Hay que ce­rrar las pier­nas

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Opinión -

EL REINO DE LA LLU­VIA ER­NES­TO S. POMBO

El pro­ble­ma es ese. Que las mu­je­res es­tán to­do el día con las pier­nas abier­tas; se en­cuen­tran, cru­zan y con­vi­ven con hom­bres de bien que, pe­se a ello, no tie­nen más re­me­dio que vio­lar­las. Si las mu­je­res fue­ran con las pier­nas ce­rra­das, otro gallo can­ta­ría, pe­ro en es­te mun­do de tan­to li­ber­ti­na­je lo de las pier­nas abier­tas co­mien­za a ser un gra­ve pro­ble­ma.

Tan­to que la jue­za Ma­ría del Car­men Mo­li­na, ti­tu­lar del juz­ga­do de vio­len­cia de gé­ne­ro de Vi­to­ria, se ha in­tere­sa­do por la si­tua­ción de una vio­la­da. «¿Ce­rró bien las pier­nas?», «¿ce­rró to­da la par­te de los ór­ga­nos fe­me­ni­nos?», pre­gun­tó su se­ño­ría. Lo que des­co­no­ce­mos es si la vio­la­da hi­zo to­do lo po­si­ble pa­ra no ser­lo por­que si no ce­rró bien las pier­nas, si tam­bién lle­va­ba la ro­pa in­te­rior de co­lor ne­gro y ade­más no le re­tor­ció el or­ga­ni­llo a su vio­la­dor, pues es que real­men­te no opu­so la re­sis­ten­cia desea­da por su se­ño­ría.

La jue­za ha si­do res­pal­da­da la pa­sa­da se­ma­na por el Con­se­jo Ge­ne­ral del Po­der Ju­di­cial, que ar­chi­vó la in­ves­ti­ga­ción so­bre su com­por­ta­mien­to. Y es que la pos­tu­ra de las pier­nas fe­me­ni­nas an­te una vio­la­ción va a ser a par­tir de aho­ra fun­da­men­tal pa­ra juz­gar el de­li­to. No es lo mis­mo opo­ner re­sis­ten­cia al vio­la­dor ce­rran­do las pier­nas me­dian­te la fór­mu­la de ha­cer fuerza en la ro­di­lla, que ha­cién­do­la en la ca­de­ra o los mus­los. Ahí ya se de­mues­tra el es­ca­so re­cha­zo de la vio­la­da, lo que se­rá un ate­nuan­te.

Las vio­la­cio­nes pue­den su­ce­der­se por mi­les por­que las mu­je­res se pa­san gran par­te del día con las pier­nas abier­tas. Al su­bir es­ca­le­ras, al apu­rar el pa­so, al sen­tar­se, al le­van­tar­se, al tro­pe­zar; en fin, que los vio­la­do­res pue­den ac­tuar a ca­da mo­men­to. Así que lo me­jor que pue­den ha­cer las mu­je­res, so­bre to­do en Vi­to­ria, es ce­rrar las pier­nas. Ya sé que es un poco di­fí­cil vi­vir con las pier­nas ce­rra­das to­do el tiem­po, pe­ro hay que ce­rrar­las al me­nos has­ta que aca­be­mos de una vez con es­ta Jus­ti­cia de mi­só­gi­nos, ma­chis­tas, ma­ja­de­ros, ne­cios y aton­ta­dos, in­clu­yen­do en es­ta lis­ta, por ex­tra­ño que pa­rez­ca, a al­gu­nas jue­zas.

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