A pesar del mal tiem­po, Castrelos se lle­nó con los fans del co­lom­biano

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Al Sol - ARIAD­NA ARIAS, Á. P.

Lo pri­me­ro que sue­na es una flau­ta tra­di­cio­nal in­dí­ge­na. El con­cier­to es en Castrelos pe­ro, por unos mo­men­tos, ca­si pa­re­ce que los ár­bo­les son la sel­va ama­zó­ni­ca y que el es­ta­dio se en­cuen­tra en San­ta Mar­ta, Co­lom­bia, lu­gar que, ha­ce 55 años, lo vio na­cer. Car­los Vi­ves no se ha­ce de ro­gar y des­lum­bra a un pú­bli­co que des­bor­da el au­di­to­rio con una son­ri­sa y rit­mos exó­ti­cos. El es­ce­na­rio no le es des­co­no­ci­do: ya pa­só por Castrelos ha­ce 17 años.

Arran­ca La bi­ci­cle­ta, éxi­to del ve­rano de 2016 que si­gue so­nan­do en to­das las ra­dios. El má­xi­mo re­pre­sen­tan­te del va­lle­na­to, gé­ne­ro mu­si­cal au­tóc­tono de la cos­ta co­lom­bia­na del Ca- ri­be, can­ta los pri­me­ros ver­sos y la au­dien­cia los co­rea con en­tu­sias­mo. Lo acom­pa­ña to­da una or­ques­ta de per­cu­sión y gui­ta­rras que se lla­ma La Pro­vin­cia y traen el fol­clo­re más in­dí­ge­na. Más latino im­po­si­ble. Y al pú­bli­co le en­can­ta. Car­los Vi­ves brin­ca por el es­ce­na­rio, da pal­mas, gri­ta, ani­ma... Es la vi­va ima­gen de la ex­ci­ta­ción, y eso que las nu­bes ame­na­zan con des­car­gar su fu­ria en cual­quier mo­men­to. Uno se pregunta si no se can­sa con tan­to mo­vi­mien­to. Se­rá por el yo­ga que ha­ce siem­pre an­tes de los con­cier­tos o por el li­cor ca­fé que se to­mó hoy en un conocido res­tau­ran­te de Vi­go, que le ha he­cho efec­to. Di­cen de él que es muy sim­pá­ti­co con sus fans y, des­de lue­go, el ca­ri­ño y las ga­nas de pa­sár­se­lo bien son lo que más trans­mi­te so­bre el es­ce­na­rio. Por al­go el tour se lla­ma La fies­ta de to­dos.

Aun­que no hu­bo llu­via, con La go­ta fría, Vi­ves re­cuer­dó a su pú­bli­co la can­ción que le abrió a Co­lom­bia las puer­tas al mun­do y que cum­ple ya 24 años en los que le ha da­do tiem­po a ba­tir el ré­cord de no­mi­na­cio­nes a los La­tin Grammy Award y a ser el primer ar­tis­ta co­lom­biano en ga­nar un Grammy (en to­tal tie­ne dos). Y sin letras ma­chis­tas, que apren­dan los re­gue­to­ne­ros. En­tre el fol­clo­re ca­ri­be­ño sue­nan ins­tru­men­tos que nin­gún es­pa­ñol co­no­ce, pe­ro la mú­si­ca no en­tien­de de fron­te­ras. Con Fru- ta fres­ca más de uno se po­ne a in­ten­tar mo­ver la ca­de­ra co­mo si el rit­mo le lle­va­ra. Al fi­lo de tu amor la can­ta con de­li­ca­de­za: es su nue­vo te­ma. Pe­ro na­da ha­ce tan­to fu­ror co­mo La bi­ci­cle­ta, que vuel­ve a to­car pa­ra ce­rrar una no­che en la que tam­bién tu­vo pa­la­bras pa­ra Vi­go y pa­ra de­fen­der el va­lle­na­to.

ÓS­CAR VÁZ­QUEZ

Car­los Vi­ves en un mo­men­to del con­cier­to que se ce­le­bró ano­che en Castrelos.

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