que ver.

—Bueno, ahí, sí. Ha­ce dos años es­ta­ba pa­ra com­ple­tar plan­ti­lla, ayu­dar, pe­ro no era uno más. Aho­ra el res­to sí me va­lo­ra co­mo uno más. Creo que me he ga­na­do ser fut­bo­lis­ta pro­fe­sio­nal y com­pe­tir por un pues­to.

—Iba con esa me­ta, la de ser fut­bo­lis­ta pro­fe­sio­nal. Ha vuel­to con el de­seo cum­pli­do ¿Y aho­ra?

—Aho­ra cre­ce la res­pon­sa­bi­li­dad, por­que nun­ca de­jas de que­rer más. Lle­gas a es­to, a lo que que­rías, eres pro­fe­sio­nal. Y so­lo te di­ces, «aho­ra lo que quie­ro es ju­gar». No te pa­ras a pen­sar don­de es­tás; su­pon­go que eso lle­ga cuan­do te re­ti­ras. Aho­ra el ob­je­ti­vo es ju­gar lo máximo po­si­ble. El año pa­sa­do me fui sa­bien­do que lo iba a te­ner di­fí­cil. Ni si­quie­ra sa­bía cuál po­día ser mi ni­vel. Lue­go em­pe­cé a ju­gar y vi que da­ba ese ni­vel. Es­te año es un po­co lo mis­mo: tra­ba­jar a to­pe, in­ten­tar ju­gar, y si lo con­si­go mi con­fian­za vol­ve­rá a cre­cer.

—En­ton­ces ha­bía par­ti­ci­pa­do co­mo su­plen­te en dos par­ti­dos en Pri­me­ra. Ayer, un ri­val de la má­xi­ma ca­te­go­ría lan­zó un ul­ti­má­tum al Dé­por pa­ra ha­cer­se con us­ted. No le ha ido mal.

—Me sien­to muy ha­la­ga­do. Mu­cho. Por el in­te­rés que ha mos­tra­do el Le­van­te y por to­do lo que vi­ví allí. Pe­ro aho­ra ten­go que pen­sar en es­to, en que es­toy aquí y en que quie­ro ju­gar... [De­ja en el ai­re el fi­nal de la fra­se, has­ta que son­ríe] Aquí.

—¿Con­ven­ci­do?

—Sí. Quie­ro ju­gar aquí.

—¿Se ve res­pal­da­do por el club?

—El club es­tá muy pen­dien­te de mi si­tua­ción, tam­bién en con­tac­to con el Le­van­te. Aho­ra mis­mo lo que se me trans­mi­te es que tra­ba­je muy du­ro pa­ra que­dar­me. Y es lo que ha­go. Hay que es­pe­rar un po­qui­to más y ya de­ci­di­rán.

—¿Y por el mís­ter?

—Sí. Des­de el pri­mer mo­men­to me di­jo que com­pi­tie­ra, que tra­ba­ja­ra y que lue­go ya se ve­rá qué pa­sa, pe­ro que él me veía pa­ra com­pe­tir.

—¿Y us­ted? ¿Cree que tie­ne si­tio?

—Si no lo cre­ye­ra no es­ta­ría aquí.

—Ser fut­bo­lis­ta pro­fe­sio­nal im­pli­ca de­le­gar mu­chas de­ci­sio­nes im­por­tan­tes. Aho­ra mis­mo, su fu­tu­ro lo ne­go­cian dos clu­bes y sus agen­tes ¿Có­mo se en­ca­ja eso?

—Es al­go que me es­pe­ra­ba. En el fút­bol hay un mon­tón de fac­to­res que in­ci­den. Ca­da club mi­ra por su in­te­rés y el ju­ga­dor es ca­si lo de me­nos. Eso pue­de frus­trar un po­co a ve­ces, pe­ro yo lo lle­vo bien. Soy muy tran­qui­lo.

—A un pues­to de cen­tral as­pi­ran tres ju­ga­do­res de per­fil bas­tan­te dis­tin­to al su­yo. ¿Cuál es su ba­za?

—In­ten­to es­tar lo más rá­pi­do po­si­ble. Fino fí­si­ca­men­te. En el úl­ti­mo año he ga­na­do en ve­lo­ci­dad y en cor­pu­len­cia. La par­te téc­ni­ca siem­pre me ha lla­ma­do la aten­ción. Siem­pre me ha gus­ta­do ser un ju­ga­dor téc­ni­co. Bueno [ríe], eso en­tre co­mi­llas. Sa­car el ba­lón des­de atrás me gus­ta.

—Cum­pli­do su pri­mer de­seo ¿en­tre quién re­par­te cré­di­tos?

—Me han pa­sa­do mu­chí­si­mas co­sas; por suer­te, bue­nas. Es­to es muy bo­ni­to y a mi fa­mi­lia y a mis ami­gos les de­bo mu­cho. Pro­fe­sio­nal­men­te, a va­rios en­tre­na­do­res: Se­cho, De­ve­sa, Manu Mos­que­ra... En reali­dad, to­dos. To­dos me han he­cho apren­der. Lue­go Víc­tor, que apos­tó por mí, cla­ro.

—Y Muñiz en el Le­van­te, ¿no?

—Sí. Allí em­pe­cé bien y él me dio con­fian­za, pe­ro la cla­ve fue des­pués de la le­sión, por­que de­mos­tró cer­ca­nía, me di­jo que si­guie­ra tra­ba­jan­do y que con­ta­ría con­mi­go. A ve­ces eso se que­da so­lo en pa­la­bras, pe­ro no fue así. Creo que yo tam­bién pu­se mi par­te. Tra­ba­jé fuer­te, du­ro, y creo qué él va­lo­ró eso, que lo die­ra to­do en ca­da en­tre­na­mien­to. Con­se­guí que le cos­ta­se de­jar­me fue­ra. Es im­por­tan­te no ba­jar los bra­zos por­que si no, pier­des la chis­pa. Si es­tás en­chu­fa­do y ayu­dan­do, cuan­do te to­ca ju­gar das el ni­vel y eso mar­ca una tem­po­ra­da y pue­de que tu ca­rre­ra.

«Aho­ra el res­to me va­lo­ra co­mo uno más, me he ga­na­do ser pro­fe­sio­nal y com­pe­tir»

«Si ba­jas los bra­zos, pier­des la chis­pa. Es­tar en­chu­fa­do y ayu­dan­do pue­de mar­car tu ca­rre­ra»

CÉ­SAR QUIAN

Róber sos­tie­ne que el se­llo de Pepe Mel es «ser va­lien­tes, no per­mi­tir que el ri­val ten­ga pro­ta­go­nis­mo».

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