El pue­blo ou­ren­sano ce­le­bró, un año más, su par­ti­cu­lar fies­ta del te­rror Chaio­so, atra­pa­do en un exor­cis­mo

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Al Sol - EDITH FIL­GUEI­RA

«Hace 500 años se lle­vó a ca­bo un exor­cis­mo en Chaio­so con un re­sul­ta­do fi­nal te­rro­rí­fi­co. El de­mo­nio ter­mi­nó apo­de­rán­do­se de la gen­te que vi­ve en el pue­blo». Así in­tro­du­cían los pa­ya­sos ase­si­nos a los que la no­che del vier­nes y el sábado se acer­ca­ron has­ta la de­ci­moc­ta­va edi­ción del «Pue­blo Fan­tas­ma».

Du­ran­te dos no­ches al año, to­do ti­po de se­res deam­bu­lan en­tre las ca­sas y la ve­ge­ta­ción del lu­gar. La ni­ña del exor­cis­ta gri­tán­do­le al cu­ra que el es­pí­ri­tu le que­ma. Unos vam­pi­ros a los que hay que ma­tar con una es­ta­ca en el co­razón. Un cam­pa­ne­ro que re­gre­sa de en­tre los muer­tos para to­car las ho­ras. El hom­bre lo­bo que lle­va va­rias no­ches sin pre­sas que lle­var­se a la bo­ca y un qui­ró­fano en el que las ope­ra­cio­nes nun­ca sa­len bien co­gen por sor­pre­sa has­ta a los que di­cen no te­ner mie­do.

«¡Va­mos a re­zar to­dos!», or­de­na un cu­ra cu­ya úni­ca ob­se­sión es sa­car mue­las —y se­gún cuen­ta la le­yen­da, se ha lle­va­do al­gu­na vi­da por el me­dio tam­bién—. Cientos de per­so­nas tu­vie­ron que atra­ve­sar un cementerio y un par­que a os­cu­ras en el que unos ni­ños per­ma­ne­cen atra­pa­dos, des­de el exor­cis­mo, y que guían a los más va­lien­tes has­ta un la­be­rin­to a os­cu­ras. «Si al­go se mue­ve ba­jo vues­tros pies no ten­gáis mie­do», ad­ver­tían.

Hom­bres con mo­to­sie­rras, bru­jas rea­li­zan­do con­ju­ros, de­men­tes ca­mi­nan­do en­tre los vi­si­tan­tes y car­ni­ce­ros que des­pie­zan ni­ños y em­bo­te­llan sus ór­ga­nos en for­mol fue­ron otros de los per­so­na­jes que pro­vo­ca­ron gri­tos de pa­vor y ri­sas his­té­ri­cas.

El re­co­rri­do, que du­ra en torno a vein­te mi­nu­tos, se hace por gru­pos acom­pa­ña­dos de un guía y cues­ta cin­co eu­ros. «Es­te año nos he­mos ca­rac­te­ri­za­do de pa­ya­sos ase­si­nos por el pro­ble­ma que sur­gió en EE.UU. con ellos. El res­to mantiene bas­tan­te esen­cia de los años an­te­rio­res. Re­pro­du­ci­mos es­ce­nas de te­rror con­ven­cio­na­les e in­ten­ta­mos in­tro­du­cir hom­bres lo­bo o bru­jas que son tí­pi­cos de las le­yen­das ga­lle­gas», ex­pli­ca Emi­li­ano Ro­drí­guez, que par­ti­ci­pó en la or­ga­ni­za­ción del even­to. «Ca­da año es más com­pli­ca­do mon­tar­lo por­que siem­pre que­re­mos innovar y no es sen­ci­llo, por­que hay gen­te que nos acom­pa­ña des­de hace mu­cho tiem­po y es di­fí­cil sor­pren­der­la», aña­de.

La idea, que sur­gió hace mu­chos años y que en un prin­ci­pio te- nía lu­gar en el cas­ti­llo de Ma­ce­da, se si­gue po­nien­do en prác­ti­ca para re­cau­dar fon­dos des­ti­na­dos a las fies­tas del pue­blo. «Hu­bo unos años en que de­jó de ha­cer­se, pe­ro cuan­do vol­vi­mos los que ha­bía­mos es­ta­do fue­ra es­tu­dian­do, la re­to­ma­mos en Chaio­so. Al prin­ci­pio el re­co­rri­do era más cor­to, pe­ro el nú­me­ro de par­ti­ci­pan­tes y de vi­si­tan­tes ha ido cre­cien­do», ex­pli­ca la pre­si­den­ta de la aso­cia­ción de ve­ci­nos, Ma­ri­car­men Car­ba­llo. La co­la para en­trar en el pue­blo es­ta­ba formada por per­so­nas que lle­ga­ban de di­fe­ren­tes par­tes de Ga­li­cia. Des­de ni­ños has­ta adul­tos —in­clu­so fa­mi­lias al com­ple­to— qui­sie­ron ex­pe­ri­men­tar el mie­do es­te fin de se­ma­na.

FO­TOS: Á. VA­QUE­RO

Du­ran­te dos no­ches al año to­do ti­po de se­res deam­bu­lan por las ca­lles de la lo­ca­li­dad.

Es­te pa­ya­so «ase­sino» es uno de los guías que acom­pa­ña­ron a los gru­pos du­ran­te to­do el re­co­rri­do.

El car­ni­ce­ro es uno de los per­so­na­jes clásicos de la ci­ta.

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