Agos­to

La Voz de Galicia (Barbanza) - - La Voz De Barbanza - Ma­xi Ola­ria­ga

Se veía ve­nir. Si ya te lo de­cía yo. Que en Galicia llue­ve, ca­ri­ño. Pe­ro tu erre que erre. Pue­de que llue­va al­gún día, pe­ro dicen que aquí la llu­via es ar­te. Se­rá ar­te, pe­ro en agos­to la llu­via es un tor­men­to, la go­ta ma­la­ya, va­mos. Y mira mi ma­dre, con la ilu­sión que te­nía la po­bre, de apren­der a na­dar. Ahí la tie­nes to­do el día dán­do­le a la cal­ce­ta. Se­gu­ro que te es­tá ha­cien­do una bu­fan­da pa­ra Re­yes. No seas pel­ma, ven­ga. Ya ve­rás co­mo pa­ra el fin­de des­pe­ja y nos asa­mos de ca­lor. Mira, ca­ri­ño, que al fi­nal va a te­ner ra­zón Do­nald Trump y de cam­bio cli­má­ti­co nas­ti de plas­ti. En Galicia llue­ve des­de que el mun­do es mun­do y, sin pa­ra­guas, ni es Galicia ni fa­rra­pos de jai­ta co­mo dicen que de­cía el se­reno de mi calle. Y así si­guie­ron, du­ran­te la ho­ra en que, sen­ta­do en una te­rra­za ba­jo tol­do, leí el pe­rió­di­co, hi­ce los cru­ci­gra­mas y re­sol­ví los pa­lín­dro­mos y los je­ro­glí­fi­cos. Al le­van­tar­me pa­ra en­fren­tar mis asun­tos, ella me pre­gun­tó: «¿Es us­ted de aquí?» Pues sí, res­pon­dí. «Dí­ga­le a es­te mi ma­ri­do có­mo es cier­to que en Galicia cuan­do llue­ve, llue­ve». Sor­pren­di­do por la ob­vie­dad, res­pon­dí: Así es, cuan­do llue­ve, llue­ve. «Lo ves, si ya te lo di­je. Y lo afir­ma es­te se­ñor que es ga­lle­go».

Azo­ra­do, di los bue­nos días y sa­lí del es­ta­ble­ci­mien­to. Una llu­via fi­na co­mo el oro mo­li­do, me ro­deó al ins­tan­te. Era agra­da­ble, sí. Co­mo es­tar ba­jo las du­chas del cie­lo, en las que se re­fres­can los ángeles an­tes de em­pren­der sus queha­ce­res. Mi­ré ha­cia atrás y les vi dis­cu­tir di­fu­mi­na­dos tras la cor­ti­na plás­ti­ca.

La pla­ya es­ta­ba es­pe­ran­do hú­me­da mien­tras la sue­gra ha­cía cal­ce­ta y los ni­ños, en­jau­la­dos, ju­ga­ban al fút­bol de ta­ble­ta.

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