«Es­tar con Be­be­to fue un re­ga­lo»

Ha­ce 25 años fue pre­sen­ta­do co­mo jugador del De­por­ti­vo con el de­lan­te­ro bra­si­le­ño

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Deportes - NASO CAL­VO

Ha­ce más de 25 años co­rría co­mo una ba­la la ban­da del cam­po mu­ni­ci­pal de San­ta Isa­bel. Do­ce me­ses an­tes de la inau­gu­ra­ción del es­ta­dio de San Lá­za­ro de la ca­pi­tal ga­lle­ga, Juan Ami­go, Jua­ni­to (Sigüeiro, 1969), cam­bió de ai­res y se fue a Ria­zor. Ha­ce jus­to 25 años, aquel ve­loz ex­tre­mo con ca­ra de ni­ño y con ga­nas de co­mer­se el mun­do, lle­gó al Dé­por y se vis­tió de cor­to co­mo nue­vo jugador de­por­ti­vis­ta el mis­mo día en el que el club pre­sen­ta­ba an­te mi­les de afi­cio­na­dos a su gran es­tre­lla, el de­lan­te­ro Be­be­to. «Es­tar con Be­be­to aquel día fue co­mo un re­ga­lo pa­ra mí», re­cuer­da el hoy de­lan­te­ro del Sigüeiro, equi­po de la Pri­me­ra Au­to­nó­mi­ca en el que to­da­vía jue­ga a sus 47 años de edad.

—¿Qué re­cuer­da de aquel má­gi­co día?

—Aque­lla pre­sen­ta­ción me so­bre­pa­só un po­co. Fue una pa­sa­da. Yo ve­nía del Com­pos, de un ves­tua­rio en el que to­dos éra­mos ami­gos. Aque­lla tem­po­ra­da lle­ga­ron, ade­más de Be­be­to, otros gran­des fut­bo­lis­tas de ta­lla mun­dial co­mo Mau­ro Sil­va. En aquel equi­po es­ta­ban Dju­kic, Fran... El club me dio la opor­tu­ni­dad de pre­sen­tar­me con Be­be­to y eso tu­vo una gran re­per­cu­sión. Me sen­tí real­men­te im­por­tan­te aquel día en Ria­zor.

—Ar­se­nio Igle­sias era el en­tre­na­dor del Dé­por, ¿le vio asus­ta­do?

—Ar­se­nio no ha­bló mu­cho conmigo, la ver­dad. Lo hi­zo en con­ta­das oca­sio­nes. En lo de­por­ti­vo no son bue­nos re­cuer­dos, pues no tu­ve opor­tu­ni­da­des. Él te­nía su on­ce y al res­to nos te­nía co­mo es­pa­rrin.

—¿Fer­nan­do Cas­tro San­tos le dio más con­se­jos en el Com­pos?

—Sí, por su­pues­to. Ha­bla­ba mu­cho más conmigo. Me de­cía que te­nía que au­men­tar la in­ten­si­dad de­fen­si­va y que te­nía que ser más cons­tan­te y me­nos in­ter­mi­ten­te en mi jue­go.

—Su pri­me­ra sa­li­da de Ga­li­cia fue al Real Be­tis.

—Lle­gué a mi­tad de tem­po­ra­da a un equi­po que es­ta­ba con­fec­cio­na­do pa­ra as­cen­der. Es­tá­ba­mos de sex­tos y al fi­nal subimos a Pri­me­ra Di­vi­sión. Allí coin­ci­dí con otras estrellas, co­mo Gor­di­llo.

—Lue­go ju­gó en el Mé­ri­da, en el Le­van­te y en el To­le­do, club al que lle­gó con 29 años y en el que es­ta­ba Unai Emery, ac­tual en­tre­na­dor del PSG y dos años más jo­ven que us­ted.

—Era de esos ju­ga­do­res que al aca­bar el par­ti­do siem­pre ana­li­za­ba el jue­go. Co­no­cía a to­dos los ri­va­les y a to­dos los ju­ga­do­res, de Pri­me­ra a Se­gun­da B. En­ton­ces ya sa­bía­mos que iba a aca­bar en­tre­nan­do.

—¿Cree que aca­ba­rá ga­nan­do una Cham­pions con el PSG?

—No lo sé, pe­ro se­gu­ro que an­da­rá cer­ca. El año pa­sa­do tu­vo la des­gra­cia de en­fren­tar­se al Bar­ce­lo­na. Es­toy con­ven­ci­do de que ha­rá un buen pa­pel en cual­quier equi­po al que va­ya.

—Ocho años des­pués us­ted vol­vió a sus orí­ge­nes.

—Sí, ya el Com­pos te­nía un gran equi­po y un ves­tua­rio más po­ten­te y pro­fe­sio­na­li­za­do, con ju­ga­do­res co­mo Fa­biano, Gu­delj, Ohen, Na­cho... Te­nía­mos un plan­tel con mu­cha más ex­pe­rien­cia. En mi re­gre­so hu­bo mo­men­tos bue­nos y otros no tan bue­nos. Vi­ví un as­cen­so y un des­cen­so. Fue­ron tiem­pos muy de­li­ca­dos tam­bién, por­que el club eco­nó­mi­ca­men­te te­nía se­rios pro­ble­mas.

—En el Com­pos ju­gó va­rios cur­sos al la­do de Fa­biano Soa­res, hoy en­tre­na­dor del Atlé­ti­co Pa­ra­nen­se de la Se­rie A de Bra­sil y con el que tam­bién es­tu­vo en el Ra­cing.

—En Fe­rrol yo te­nía 34 y Fa­bi, 37. Co­mo per­so­na era una pa­sa­da y co­mo jugador ya to­do el mun­do le co­no­ce, un fe­nó­meno. Era un tío muy tran­qui­lo, aun­que cuan­do ju­ga­bas en con­tra pa­re­cía to­do lo con­tra­rio, pa­re­cía un pro­vo­ca­dor, pues te­nía mu­chí­si­mo ca­rác­ter. Cuan­do al fi­nal lo co­no­ces, ves que na­da de eso es cier­to. Era un gran pro­fe­sio­nal y so­lo pue­do de­cir co­sas bue­nas de él. Era y es una per­so­na se­ria y tra­ba­ja­do­ra, que mi­ra siem­pre pa­ra ade­lan­te, con mu­cho tem­pe­ra­men­to. Triun­fa­rá co­mo en­tre­na­dor.

—Ya cer­ca de los 48 años y no pien­sa en la re­ti­ra­da.

—Voy a co­men­zar otra nue­va tem­po­ra­da con el Sigüeiro, con el ob­je­ti­vo de in­ten­tar as­cen­der a la Pre­fe­ren­te Ga­li­cia. Has­ta que aca­be la cam­pa­ña no me plan­tea­ré lo de se­guir o no. De­pen­de­rá de las sen­sa­cio­nes que ten­ga y del ba­lan­ce fi­nal.

—Com­par­tió ves­tua­rio con fut­bo­lis­tas que hoy es­tán sen­ta­dos en al­gún ban­qui­llo, co­mo Emery, Fa­biano, Jai­me Sán­chez, Ro­ber­to Ríos, Te­na, Ma­ric... ¿Nin­guno le lla­mó pa­ra re­sol­ver al­gu­na si­tua­ción di­fí­cil o co­mo re­fuer­zo sor­pre­sa?

—[Se ríe] A ve­ces ha­blo con al­guno, por­que me pre­gun­ta por al­gún jugador en con­cre­to. Al es­tar tan­tos años ju­gan­do es nor­mal que ha­ya mu­chos ex­com­pa­ñe­ros en­tre­nan­do. Pe­ro sí pue­do de­cir que no me ex­tra­ña que es­tén sen­ta­dos en el ban­qui­llo por­que ya de fut­bo­lis­tas la gran ma­yo­ría de ellos te­nían bue­nas ma­ne­ras y se les veía ve­nir.

ILUSTRACIÓN ABRALDES

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