Pri­sión co­mu­ni­ca­da y sin fian­za pa­ra el hom­bre que acu­chi­lló a su ex­pa­re­ja a ple­na luz del día en San­tia­go

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Galicia - XURXO MELCHOR

El hom­bre de­te­ni­do el pa­sa­do lu­nes en San­tia­go por apu­ña­lar bru­tal­men­te a su ex­pa­re­ja fue pues­to ayer a dis­po­si­ción ju­di­cial y, tras ser in­te­rro­ga­do, la ti­tu­lar del Juzgado de Ins­truc­ción número 2 de la ca­pi­tal ga­lle­ga, Mar­ga­ri­ta Gui­llén, le ha en­via­do a pri­sión pro­vi­sio­nal co­mu­ni­ca­da y sin fian­za. A. V., que al igual que su víc­ti­ma es de na­cio­na­li­dad ru­ma­na, dio pre­sun­ta­men­te cer­ca de quin­ce cu­chi­lla­das a su ex­no­via, Ana Ma­ría M., de 21 años, cuan­do la chica se ne­gó a re­ini­ciar la re­la­ción sen­ti­men­tal que man­tu­vie­ron du­ran­te dos años y que se ha­bía ro­to ha­cía dos me­ses.

Los hechos se pro­du­je­ron a las 17.15 ho­ras en el apar­ca­mien­to en su­per­fi­cie de la zona ORA que es­tá si­tua­do en­tre las ca­lles de San Cle­men­te y Pom­bal, muy cer­ca de la Ca­te­dral com­pos­te­la­na. Ana Ma­ría, que re­si­de en Pa­drón, ha­bía acu­di­do a San­tia­go pa­ra ven­der ju­gue­tes en la fe­ria de las fies­tas del Após­tol. Es­ta­ba sen­ta­da jun­to a su cu­ña­da, Elena Geor­gia­na, en los asien­tos tra­se­ros del Au­di de color os­cu­ro con el que se ha­bían des­pla­za­do has­ta la ca­pi­tal ga­lle­ga. De re­pen­te, en el lu­gar apa­re­ció A. V. en su co­che, un Opel As­tra ocre. Se ba­jó y se di­ri­gió ha­cia su ex­no­via, abrió la puer­ta del vehícu­lo y, se­gún la fa­mi­liar de la víc­ti­ma que pre­sen­ció la agre­sión, le pre­gun­tó que por qué no vol­vía con él. «Ella le di­jo que la de­ja­se en paz y que no que­ría sa­ber na­da de él y fue en­ton­ces cuan­do él sa­có del bol­si­llo una na­va­ja y co­men­zó a apu­ña­lar­la», de­cla­ró Elena.

Al ver la es­ce­na, la cu­ña­da de la agre­di­da sa­lió del co­che y sus gri­tos lla­ma­ron la aten­ción de no po­cas per­so­nas que se en­con­tra­ban en ese mo­men­to en la zona. En­tre ellas, una agen­te de la Po­li­cía Na­cio­nal fue­ra de ser­vi­cio que no du­dó en aba­lan­zar­se so­bre el agre­sor, aga­rrar­le por la es­pal­da y, tras ad­ver­tir­le a gri­tos que era po­li­cía, exi­gir­le que sol­ta­se el ar­ma.

La de­ci­sión de es­ta po­li­cía, ads­cri­ta a la co­mi­sa­ría com­pos­te­la­na pe­ro natural de Vi­go, le sal­vó la vi­da a Ana Ma­ría, ya que hi­zo que su agre­sor ti­tu­bea­se, de­ja­se de apu­ña­lar­la y hu­ye­ra, aun­que fue de­te­ni­do muy cer­ca cuan­do in­ten­ta­ba es­ca­par del lu­gar en su co­che. La víc­ti­ma, que fue aten­di­da en pri­me­ra ins­tan­cia por tres en­fer­me­ros que es­ta­ban en las cer­ca­nías, fue in­gre­sa­da de ur­gen­cia en la uni­dad de crí­ti­cos del Hos­pi­tal Clí­ni­co, don­de per­ma­ne­ce tras ser ope­ra­da. Es­tá es­ta­ble den­tro de la gra­ve­dad de sus he­ri­das y, aun­que no se te­me por su vi­da, su pro­nós­ti­co si­gue sien­do re­ser­va­do por­que los mé­di­cos quie­ren ver có­mo evo­lu­cio­nan sus le­sio­nes más se­ve­ras.

Ana Ma­ría su­frió nu­me­ro­sas cu­chi­lla­das en to­do su cuer­po. Aun­que fuen­tes hos­pi­ta­la­rias no lo con­fir­man, se ha­bla de que pu­do ser apu­ña­la­da has­ta en quin­ce oca­sio­nes por su ex­pa­re­ja. Pre­sen­ta­ba he­ri­das en la ca­ra —una de las que más preo­cu­pa­ban, cer­ca de un ojo—, así como en los bra­zos, en el ab­do­men y tam­bién en las pier­nas.

Se­gún ex­pli­có su cu­ña­da, no era la pri­me­ra vez que A.V. la mal­tra­ta­ba, aun­que nun­ca de es­ta for­ma. «Es­tu­vo con él dos años y siempre la veía­mos con mo­re­to­nes», ex­pli­có. Ella tie­ne cla­ro que el hom­bre in­ten­tó ase­si­nar a su cu­ña­da. «Por eso que­re­mos que vaya a la cár­cel y que no sal­ga», aña­de Elena.

ÓS­CAR VÁZ­QUEZ

El acu­sa­do, ayer en­tran­do en los juz­ga­dos de Vi­go.

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