El fes­ti­val que con­quis­ta aco­gi­do al de­re­cho a no de­cla­rar su car­tel

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Al Sol - B. R. SOTELINO

En las an­tí­po­das de Su­per­vi­vien­tes, la is­la a la que los fa­mo­sos (fa­mo­sos no se sa­be bien por qué), van a ga­nar mi­llo­nes y a per­der ki­los, es­tá la is­la de San Si­món. Allí ni se pa­sa ham­bre ni se pa­sa mal. Hay pues­tos de co­mi­da, be­bi­da, mer­chan­di­sing y mú­si­ca. Fren­te a la re­don­de­la­na pla­ya de Ce­san­tes, al fon­do de la Ría de Vi­go, se ce­le­bra des­de ha­ce sie­te ve­ra­nos el Fes­ti­val Sin­sal. El pri­mer año, el 2011, du­ró un so­lo día y se anun­ció el car­tel. A par­tir de ahí a la or­ga­ni­za­ción se le ocu­rrió no anun­ciar­lo. Se die­ron cuen­ta de que ven­dían igual las en­tra­das. Que la gen­te iba por pa­sar el día en la sin­gu­lar is­la que an­ta­ño fue cár­cel fran­quis­ta y la­za­re­to pa­ra le­pro­sos. Aho­ra es un pe­que­ño pa­raí­so pa­ra hips­ters y más fau­na.

El he­cho mu­si­cal no es que no im­por­te, es que el even­to go­za de unos es­pec­ta­do­res que con­fían cie­ga­men­te en unos pro­gra­ma­do­res com­pe­ten­tes y sa­ben que trai­gan lo que trai­gan, bien­ve­ni­do se­rá. Así si­gue la co­sa des­de en­ton­ces, cre­cien­do, pe­ro de ma­ne­ra con­te­ni­da, ya que la is­la es un es­pa­cio pro­te­gi­do (ca­ta­lo­ga­do co­mo Bien de In­te­rés Cul­tu­ral des­de 1999) y se cui­da mu­cho el en­torno y el lí­mi­te de pla­zas. Son 800 por ca­da uno de los tres días y las en­tra­das in­di­vi­dua­les y los abo­nos de pack com­ple­to se ago­ta­ron ha­ce más de un mes. Ayer, tras un ama­go de inau­gu­ra­ción el jue­ves por la tar­de, en que se es­tre­na­ron las in­ter­ven­cio­nes ar­tís­ti­cas, arran­có la sép­ti­ma edi­ción a rit­mo pau­sa­do y bu­có­li­co en con­so­nan­cia con el pai­sa­je. Los pri­me­ros acor­des los pu­so el dúo ca­ta­lán Ma­ría Ar­nal i Mar­cel Ba­gés en el es­ce­na­rio San Si­món (hay tres re­par­ti­dos por el ar­chi­pié­la­go, lo que obli­ga al pú­bli­co a re­co­rrer to­da la is­la), con can­cio­nes que res­ca­tan de otros tiem­pos, re­bus­can­do en fo­no­te­cas y vie­jos ar­chi­vos so­no­ros.

Pa­ra asis­tir al si­guien­te ha­bía que cru­zar el puen­te. Al fi­nal, en la is­la de San An­tón, les es­pe­ra­ban Bit­chin Ba­jas (trío ex­pe­ri­men­tal del gui­ta­rris­ta de Ca­ve) en su reunión folky con un vie­jo co­no­ci­do del Sin­sal, Bon­nie Prin­ce Billy. El es­ce­na­rio co­lo­ca­do an­te el má­gi­co pa­seo de los bu­xos aco­gió una ho­ra más tar­de el rock de Me­lan­ge y re­ma­tó don­de em­pe­zó, con los rit­mos mes­ti­zos de los bra­si­le­ños Me­tá Me­tá. A las 23.00 ho­ras, to­dos en los bar­cos, de vuel­ta a ca­sa. Hoy y ma­ña­na ha­brá más, pe­ro co­mo es tra­di­ción, los asis­ten­tes sa­brán qué to­ca cuan­do des­em­bar­quen. In­clu­so cuan­do les fa­ci­li­ten el pro­gra­ma, tam­po­co lo sa­brán. Es otro de los atrac­ti­vos de es­te cer­ta­men, que ofre­ce a los es­pec­ta­do­res la po­si­bi­li­dad de des­cu­brir co­sas nue­vas que tiem­po más tar­de, se ha­rán fa­mo­sas. Van por de­lan­te.

ÓSCAR VÁZQUEZ

El Sin­sal San Si­món arran­có ayer con to­do ven­di­do.

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