Los «aqua karts» lle­gan a San­xen­xo

Pro­ba­mos el vehícu­lo acuá­ti­co de mo­da: 22 eu­ros, una vuel­ta de 8 mi­nu­tos

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Al Sol - DIE­GO LUEN­GO, J.B.

So­lo se ne­ce­si­ta el pie de­re­cho y un cha­le­co pa­ra po­der ma­ne­jar un kart acuá­ti­co en San­xen­xo. Sue­na ra­ro. Pe­ro tras diez años in­ten­tán­do­lo, por fin está ya al al­can­ce de to­dos los que quie­ran pro­bar­lo. Un la­go de 30.000 me­tros cua­dra­dos es el es­pa­cio don­de se pue­de dis­fru­tar de es­ta no­ve­dad.

El fun­cio­na­mien­to de los aqua karts es más sen­ci­llo de lo que parece. La úni­ca ta­rea es la de ace­le­rar y gi­rar el vo­lan­te. To­do es­to sen­ta­do co­mo en el so­fá de ca­sa. Así de fá­cil. En el ca­so de pi­sar a fon­do, la ve­lo­ci­dad im­pre­sio­na. Pe­ro de­bi­do a su es­truc­tu­ra, es im­po­si­ble vol­car, lo que da mu­cha se­gu­ri­dad. Una vez den­tro del vehícu­lo, en nin­gún mo­men­to se tie­ne la sen­sa­ción de po­der caer al agua. In­clu­so aun­que parece im­po­si­ble, sa­les del aqua kart to­tal­men­te se­co. Tan so­lo cir­cu­lan­do a una ve­lo­ci­dad ex­ce­si­va es cuan­do el agua lle­ga al cuer­po. De to­das for­mas, se­ría al­go de agra­de­cer en es­tos me­ses de ca­lor.

No es una mo­to de agua

La pri­me­ra im­pre­sión que se vie­ne a la ca­be­za al lle­gar allí es la de ver mo­tos de agua so­bre el gran la­go. Pe­ro no son tan­tos sus pa­re­ci­dos. Aun­que com­pi­ten en el mis­mo sec­tor, la sen­sa­ción al te­ner el con­trol es muy dis­tin­ta, so­bre to­do por su co­mo­di­dad. Se­gún el pro­pio pro­mo­tor de es­ta idea, Jo­sé Ló­pez Ri­vas: «En es­tos aqua karts ya se ha mon­ta­do des­de gen­te de 14 años has­ta mi ma­dre, que tie­ne 83. Eso es por la co­mo­di­dad y la se­gu­ri­dad, en una mo­to de agua se­ría im­pen­sa­ble».

Lle­va al­go me­nos de un mes en fun­cio­na­mien­to, pe­ro los clien­tes ya lle­gan de to­da Ga­li­cia, e in­clu­so de Es­pa­ña o Por­tu­gal. El pre­cio es un po­co ma­yor que el de los karts con­ven­cio­na­les, pe­ro el dis­fru­te tam­bién lo es. Los ocho mi­nu­tos al vo­lan­te pa­re­cen ser so­lo uno. El buen tiem­po ayu­da, y la ex­pe­rien­cia ga­ran­ti­za un buen ra­to de di­ver­sión so­bre el agua.

RA­MÓN LEI­RO

Jo­sé Ló­pez y dos usuarios pro­ban­do los «aqua karts».

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