Fe­li­ces los cua­tro

La Voz de Galicia (Barbanza) - - Al Sol - INÉS REY Ca­ri­ño Or­ti­guei­ra O Vi­ce­do

Me han lla­ma­do mis com­pa­ñe­ras de la cla­se de zum­ba se­nior pa­ra in­vi­tar­me a la ce­na de fin de cur­so. ¡Qué ilu­sión! Y eso a pe­sar de mi ex­pul­sión dis­ci­pli­na­ria cuan­do ca­si ma­to a la Ma­no­li de una pa­ta­da vo­la­do­ra. Ya sé que no pa­re­ce el plan más di­ver­ti­do del ve­rano, pe­ro ha­ce mu­cho que no sal­go y cual­quier co­sa que su­pon­ga no ir en chán­dal me pa­re­ce ape­te­ci­ble. Crean un gru­po de What­sApp que se lla­ma «Ce­na cla­se de zum­ba», pe­ro en­se­gui­da la Re­me cam­bia el asun­to a «Las zum­be­ras» y pone a Daddy Yan­kee de fo­to de per­fil. 150 wa­saps des­pués, de­ci­di­mos ce­nar en una te­rra­za al ai­re li­bre. Nos sien­tan en una me­sa ro­dea­das de es­tu­fas «por si las se­ño­ras tie­nen frío», di­ce el ca­ma­re­ro, pe­ro al ra­to es­tán to­das de aba­ni­co, por los «so­fo­cos», di­cen. La can­ti­dad de comida que han pe­di­do no ayu­da a ba­jar la tem­pe­ra­tu­ra cor­po­ral. Hay que com­pen­sar en una no­che to­das las ca­lo­rías per­di­das en el cur­so. Si no, a ver a qué nos apun­ta­mos el año que vie­ne. Lo pa­sa­mos muy bien. Y nos reí­mos co­mo se ríen las se­ño­ras de ver­dad. Dan­do pal­ma­das en la me­sa, en los mus­los y lue­go dos aplau­sos. To­das a la vez. Es­ta­mos tan coor­di­na­das que pa­re­ce­mos los All Blacks bai­lan­do la ha­ka. In­ten­ta­mos ha­cer­nos un sel­fie de re­cuer­do, pe­ro no ca­be­mos en la fo­to. Nos ha­ce fal­ta un gran an­gu­lar. Así que co­mo el res­tau­ran­te tie­ne zo­na de bai­le, se van a ha­cer una exhibición a la pis­ta y a ba­jar las cro­que­tas. «Pi­de la can­ción de la sue­gra», me di­ce Ma­no­li, «que tú eres jo­ven y te ha­cen ca­so». No sé cuál es la can­ción de la sue­gra. Es­toy a pun­to de lla­mar a Pe­drou­zo pa­ra que me sa­que de du­das cuan­do me lo acla­ran. «Sí, mu­jer, la can­ción del ve­rano. La de que el ma­ri­do le me­te en ca­sa a la sue­gra y ella se va por la ma­ña­na con otro, pe­ro vuel­ve con­ten­ta y él se lo per­do­na por­que le cui­da a la ma­dre». «Ma­no­li, que tú te crees que to­das las can­cio­nes ha­blan de ti. Es­to va de pa­re­jas mo­der­nas que rom­pen la mo­no­to­nía». «Tú te ca­llas, Re­me, que tie­nes la men­te muy su­cia». Pi­do Des­pa­ci­to, a ver si se van cal­man­do. Me­nu­do aguan­te las zum­be­ras. Lle­go a ca­sa de ma­dru­ga­da y ago­ta­da. Es­to es peor que el zum­ba y el padd­le surf jun­tos. Mi ma­ri­do y mis hi­jos duer­men plá­ci­da­men­te en mi ca­ma y me ha­go un hue­co sin des­per­tar­los. Por fin en ca­sa. Fe­li­ces los cua­tro.

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