El país se pre­pa­ra pa­ra la subida de la in­fla­ción y el ham­bre

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Internacional -

En me­dio de la cri­sis po­lí­ti­ca, hay un da­to que ha co­men­za­do a alar­mar a los eco­no­mis­tas, por más que lo hu­bie­ran pre­vis­to: El dó­lar no con­tro­la­do en Ve­ne­zue­la —que ri­ge la gran ma­yo­ría de las im­por­ta­cio­nes, ca­da vez más es­ca­sas, de ali­men­tos— ha da­do un sal­to del 25 % en tres días. El vier­nes co­ti­za­ba a unos 10.000 en re­la­ción con la di­vi­sa es­ta­dou­ni­den­se; ayer, ya co­ti­za­ba so­bre los 13.000 (el eu­ro, en 16.000).

«Diez mil» y «tre­ce mil» que son en reali­dad 13 mi­llo­nes, pues Hu­go Chá­vez, en el 2008, le qui­tó tres ce­ros a la moneda na­cio­nal y la re­bau­ti­zó co­mo bo­lí­var fuerte, un tér­mino que hoy ya no se usa: cuan­do re­ci­bió el po­der en 1999, la moneda, ex­pre­sa­da en es­tos tér­mi­nos, te­nía un va­lor de 0,6 bo­lí­va­res por ca­da dó­lar (600 bo­lí­va­res an­ti­guos).

La con­se­cuen­cia de la bru­tal de­va­lua­ción, im­pul­sa­da por la emi­sión ma­si­va de bo­lí­va­res pa­ra ta­par un dé­fi­cit fis­cal in­cal­cu­la­ble, y la des­truc­ción del apa­ra­to pro­duc­ti­vo ha­cen que la in­fla­ción pa­ra es­te año, se­gún el FMI, va­ya a su­pe­rar el 1.000%. Un ki­lo de arroz im­por­ta­do (en 1999 se ex­por­ta­ba es­te ce­real) es­tá en 14.500 bo­lí­va­res. Con un sa­la­rio mí­ni­mo men­sual de unos 25 eu­ros se pue­den ad­qui­rir so­lo 14 ki­los de arroz o los ali­men­tos ne­ce­sa­rios pa­ra tres días, lo que ha lle­va­do al país a una «cri­sis de in­se­gu­ri­dad ali­men­ta­ria se­ve­ra con una ex­pre­sión de emer­gen­cia nutricional», se­ña­la la ex­per­ta de Cá­ri­tas Su­sa­na Raf­fa­lli. El país ha pa­sa­do de pro­du­cir el 70 % de lo que con­su­mía ha­ce 18 años a me­nos del 30 %, se­gún la pa­tro­nal agrí­co­la.

Ma­nuel Oli­vei­ra no ne­ce­si­ta que le ha­blen ex­per­tos. Re­si­de en Can­de­la­ria, Caracas, y ca­da día, a su ne­go­cio, una pe­que­ña pas­te­le­ría y su­per­mer­ca­do, en­tran de­ce­nas de per­so­nas pi­dien­do al­go de co­mer. «Si les doy a to­dos, me arruino», in­di­ca. Al­gu­nos clien­tes ayu­dan, co­mo ayu­da­ron a Ma­galy, una jo­ven de 23 años con dos hi­jos, uno de sie­te y otro de dos. Le com­pra­ron un pas­tel pa­ra los tres, «pe­ro la in­fla­ción nos co­me a to­dos», in­di­ca.

Las es­ce­nas de gen­te co­mien­do en la ba­su­ra son ca­da vez más fre­cuen­tes. Y Oli­vei­ra se­ña­la que «los pre­cios su­ben to­das las se­ma­nas». Ha­ri­na de trigo bra­si­le­ña, pas­ta de Tur­quía, arroz de Gu­ya­na. Pro­duc­tos que, se­gún se se­ña­la, im­por­tan mi­li­ta­res, mien­tras la in­dus­tria ali­men­ta­ria na­cio­nal lan­gui­de­ce por fal­ta de di­vi­sas. «El ham­bre que vie­ne», in­di­ca el co­mer­cian­te, «se­rá es­pan­to­sa».

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